Revista Cubana de Pensamiento Socioteológico

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Las frustraciones y los éxitos de la Reforma protestante española del sigloXVI

La Reforma protestante en España se vio frustrada en gran medida, incluso aplastada, por la Inquisición. Sin embargo, la popularidad actual de la versión Reina Valera de la Biblia en el mundo hispanoparlante nos indica que al menos uno de los resultados de la Reforma protestante española tuvo un éxito que los protestantes del siglo XVI nunca vieron ni aun soñaron. Quisiera dividir este ensayo en tres partes. En primer lugar, examinaré la entrada y difusión en España de varias formas del humanismo y las corrientes teológicas que lo acompañaron. Luego consideraré la reacción oficial de la política eclesiástica española a las ideas y libros escritos por los humanismos europeos. Por último, comentaré acerca de los protestantes españoles en el exilio y la traducción de la Biblia del Oso, como se conoce la famosa traducción de la Biblia al castellano por el humanista protestante Casiodoro de Reina. Espero así evocar la obra milagrosa que es la sobrevivencia de la Biblia más común en el idioma castellano.

La entrada y difusión del humanismo en España
No se pueden entender la Reforma protestante ni las Reforma y Contrarreforma católicas del siglo XVI sin comprender las diversas formas y tendencias del humanismo de los siglos XV y XVI. La adopción política o estatal de las distintas corrientes del humanismo, además de las distintas teologías reformistas en esa época, es lo que hizo triunfar una reforma u otra en las iglesias europeas del siglo XVI. Eso es especialmente cierto en el caso en España.
En los últimos años del siglo XV, los Reyes Católicos, Isabel de Castilla (1474-1504) y Fernando de Aragón(1479-1516) lograron unificar la península ibérica bajo una sola fe, la católica. En los territorios gobernados por ellos —sobre todo en los gobernados por Isabel— comenzaron a imponerse medidas estrictas para mantener la pureza de la fe católica frente a otras religiones (el islamismo y el judaísmo) y frente a los ejemplos de ignorancia e inmoralidad de los partidarios de la fe católica. Isabel y su confesor, el Cardenal Francisco Jiménez de Cisneros (†1517), facilitaron la entrada del humanismo en España como herramienta para mejorar el conocimiento de la fe católica, y con este propósito abrieron las puertas de la Universidad de Alcalá.
La primera universidad española, la de Salamanca (c. 1396), tiene inscrita en su fachada plateresca la leyenda que aparece en el escudo de los Reyes Católicos: “Los reyes, para la cultura, y esta, para los reyes”.1 En los primeros años de la nueva Universidad Complutense, parecía que la leyenda escrita en Salamanca rigiera para Alcalá también. La Universidad Complutense (o de Alcalá) era uno de los últimos proyectos de la Reina Isabel y de Cisneros, y se constituyó mediante una bula papal expedida en 1499, aunque no fue inaugurada hasta 1508.
