Revista Cubana de Pensamiento Socioteológico

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Desafíos de la problemática racial en Cuba

Tomado de Caminos, no. 47, enero-marzo de 2008, pp. 23-27.

A propósito de la reciente aparición del libro Desafíos de la problemática racial en Cuba,1 Caminos le hizo llegar unas preguntas a su autor, Esteban Morales, quien tuvo la gentileza de responderlas para este dosier.

¿Cuál es la tesis fundamental de tu libro?

La tesis se recoge en los tres objetivos fundamentales planteados en el libro, que aparecen en las páginas 42 y 43. Paso a comentarla. Vista desde una perspectiva socioeconómica de análisis, que es el plano metodológico principal en que el libro se desenvuelve, aunque no el único, la sociedad cubana de hoy lleva implícitos lastres de la sociedad colonial y republicana, racista y discriminatoria, de la cual, a partir de la segunda mitad del siglo xix, emergió una cultura racista. Pero la existencia del problema de la discriminación racial en la sociedad cubana actual no se explica solo a partir de esos lastres, sino también por la capacidad de la sociedad de hoy para reproducir el racismo y la discriminación racial, a partir de mecanismos generados o conservados que retroalimentan una fuerte reproducción de los prejuicios y estereotipos raciales negativos.
La crisis económica –con fuertes señales de crisis social– de finales de los años ochenta y principios de los noventa sacó el tema a flote con la virulencia propia de un problema que, aun dado como resuelto un día, realmente no lo estaba. Fue un verdadero idealismo imaginar que el racismo y la discriminación habían desaparecido, o que al menos desaparecían a un ritmo rápido.
Ese fenómeno de reproducción del racismo y la discriminación racial –desplazados de los marcos institucionales del Estado y el gobierno a partir del triunfo de la Revolución en 1959–, amenaza hoy con reinstalarse en la macroconciencia de la sociedad cubana actual. Y eso por medio de mecanismos que inoculan el prejuicio y los estereotipos raciales negativos en la dinámica de la relación entre la institucionalidad formal y las redes informales de poder.
Es decir, se trata, en esencia, de un problema que la sociedad cubana no solo no ha eliminado, sino que reproduce, hasta niveles que amenazan con volver a hacer de Cuba una sociedad racista, como lo fue durante el siglo xix y la República neocolonial. Por eso digo que el racismo amenaza con reinstalarse en la macroconciencia de la sociedad cubana actual.

Una de las motivaciones obvias de tu libro es combatir el racismo presente en la sociedad cubana. En este sentido, ¿el racismo es hoy mayor o más visible que hace veinte años?, y ¿a qué causa(s) lo atribuyes? Por último, ¿qué habría que hacer para combatir el racismo en la Cuba actual?

Una de las motivaciones fundamentales de mi libro es alertar sobre ese fenómeno en la Cuba actual, sobre cuáles son sus mecanismos de reproducción y cómo contribuir a diseñar instrumentos que permitan combatir el racismo y la discriminación. El racismo en realidad no desapareció, por los errores políticos cometidos después de haber sido sometido a un ataque despiadado por parte del liderazgo político de la Revolución en marzo de 1959.2 Más bien se ocultó, como a la espera de circunstancias propicias para remerger, como las que ahora se presentan en la sociedad cubana.
Para afirmar lo anterior, parto de las consideraciones siguientes:
El racismo fue engendrado por la esclavitud del negro. En América, la esclavitud tomó color. Negro –traído en los barcos negreros desde las costas occidentales de África–, pobre y esclavo coincidieron en la sociedad cubana. Se era negro africano y esclavo, pero no hubo que esperar mucho para que se justificara la esclavización de unos seres humanos por el hecho de ser negros. Durante generaciones, el negro y su descendencia ocuparon la posición más baja en la sociedad cubana –colonial primero y neorrepublicana después–, y no es posible esperar que poco menos de medio siglo de Revolución pueda rescatar al negro de esa situación de inferioridad. Mucho menos, si la cuestión racial, debido a ciertas vicisitudes históricas, se ha convertido lamentablemente en el tema que con probabilidad haya avanzado menos en la sociedad cubana: de todos los problemas sociales que la Revolución Cubana atacó desde el propio año 1959, es en el tema racial en el que menos se ha avanzado de manera específica.
El racismo de hoy es mayor y más visible que el de hace veinte años. En la Cuba inmediata al triunfo de la Revolución se presentaron condiciones sociales y políticas que prácticamente hicieron desaparecer “el color” de las consideraciones de los cubanos. En el libro aparecen bastante explícitas cuáles fueron esas condiciones, que, por demás, también propiciaron una visión idealista, tanto por parte del liderazgo político cubano, como por parte de la inmensa mayoría de los ciudadanos –incluida la inmensa mayoría de los negros– de que era posible olvidarse del racismo.
En 1959, el jefe de la Revolución atacó de frente la discriminación racial existente, heredada de la Cuba republicana. Pero poco tiempo después el discurso varió, la partida quedó “sellada”, y en 1962 el asunto se declaró resuelto. A partir de entonces se produjo un largo período de silencio: en la práctica dejó de hablarse del tema, hasta que resurgió en la segunda mitad de los ochenta, traído a colación por el propio liderazgo político del país.
Los años finales de los ochenta, con sus sacudidas económicas y políticas, generaron una visión más realista acerca de lo que realmente había ocurrido con el racismo.
Eso propició un análisis más objetivo y crítico de la situación, cuya esencia es la siguiente:

•—-Haber considerado en 1962 que el problema de la discriminación racial y el racismo estaba resuelto fue un error de idealismo y voluntarismo. Como resultado de ese error, el tema racial ha resultado ser el más soslayado e ignorado de nuestra realidad social. No pocas personas consideran que se trata de algo sobre lo que no vale la pena hablar. Una parte nada despreciable de nuestra intelectualidad lo ignora y ni siquiera lo menciona como algo digno de ser tratado, lo que hace que aún existan diferencias importantes entre nuestros intelectuales sobre cuál es el momento de consolidación de la nación y su cultura en que nos encontramos. Sin embargo, científicamente hablando, no creo que pueda existir la menor duda de que hablar de raza en Cuba es hablar de cultura y nación.
•—-Haber tratado el tema como un tabú, sacándolo de todos los espacios sociales y políticos, generó un ambiente social que impedía referirse a él; los que lo sacaban a relucir fueron reprimidos ideológica y políticamente. En los ámbitos de la cultura se mantuvo cierto tratamiento del tema racial, pero desde la ciencia era imposible investigar y escribir. Analizar críticamente algo dado por resuelto, en medio de la confrontación política de esos años, en relación con un tema cuya sola mención podía, según la visión política dominante, hacer el juego a la división social entre los cubanos, era ganarse el calificativo de racista o divisionista.
•—-No haber considerado el “color de la piel” como lo que es, una variable histórica de diferenciación social entre los cubanos, olvidaba que los puntos de partida de los negros, blancos y mestizos para hacer uso de las oportunidades que la Revolución ponía frente a ellos no eran los mismos. Se olvidó que el negro, además de ser pobre, es negro, lo que representa una desventaja adicional, aun dentro de la sociedad cubana actual.
•—-El color de la piel se hizo sentir, y los negros y mestizos, tratados homogéneamente como pobres, quedaron en desventaja. Más adelante se descubriría que no basta con nacer en el mismo hospital, asistir a la misma escuela y al mismo centro de recreación, si unos retornan al solar, al barrio marginal, mientras otros disponen de una casa sólida, padres con buenos salarios y condiciones de vida muy superiores, situación esta última que no caracteriza el nivel de vida de la inmensa mayoría de los negros. Los barrios son diferentes, las familias y sus niveles de vida son diferentes, y aunque niños negros y blancos tengan las mismas oportunidades, ello no quiere decir que serán capaces de superar los puntos de partida históricos que heredarán de la familia, el barrio, etc.

Lamentablemente, la política social al triunfo de la Revolución no tuvo en cuenta el color de la piel, y ello trajo consecuencias que ahora se intentan rectificar.