La primera gran obra de los doctores de la nueva universidad fue la Biblia Políglota, obra dirigida por Cisneros y terminada en 1514 (aunque no fue publicada hasta 1520). Cisneros empleó las mejores herramientas de los estudios lingüísticos del movimiento humanista y el estudio de textos antiguos en sus idiomas originales, al servicio de la memoria de la fallecida reina y en honor a su misión preferida: la educación y la reforma del clero católico español. Juntó en Alcalá a los mejores hebraístas de España, todos nuevos conversos del judaísmo a la Iglesia Católica, y a los mejores estudiantes de griego y latín clásico. La Políglota Complutense era una obra maestra, y la Universidad de Alcalá pudo presumir de la mejor facultad de estudios bíblicos de la catolicidad de su época. El Cardenal Francisco Jiménez de Cisneros abrió las puertas de la intelectualidad hispana al humanismo erasmista.
Luego de la publicación en 1516 del Nuevo Testamento en griego de Erasmo de Rótterdam, Cisneros invitó al gran humanista holandés a colaborar en la Universidad de Alcalá. Erasmo no aceptó la invitación. Parece que no tenía interés en “hispanizarse”, aunque por algunos pocos años los eruditos españoles se mostraran dispuestos a “erasmizarse” profundamente.2 Aunque Erasmo no concurrió a la Universidad de Alcalá, sus escritos comenzaron a recorrer España. Así, entraron no solamente sus obras lingüísticas en latín y griego, sino también su pensamiento religioso acerca de la filosofía de Cristo en el Enchiridion militis christiani y sus burlas contra la religiosidad monástica en la Moria. Pero con la muerte de Cisneros en 1517 y la rapidez de la censura romana contra los escritos de Erasmo, las puertas abiertas pronto se cerraron, con más fuerza a partir de 1519.
Con la apertura ibérica a los escritos de Erasmo pudieron entrar también las primeras obras de Martín Lutero, quien en esa fecha todavía no había sido excomulgado. La obra de estos dos autores también influyó en la producción literaria de teólogos y místicos españoles. En la primera condenación de libros heréticos, la Inquisición mezcló bajo el rubro de “luteranas” obras de varios autores europeos y españoles que contenían rasgos erasmistas, luteranos y de los alumbrados españoles.3
En la primera mitad del siglo XVI, las nuevas ideas humanistas, teológicas y espirituales circularon con facilidad en los círculos de damas de la pequeña nobleza y la burguesía españolas. El nuevo intelectualismo y la mayor facilidad para obtener libros que la que les ofrecía a hijos e hijas la educación casera de las grandes casas de la nobleza y la burguesía, les dio a una nueva generación de mujeres la oportunidad de ocuparse de juegos intelectuales además de las manualidades tradicionales. En esa época comenzaron a surgir los salones de intercambio intelectual auspiciados por grandes mujeres, tanto en España como en otras partes del continente europeo. El ejemplo más notable de este movimiento intelectual femenino fue Margarita de Angulema, hermana del Rey Francisco I de Francia y esposa del Rey Enrique II de Navarra. Margarita invitó a las lumbreras más destacadas del humanismo y de las nuevas corrientes religiosas a su corte en Navarra para debatir su obra literaria, y tuvo una influencia importante en la protección de las nuevas herejías en Francia y en Navarra. En España, los grupos de hombres y mujeres que se reunían en los salones femeninos charlaban de la nueva literatura de todo tipo: poesías de amor, tratados teológicos, obras de los grandes autores místicos españoles…4 Así se difundieron rápidamente muchas nuevas ideas religiosas y teológicas, tanto españolas como extranjeras, en territorio español. Cuando comenzó la persecución de libros heréticos, estas mujeres siguieron compartiendo libros e ideas clandestinamente.

La reacción oficial hacia el humanismo
y la reforma eclesiástica en España
La censura de libros a partir del año de la excomunión de Lutero (1521) fue la primera etapa en la lucha de la Iglesia española contra la herejía. En la segunda etapa, a partir de 1559, la Inquisición prohibió las Biblias que no fueran la Vulgata y dio inicio a una serie de autos de fe en los cuales murieron muchos sospechosos de herejía.
En 1519, el Rey Carlos I de España y de los territorios españoles en las Américas, heredero de los territorios de los Habsburgo en Austria y los Países Bajos, fue elegido emperador del Sacro Imperio Romano. Una de sus primeras preocupaciones como emperador tuvo que ver con los movimientos independentistas de los príncipes alemanes que protegían a Lutero y sus colegas en la Universidad de Wittemberg. Su elección como emperador había sido controvertida, y tenía que establecer su autoridad. Carlos no era muy español, pues había nacido y se había criado en los territorios de los Habsburgo en los Países Bajos. Dejó buena parte del gobierno de España en manos de la Iglesia: podía confiar más en el apoyo eclesiástico en España y sus colonias americanas que en el Imperio, donde había más competencia por el poder. Carlos V no pudo frenar el comercio de libros en Europa, pero sí lo pudo hacer en la península ibérica, a través de la Inquisición.
En 1519, la segunda edición del Nuevo Testamento en latín de Erasmo provocó una reacción muy fuerte en la Universidad de Alcalá. Tanto este hecho como la excomunión de Lutero bajo la política de Carlos V y del Papa León X (1513-1521) llevaron al Cardenal Adriano, en calidad de inquisidor general, a publicar en abril de 1521 “un edicto ordenando la búsqueda y el secuestro de las obras de Lutero que se pudieran encontrar en España”.5 En 1523 y 1524 se publicaron otros edictos condenando los libros de “Lutero y sus secuaces”, sin diferenciar entre autores.6 Bajo este rubro, la circulación y el comercio de todo tipo de libro sospechoso, fuera cual fuera su autor, corrían peligro. Así, muchos de los escritos erasmistas, luteranos y de los alumbrados eran condenados en bulto. En 1525 se publicó la primera lista de libros condenados. La persecución de libros heréticos fue una de las acciones más sostenidas por la Inquisición a lo largo del siglo XVI, especialmente entre 1521 y 1559. El Índice de 1559 enfatizaba la prohibición de circulación de todo tipo de Biblia o parte de ella que no fuera de la Vulgata de Jerónimo, la única versión de la Biblia aprobada por el Concilio de Trento en 1546.
La persecución de libros prohibidos llevó a la Inquisición a una serie de autos de fe a partir de 1559, principalmente en Sevilla y Valladolid. La ciudad de Sevilla está situada en la costa atlántica, ubicación estratégica en el siglo XVI para los comerciantes de libros que querían vender tanto en la península ibérica como en las Américas. En 1557 se encontraron dos toneles repletos de libros mandados de Ginebra por Juan Pérez de Pineda. Estaban destinados a la distribución clandestina en Sevilla, pero los inspectores de la Inquisición los encontraron y los quemaron.
La primera historia escrita de los brotes iniciales del protestantismo en España es Sanctae Inquisitionis Hispanicae artes, de un tal Reginaldo González Montes, pseudónimo de Casiodoro de Reina, oriundo de Sevilla, que fue publicada en Heidelberg en 1567.7 Según esa narración, en 1552 se produjo un proceso inquisitorial contra un tal doctor Juan Egidio, candidato al obispado de Sevilla. La Inquisición decidió que algunas de sus doctrinas eran heréticas y lo condenó a retirarse de sus oficios eclesiales por un año. Sin embargo, pudo seguir enseñando extraoficialmente en Sevilla. La creciente comunidad evangélica de aquella ciudad se mantuvo clandestinamente, hasta que se descubrieron y quemaron los libros confiscados en 1557. De inmediato, los protestantes comenzaron a huir hacia los centros luteranos y calvinistas de Europa. A partir de 1559, la Inquisición comenzó a perseguir a quienes no se habían marchado. Entre ellos estaban algunos integrantes del convento de monjes jerónimos de San Isidro del Campo, y de los conventos de monjas jerónimas de Santa Paula, y domínicas de Santa Isabel. Además de a estas religiosas, la Inquisición condenó a varias damas de la alta sociedad de Sevilla en el auto de fe de 1559. Los autos de fe en Sevilla continuaron hasta finales del siglo, y la limpieza de la herejía protestante resultó muy eficaz.
En Valladolid, Castilla, la Inquisición también batalló ferozmente contra el luteranismo de la elite de la sociedad a partir de 1558. Apenas se descubrió un foco de herejía luterana en esa ciudad, la Inquisición respondió con rapidez y con fuerza.8
La política inquisitorial incluyó dos nuevas medidas a partir de 1559: la prohibición de toda Biblia mediante el Índice de libros censurados, y los autos de fe en los que murieron centenares de herejes protestantes. Esta segunda etapa se desarrolló bajo la vigilancia del Rey Felipe II (1556-1598), quien era, a diferencia de su padre Carlos I, un nacido y criado en España y, además, como los Reyes Católicos, un feroz defensor de la catolicidad española.9