•—-Al parecer, conminados por la lucha política contra el imperialismo, se le dio una excesiva prioridad a los asuntos relativos a la identidad nacional, y se olvidaron no pocas veces los relativos a la identidad cultural. En esa situación, el racismo y la discriminación se alimentaron también de los estereotipos y prejuicios en contra de las culturas venidas de África. Eso ha traído por consecuencia que la hegemonía de la “hispanidad blanca” no haya desaparecido de nuestra cultura, a pesar de los esfuerzos que se hacen, sobre todo en los últimos años, por rescatar la presencia africana en el seno de la cultura nacional.
•—-Se generó un ambiente ideológico en el cual asumirse racialmente es mal visto. Ello afectó la dinámica de las identidades que deben actuar en sistema, y que apreciadas individualmente son tan importantes para combatir disfuncionalidades sociales como el racismo. Solo si, en primer lugar, se es uno mismo, se tiene alguna posibilidad de ser parte de cualquier otra cosa. Pero ello lleva implícito un fuerte respeto a la diversidad, del que ha estado carente la sociedad cubana de estos años.
•—-La identidad, sobre todo la del negro, ha sido siempre una identidad muy agredida, que ha tenido que abrirse paso por un camino minado por la discriminación y el no reconocimiento. Aun cuando el negro haya tenido un nivel económico similar al del blanco, eso no lo ha salvado de ser racialmente discriminado, lo que evidencia que no se trata, simplemente, de una cuestión económica. El blanco, con cierta ayuda, sale de la pobreza, y su color le permite practicar el mimetismo que le facilita salir de la condición de discriminado por ser pobre. El negro lleva encima el factor de la discriminación, el color de su piel: aunque saliera de la pobreza podría seguir siendo discriminado. ¿Cuál sería el mimetismo que le permitiría al negro dejar de ser discriminado, bajo qué color se sumergiría? Por eso, sacar al negro de la pobreza es difícil, pero las condiciones necesarias para que no sea discriminado son aún más difíciles de lograr. Tales condiciones no son solo económicas, sino que van mucho más allá.
•—-No se ha logrado superar una versión de nuestra historia –sobre todo escrita– en la cual el negro y el mestizo apenas aparecen. Carecemos casi por completo de una historia social del negro y el mestizo, sobre todo del primero, comparable a la que existe de los blancos. Tal situación no solo afecta seriamente al negro, sino a toda la sociedad cubana, que no termina de ganar una visión real de nuestro proceso histórico, vegeta en una imagen distorsionada del verdadero papel de cada grupo racial dentro de la formación de la cultura y la nación y carece de una visión que nos permita fortalecer nuestra real identidad nacional y sobre todo cultural.
•—-Se ha generado una distribución del poder en la sociedad cubana actual que no supera todo lo que debiera la de la sociedad racista previa a 1959, situación en la que aún se expresa con fuerza la llamada hegemonía blanca, especialmente en el nivel de la denominada nueva economía. Eso se manifiesta también con nitidez en la estructura de cuadros estatales y gubernamentales. Un ejemplo reciente es que entre los catorce presidentes del Poder Popular a nivel provincial no hay un solo negro. Todo lo anterior contradice la política de cuadros promulgada por el Partido, que está lejos de cumplirse en términos de representación racial.
•—-En nuestra televisión hay escasez de presentadores negros y mestizos. Obsérvese la composición racial de nuestros canales educativos y la escasez en estos de no blancos en posiciones protagónicas.
•—-El tema racial se aborda en la escuela, lo que contribuye a generar una profunda dicotomía entre educación y realidad social. No preparamos a nuestros jóvenes para enfrentar lo que después encuentran en la calle.
•—-Nuestros planes y programas de estudio evidencian todavía la presencia de un occidentalismo a ultranza, en el cual las culturas africana y asiática están prácticamente ausentes. Debido a ello, nuestros estudiantes no reciben una educación que los asuma integral y equilibradamente como miembros de una sociedad uniétnica y multirracial y salen de las aulas sin conocer las verdaderas raíces de la cultura cubana. Mucho menos conocen la verdadera historia de la nación cubana, y en la mayor parte de los casos tienen una visión maniquea y estereotipada de los asuntos más importantes de esa historia. Ni qué decir que pudieran saber quién fue Aponte, cuál es la historia de la llamada Guerrita del Doce ni del Partido Independiente de Color.
•—-En nuestro trabajo científico apenas hemos comenzado a enfocar el tema racial. Casi toda la producción intelectual más importante sobre el tema de estos casi cincuenta años de proceso revolucionario, desde la perspectiva de las ciencias sociales y humanísticas, no se ha producido en Cuba. Esa es una debilidad, ya que casi hemos regalado un tema vital de nuestra realidad, con los consiguientes peligros que ello encierra para nuestro desarrollo científico y cultural y para la lucha política e ideológica en defensa de nuestro proyecto social.

Hoy, respecto al tema racial, tenemos varios desafíos en Cuba sobre los cuales debemos trabajar fuertemente.
Un tema que produce tanta preocupación y prejuicios, por tanto tiempo desconocido, soslayado, olvidado, desatendido e incluso reprimido, ha generado una situación muy compleja para su consideración dentro de las políticas públicas. Ni siquiera existe por parte de todas las instituciones, organizaciones sociales y políticas, o cuadros de la institucionalidad estatal y política, una comprensión cabal del problema, o en ocasiones ni siquiera una aceptación de que el problema existe.
De ahí que resulte aún prácticamente imposible predecir las reacciones que puede generar su abierto tratamiento. Se observan actitudes ante el tema racial que van desde su abordaje cínico, pasando por el temor y la ignorancia, hasta la negación más ramplona de su existencia.
Sin embargo, pienso que el hecho de no tratar un tema de suma importancia de nuestra realidad continuaría generando incomprensión e ignorancia, y malestar social en los que lo sufren, ya sea directamente o por haber adquirido una ética antidiscriminatoria. Se trataría de un nivel de hipocresía social que terminaría por convertir el problema racial en un mal endémico del cual la sociedad cubana no podría recuperarse, con las consecuencias resultantes para la convivencia social, la nación y la cultura cubanas. Se trata, además, de un asunto que no debemos dejar a las generaciones futuras. ¿De qué cultura general e integral podríamos hablar en una sociedad que conservara los estereotipos raciales negativos, la discriminación por el color de la piel y el racismo?
Por tal motivo, pienso que debemos generar una estrategia integral para luchar contra los estereotipos raciales negativos, la discriminación racial y el racismo en la Cuba de hoy. Esa estrategia partiría de varios presupuestos:

•—-Se trata de un asunto que nuestras estadísticas sociales y económicas no pueden continuar ignorando, dejando el “color de la piel” a un lado y tratando nuestros fenómenos sociales solo sobre la base de una clasificación de la población, según el sexo y la edad. Cuba no es Suecia ni Holanda. El color de la piel ha sido, históricamente hablando, un factor de diferenciación social de la población cubana. Raza o color de la piel y clase se dan la mano en la historia del país. El color de la piel, las diferencias sociales, la pobreza, el poder, la discriminación, la ausencia de empoderamiento, los estereotipos negativos, el racismo y la discriminación han marchado siempre juntos en la historia de esta isla del Caribe, y ello no ha sido superado. ¿De qué país estamos hablando, cuando no consideramos el color de la piel como un atributo fundamental de nuestra población? ¿De qué nación hablamos, si no tenemos una comprensión a fondo de las características etnorraciales de lo fundamental de ella, que es el pueblo que la compone? ¿De qué democracia podemos hablar, si una parte de nuestra población continúa siendo discriminada por el color de su piel?
•—-Este es un problema de toda la sociedad, no únicamente de negros, blancos o mestizos, sino de toda la sociedad vista de conjunto. Se trata, entonces, de un asunto a resolver por toda la sociedad cubana. Por ello, en primer lugar, hay que hacer conciencia de que el problema existe; comprender a fondo el lugar que la historia reservó a cada grupo racial; entender que existe racismo tanto de parte de los blancos como de los negros, un racismo que insiste en dar a cada cual “el lugar que le corresponde”, a partir de una estructura de clases y poder que les permitió a unos discriminar más que a otros; entender que la reacción ante esas diferencias no puede ser tratar de mantener una dinámica social asentada en el prejuicio, el estereotipo, la discriminación mutua y la deuda, sino en la comprensión histórica, la actitud de no hacer concesión al prejuicio, al estereotipo; y mezclar conciencias en función de extirpar de nuestra cultura y del modo de vivir de los cubanos todo lo que haga concesiones a los estereotipos raciales negativos, al racismo y a la discriminación racial.
•—-Hay que defender que solo el tratamiento abierto del tema puede terminar con la “ignorancia”, el cinismo y la hipocresía que aún subyacen cuando se habla del problema racial. Ese tratamiento puede también contribuir a generar un ambiente en el que no sea posible refugiarse en espacio social alguno para ejercer la discriminación racial.
•—-Debemos partir de la certeza de que si bien es cierto que el tema racial lleva implícito un fuerte componente de división social, no ignorarlo es la única forma de luchar por una verdadera cultura nacional integrada, sólida, en cuyo seno se superen todos los hegemonismos que generó la cultura racista heredada del colonialismo y el capitalismo, a partir de que cada grupo racial ocupe su lugar en la sociedad cubana actual.
•—-No se debe aceptar más, como forma de convivencia social “pacífica”, el hecho de soslayar el tema racial, pues se trata de una paz falsa, plagada de hipocresía, y proclive a hacerle concesiones a la existencia del racismo y la discriminación racial, así como de un contexto en el cual siempre podrían refugiarse los que mantienen los prejuicios y discriminan a su antojo.
•—-No hay que aceptar que atacar al racismo y la discriminación racial debilita a la sociedad cubana actual, sino todo lo contrario: precisamente el no combatir ese mal divide a la sociedad cubana, debilita su cultura, afecta la identidad nacional, y pone en serio riesgo, además, el proyecto social de la Revolución.
•—-El tema debe retornar con fuerza al discurso público, ser divulgado y ocupar un espacio en la agenda de las organizaciones políticas y de masas, de manera que se convierta en lo que de hecho es: una parte sustancial de la batalla de ideas.

9 de febrero de 2008

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Notas

1—Esteban Morales: Desafíos de la problemática racial en Cuba, Fundación Fernando Ortiz, La Habana, 2007.
2—En marzo de 1959 Fidel se manifestó sobre el tema de la discriminación racial (los días 25, 28 y 29) en dos comparecencias televisivas y en un discurso ante una concentración en apoyo a la Reforma Agraria.

Última modificación: 20 de noviembre de 2012 a las 12:46
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