La comunidad protestante
española en el exilio
En el segundo cuarto del siglo XVI todavía no había protestantes declarados en España. Sin embargo, la persecución de libros heréticos hizo que muchos autores españoles cuya teología había sido influida por Lutero o Erasmo tuvieran que abandonar el país. Algunos de ellos, como Juan de Valdés y Francisco de Enzinas, encontraron protectores en el extranjero que les permitieron continuar sus trabajos literarios y oratorios. Otros, como Jaime de Enzinas y Juan Díaz, fueron perseguidos hasta la muerte en el extranjero: Díaz murió a manos de su propio hermano Alfonso, consejero de Carlos V.
Juan de Valdés había sido alumno en la Universidad de Alcalá, donde recibió su primera formación humanista y erasmista. Se fue a Roma en 1530, y allí conoció las obras de Lutero, Zuinglio y varios autores italianos influenciados por Calvino, como Bernardino Ochino y Pedro Mártir Vermiglio. Al convertirse del erasmismo al luteranismo, se refugió en Nápoles en los círculos de Vittoria Colonna y su cuñada, la Duquesa Giulia de Gonzaga. Allí escribió numerosos tratados teológicos en español para enseñar y consolar a sus patrones y a otros refugiados españoles. Murió repentinamente en 1541.
Francisco de Enzinas y su hermano Jaime recibieron influencias protestantes en su propio hogar de Burgos. Jaime se fue a Roma, donde fue quemado por la Inquisición en 1546. Francisco se matriculó en la Universidad de Lovaina en 1539. Después recorrió varios centros universitarios: estudió un tiempo con Melanchthon en Wittemberg, con Bucero en Estrasburgo, y con Calvino en Ginebra. En esta última ciudad encontró la amistad de Sebastián Castellio, conocido como el apóstol de la tolerancia religiosa.10 Castellio había tenido que irse de Ginebra en 1545 por sus desacuerdos con Calvino y el consejo pastoral en dos asuntos: 1) la pena capital del filósofo español, Miguel Serveto, que también tuvo que huir de España; y 2) la hermenéutica del Cantar de los Cantares y las epístolas de Pablo a los Corintios. La amistad creciente entre Castellio y Enzinas le ganó a este último la enemistad de los ultracalvinistas de Ginebra, por lo que siguió a su amigo a Basilea. Castellio había traducido el Nuevo Testamento del griego al latín clásico, y Enzinas tradujo esa obra al castellano. Enzinas le dedicó su traducción al Emperador Carlos V, y en 1543 se la presentó personalmente. Cuando los consejeros del emperador le informaron que Enzinas había estudiado con Melanchthon y otros luteranos, Carlos ordenó su encarcelación. Sin embargo, algún guardia descuidado dejó la puerta de su celda abierta, y Enzinas escapó y huyó a Basilea.
Se podrían contar otras historias de héroes protestantes españoles en el exilio durante la primera parte del siglo XVI, por ejemplo Juan Pérez de Pineda, quien mandó los libros de Ginebra a Sevilla, y Constantino Ponce de la Fuente. Pero la literatura existente se ha especializado en este aspecto del protestantismo español.11 Nos detendremos solamente en la persona que ha dejado una herencia de suma importancia en el mundo hispanoparlante.
Uno de los refugiados de Sevilla en 1558 era el erudito maestro de los herejes Casiodoro de Reina. De todos los exiliados de Sevilla y Valladolid, Reina es uno de los dos individuos a quienes la Inquisición les dio el título de heresiarcas. Casiodoro se dirigió a Ginebra, donde Calvino lo nombró durante un tiempo pastor de los refugiados españoles e italianos. En Ginebra se propuso traducir ambos testamentos de la Biblia de los idiomas originales al castellano. No pidió la colaboración ni la autorización de los pastores de Ginebra, el principal de los cuales era Calvino.
La vida de Casiodoro de Reina durante los próximos años parece la del protagonista de una película de acción. Resumo los puntos sobresalientes sin entrar en detalles.12 Los que quieran saber más pueden consultar la bibliografía que se incluye.
Su tiempo en Ginebra fue corto, porque simpatizaba con las ideas acerca de la libertad de religión del enemigo jurado de Calvino, Sebastián Castellio. Profesó públicamente su opinión de que a los anabautistas se les debía considerar como hermanos, y se decía que cada vez que paseaba por el lugar donde los dirigentes de Ginebra habían condenado a Serveto a la muerte, Reina lloraba.13
De Ginebra fue a Londres, donde permaneció de 1559 a 1564. Es interesante anotar que en ese último año murió Calvino en Ginebra. En Londres, un espía de la Inquisición se infiltró en su taller como colaborador para la traducción del Antiguo Testamento. La misión fundamental del espía era reducir la autoridad pastoral y doctrinaria del pastor de los refugiados españoles en Londres. Además, los ultracalvinistas londinenses denunciaron falsamente a Casiodoro ante la Reina Isabel I. Casiodoro tuvo que huir a Amberes con su esposa y sus hijos pequeños. Uno de sus colaboradores salvó su trabajo de traducción y se lo mandó pocos días después. De Amberes, la familia de Reina fue a Frankfurt, a Heidelberg, a Estrasburgo y a Basilea, donde por fin pudo publicar su Biblia en 1568.
Hubo varias razones por las que no quiso la protección de Calvino y el consejo de pastores de Ginebra para su traducción de la Biblia. Una es que no basó su trabajo sobre la traducción francesa de Ginebra ni quiso referirse a las anotaciones de los pastores ginebrinos. Además de las fuentes originales hebrea y griega, utilizó como referencia la traducción latina con las anotaciones al Nuevo Testamento de Sebastián Castellio, y basó su traducción del Antiguo Testamento sobre la Biblia de Ferrara de 1553, traducida por un judío español. Mantuvo el número y el orden de libros del Antiguo Testamento establecido por el Concilio de Trento, para que su obra pudiera circular más fácilmente en España. Por la visión tan ecuménica de Reina, los pastores de Ginebra, donde predominaron los ultracalvinistas después de la muerte de Calvino, no lo apoyaron. Y, como vimos antes, la falta de apoyo de la iglesia calvinista ginebrina dificultó su trabajo.
Entre 1567 y 1568, Reina y su familia permanecieron en Basilea negociando la impresión de su Biblia en la famosa casa editorial de Oporino, editor de muchas de las obras de Erasmo. Reina también obtuvo financiamiento de un banquero calvinista español de Basilea, Marcos Pérez. Desafortunadamente, ya negociado el contrato y hecho el pago de cuatrocientos florines (según Carlos Gilly, equivalía a cuatro años de sueldo de un profesor universitario de la época), Oporino murió en julio de 1568 despuyés de utilizar el dinero para pagar unas deudas. Reina tuvo que buscar una nueva casa editorial y otro financiamiento.
Decidió imprimir su obra en la casa de Tomas Guarin en Basilea. Pero antes, le escribió una carta a un amigo indicando que la iba a imprimir en Ginebra. De inmediato, la Inquisición se alertó a la espera de una Biblia en español que saldría en Ginebra. También, para confundir a la Inquisición, que intentaba prohibir la entrada de Biblias en España, Reina utilizó la estampa del oso característica de la imprenta de Apiario. De ahí que se la conozca como la Biblia del Oso. La Biblia de Casiodoro de Reina adoptó un disfraz más antes de llegar a España. Algunos comerciantes llevaron ejemplares del mercado de libros de Frankfurt a Amberes. Allí cambiaron las portadas de muchos ejemplares por el frontispicio del Diccionario de Ambrogio Calepino. A otros se les quitó la primera hoja con la estampa del oso. Los ejemplares de la primera edición de la Biblia del Oso llegaron a España con varios disfraces.
Los ejemplares de la Biblia de Casiodoro de Reina que sobrevivieron a la Inquisición del siglo XVI quedaron con amigos y familiares de Casiodoro en Frankfurt y Basilea. Cipriano de Valera, ultracalvinista y antiguo discípulo de Reina, transformó la traducción de Reina en una Biblia protestante que se publicó en 1602.
Resumen y conclusiones
Como hemos visto, la Reforma protestante no pudo echar raíces en tierra española en el siglo XVI. Los índices de libros prohibidos por la Inquisición y la subsiguiente persecución de estos libros produjeron un control extremadamente estricto sobre la reflexión y la práctica religiosas en España en el Siglo de Oro. El siglo que produjo autores como Miguel de Cervantes y místicos como Teresa de Ávila y Juan de la Cruz también produjo una intolerancia terrible. Sin el apoyo del Santo Oficio de la Inquisición, ideas y obras eran condenadas a la extinción en España. Además, la política de intolerancia religiosa logró el exterminio de las pocas y pequeñas comunidades protestantes que surgieron a mediados del siglo. Frente a esa oposición tan formidable y completa, se puede imaginar cómo era la vida de los refugiados protestantes españoles en otras partes de Europa. Los exiliados que podían conformarse a la ideología de un centro protestante u otro pudieron vivir tranquilamente, pero bajo la sombra de otros gigantes. Aquellos que, como Casiodoro de Reina, luchaban para comunicar su propio entendimiento de la Palabra de Dios, sufrieron una doble discriminación. Frente a la oposición tanto de la Inquisición española como de la creciente intolerancia de los protestantismos del fin del siglo, la labor de traducción de Casiodoro de Reina parece haber sido una obra sobrehumana. Aunque se puede disputar el valor lingüístico y exegético del lenguaje de la versión Reina-Valera, su valor casi milagroso e histórico resulta indudable.

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  • Este artículo se publicó originalmente en Revista Evangélica de Historia, vol. 2, 2004.

Notas

1. Melquíades Andrés Martín: “Pensamiento teológico y vivencia religiosa en la Reforma Española (1400-1600)”, en José Luis González Novalín (director): Historia de la Iglesia en España: III-2º, La Iglesia en la España de los siglos XV y XVI, Biblioteca de Autores Cristianos, La Editorial Católica, Madrid, 1980, p. 294.
2. José Luis González Novalín: “La Inquisición española”, en op. cit., p. 161.
3. Los alumbrados fueron un movimiento religioso español del siglo XVI en forma de secta mística, que fue perseguido por considerarse herético y relacionado con el protestantismo. Los alumbrados creían en el contacto directo con Dios a través del Espíritu Santo mediante visiones y experiencias místicas, lo cual llevó a la Inquisición española a promulgar al menos tres edictos en su contra. Algunos místicos como Teresa de Ávila fueron inicialmente sospechosos de pertenecer a los alumbrados (N. de los E.).
4. Ver Martine Sonnet: “La educación de una joven”, en Georges Duby y Michelle Perrot (directores): Historia de las mujeres, tomo 5, Del Renacimiento a la Edad Moderna: Los trabajos y los días, traducido por Marco Aurelio Glamarini, Ediciones Taurus, Madrid, 1993, pp. 129-166; y Bonnie S. Anderson y Judith P. Zinsser: Historia de las mujeres: Una historia propia, volumen 2, Crítica, Barcelona, 1992. sexta parte, “Mujeres de las cortes: gobernantes, mecenas y damas de honor”, pp. 23-123. Los autores de Historia de la Iglesia en España III-2º también mencionan cada tanto el nombre de alguna mujer española importante que formó grupos de discípulos en las nuevas corrientes espirituales en el país durante el siglo XVI.
5. José Luis González Novalín: op. cit., pp. 181-182.
6. Id.
7. José Luis González Novalín realiza un análisis minucioso de partes de esta obra en Historia de la Iglesia en España III-2º, pp. 203-219.
8. Ibid., pp. 220-224.
9. Ricardo García-Villoslada: “Felipe II y la Contrarreforma Católica”, en Historia de la Iglesia en España, III-2º, pp. 5-37.
10. Datos sobre la vida de Sebastián Castellio se encuentran en Ferdinand Buisson: Sébastien Castellion: Sa vie et son oeuvre (1515-1563) B. De Graaf, Nieuwkoop 1964, reimpresión del original de París, Hachette, 1892.
11. Las obras escritas por protestantes en el siglo XIX se han especializado en la hagiografía de los héroes españoles de la Reforma. Ver Tomás M’Crie: Historia de la Reforma en España en el Siglo XVI, traducido del inglés por Adam F. Sosa, La Aurora, Buenos Aires, 1942, (la obra original es de 1829); y también, C.A. Wilkens: Spanish Protestants in the Sixteenth Century, traducido del alemán por Rachel Challice William Heinemann, Londres, 1897 (la obra original es de 1888). Una obra más reciente y equili-
brada en sus presentaciones biográficas de los protestantes españoles es Manuel Gutiérrez Marin: Historia de la Reforma en España, Editoriales del Nordeste, Barcelona, 1973. Su mayor preocupación, sin embargo, es la presentación de una antología selecta de los escritos de los protestantes españoles.
12. Aquí sigo las conclusiones de Carlos Gilly: “Casiodoro de Reina”, en la Enciclopedia del Centro de Estudios de la Reforma, http://www.interbook.net/personal/cer/Enciclo/Reina.htm. El trabajo de Gilly es menos hagiográfico que los de los demás autores que he leído sobre Casiodoro de Reina. Además, Gilly utiliza fuentes primarias para argumentar detalles controvertidos de la vida de Reina. Ver también Carlos Gilly: Spanien und der Basler Buchdruck bis 1600, Verlag Helbing & Lichtenhahn, Basiela/Frankfurt del Meno, 1985.
13. Ibid.

Última modificación: 7 de mayo de 2013 a las 09:58
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Hay 1 comentarios
  • 15 de enero de 2015 a las 01:31 - Por: EZEQUIEL JOB - (permalink)

    Buenísimo. Doy gracias a Dios por mi Biblia en Español, ahora soy salvo porque he leído: Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo (Rom 10:9). Confieso con mi boca que Jesús es el Señor, y creo en mi corazón que Dios le levantó de los muertos.

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