Alianzas ominosas

Alejandro Dausá

Los que bajan a Egipto sin consultar mi boca,
para buscar apoyo en la fuerza del faraón
y ampararse a la sombra de Egipto…
la fuerza del faraón se os convertirá en vergüenza,
y el amparo de la sombra de Egipto, en confusión.

Is 30,2-3

No todas las alianzas son beneficiosas ni todos los acuerdos justos. La tradición profética nos advierte sobre la importancia de analizar con talante crítico aquellos pactos que aparecen provechosos, pero sólo sirven a los intereses de los poderosos.
En los últimos años, numerosas iglesias, instituciones, organizaciones y movimientos ecuménicos han levantado su voz de alerta contra el ALCA (Área de Libre Comercio para las Américas) y sus versiones subregionales NAFTA y CAFTA, para Norte y Centroamérica, respectivamente.
Por otra parte, diferentes gobiernos del hemisferio han mostrado una extraordinaria subordinación a esa propuesta de aparente perfil comercial. En el mejor de los casos podríamos repetir, con el profeta Oseas, que son como palomas aturdidas (Os 7,11), que echan mano a salvavidas de plomo para rescatar planes económicos que han mostrado suficientes señales de fracaso.
En años recientes, las observaciones y reflexiones reprobatorias provenientes de las iglesias han ido en notable aumento y reflejado por lo menos tres situaciones: por una parte, el sacrificio y exclusión crecientes a que han sido sometidas las grandes mayorías en nombre del neoliberalismo, sin perspectivas de mejorar su situación. Por otra, la urgencia de buscar alternativas en medio de una crisis civilizatoria de la cual los tratados de libre comercio son sólo una expresión, y que reclama mucho más que soluciones y fórmulas técnicas.
Un tercera es que la mencionada preocupación surge no sólo desde el sur latinoamericano, sino también como fruto de procesos y debates que se vienen desarrollando en iglesias de los Estados Unidos y Canadá. La globalización hegemónica que se intenta imponer hoy al mundo no respeta, por su misma lógica, ni fronteras ni grupos humanos. No tiene más ética que la del lucro, parte de la premisa de que todo es mercancía y llega al extremo de plantear las condiciones de posibilidad de existencia en el planeta en términos soteriológicos, bajo el supuesto de que fuera del mercado capitalista no hay vida posible.1
Ofrecemos aquí algunos elementos elocuentes para comprender la situación en la que nos encontramos en relación con los tratados de libre comercio, y al ALCA en particular, junto a algunas de sus características principales.

Breve historia del ALCA

Nuestro objetivo es garantizar para las empresas
norteamericanas el control de un territorio que se extiende
desde el Ártico hasta la Antártida y el libre acceso
–sin ninguna clase de obstáculos– de nuestros productos, servicios, tecnologías y
capitales por todo el hemisferio.

Colin Powell, exsecretario de estado de los Estados Unidos

Si bien la cita anterior da descarnada cuenta de lo que anima al ALCA, consideramos conveniente una mínima relación de hitos en el desarrollo del proyecto de acuerdo.
En 1990 George Bush propuso la creación de un Área de Libre Comercio para las Américas, en el marco de la denominada Iniciativa para las Américas. Durante la Primera Cumbre de las Américas, celebrada en Miami en 1994, William Clinton planteó el lanzamiento de un proceso de integración continental que constaría de cuatro ejes: el fortalecimiento de las democracias de la región, la promoción de la prosperidad mediante el libre comercio, la erradicación de la pobreza, y el desarrollo sostenible y la conservación del medio ambiente. El proyecto colocó en la mira a treinticuatro países (excluyendo a Cuba), que sumarían ochocientos millones de consumidores, con un Producto Interno Bruto de alrededor de once mil millones de dólares.
En el proceso de negociaciones que se desató de allí en adelante, podemos identificar no menos de tres etapas. La primera abarcó del año 1994 a 1998. Comprendió el establecimiento de principios y la estructura general que tendrían las negociaciones. Es conveniente recordar que ese período estuvo marcado por ánimos triunfalistas en los Estados Unidos, debido al derrumbre de la Unión Soviética y el campo socialista europeo.
La segunda transcurrió desde 1998 al año 2001, en medio de un contexto internacional signado por fuertes crisis económicas, particularmente la asiática, la rusa y la brasileña. De modo paralelo, se comenzaron a percibir serios síntomas de desaceleración en la economía norteamericana, lo cual llevó a ese país a la búsqueda de mecanismos que neutralizaran a Europa y Japón como grandes amenazas en la competencia por el control del apetitoso mercado latinoamericano. En ese período, el denominado Comité de Negociaciones Comerciales (CNC) respaldó la labor de nueve grupos de trabajo y cuatro grupos consultivos y, además, elaboró un primer borrador de propuesta, de carácter secreto, que sólo trascendió en parte luego de la Cumbre de Québec, en junio del año 2001.
La tercera etapa es la actual, con escasos años que fueron testigos de una fuerte recesión económica en casi todos los países de la América, la cual trajo aparejado el fortalecimiento de innumerables movimientos sociales de protesta.
Como reacción para el proceso de negociaciones del ALCA, los Estados Unidos intentaron acortar los plazos previstos en el plan original aprobando el denominado fast track, o vía rápida, que le otorga al presidente de ese país la potestad de firmar acuerdos de libre comercio sin ser refrendados por el Congreso. En el año 2002, el CNC presentó un segundo borrador, en el marco de la reunión de ministros celebrada en Quito, en el que se planteaba, además, que la firma definitiva del acuerdo se realizaría en el mes de enero del año 2005.
Antes de continuar, es necesario advertir que todo el plan mencionado se caracteriza por una significativa falta de transparencia, comenzando por la enorme cantidad de documentos y borradores de carácter secreto. Apuntamos un ejemplo tomado del caso chileno, flamante signatario:

Frente a este hecho, para las organizaciones ecologistas se hacen un deber expresar a la opinión pública lo siguiente:
Rechazamos al Acuerdo, el cual nunca fue dado a conocer a las organizaciones ciudadanas, las cuales debieron proceder el 2001 a realizar acciones legales bajo la Ley de Probidad e Información Pública para solicitar el material correspondiente. A través del uso de resquicios, el gobierno aún no provee a los ciudadanos de información objetiva básica respecto al Tratado de Libre Comercio.2

En Bolivia se descubrió que la exministra Ana M. Solares había firmado en junio de 2004 un “acuerdo de confidencialidad” mediante el cual los contenidos de todas las negociaciones y tratados sobre el ALCA deberían mantenerse en secreto durante nada menos que diez años. Más recientemente, se hizo pública la denuncia contra partidos de derecha salvadoreños, que modificaron la agenda prevista de la asamblea legislativa de ese país para el 17 de diciembre de 2004, con lo que lograron que, a las tres de la madrugada, se ratificara el tratado de libre comercio entre Centro América, la República Dominicana y los Estados Unidos. El pleno nunca tuvo oportunidad de leer las más de dos mil quinientas páginas del texto, y mucho menos debatir sobre sus contenidos y consecuencias.
Existe también una flagrante falta de voluntad política para hacer accesibles esos documentos a la población en general. Lo poco que ha trascendido a la luz pública está redactado con una terminología técnica que resulta un obstáculo en sí misma. Pero este problema revela otro más grave: la absoluta falta de interés en una participación real de los pueblos que están siendo involucrados.
Se trata de negociaciones celebradas en las alturas, entre cúpulas dirigentes –ministros, presidentes, especialistas– que ignoran sistemáticamente la demanda de abrir espacios y mecanismos de debate. Hay que decir que sólo la presión popular pertinaz y ascendente, canalizada por lo general a través de organizaciones de la sociedad civil y los movimientos sectoriales o amplios, ha sido capaz de llevar adelante una inédita y vigorosa campaña continental de reflexión, concientización y educación política cada vez más articulada, hasta desembocar en acciones o tomas de posición de impacto visible, aun a pesar de la impavidez y el silencio de muchos gobernantes.
Es sólo a partir del 2001 que todo este acumulado social, sumado al deterioro generalizado y rampante de las condiciones de vida, así como al fracaso palmario de las promesas del modelo neoliberal, comenzó a hacer mella en el proceso de firma del ALCA. Los primeros resultados observables fueron una dilatación de los plazos y metas originales, e incluso ciertas transformaciones y adaptaciones de algunos aspectos del proyecto mismo, que procura ahora reacomodarse a esa situación de crecientes tensiones. A ello se suma la aparición de gobiernos que, en el nuevo mapa político de la América Latina, toman distancia teórica o práctica del neoliberalismo duro (Venezuela, Brasil, Argentina).
Los Estados Unidos cambiaron con habilidad su estrategia y comenzaron a difundir el denominado ALCA light, dejando de lado el proyecto original, que contemplaba la firma de los treinticuatro países en bloque. La nueva modalidad apunta a tratados bilaterales o regionales que ya se están aceptando (Chile, Centroamérica más la República Dominicana, Colombia, Perú, Ecuador). Esta nueva fórmula no tiene gran diferencia con la primera, e incluso algunas cláusulas son más drásticas, partiendo de la ventaja estadounidense de la negociación caso a caso, con economías en extremo debilitadas y gobernantes sumisos.3
Podemos afirmar que luego de una década abundante en luchas de resistencia popular, el primer semestre del año 2006 muestra una nueva configuración general de las naciones latinoamericanas respecto al ALCA. Un momento de inflexión fue, sin dudas, la doble cumbre celebrada en Mar del Plata, Argentina, en noviembre del 2005 (IV Cumbre de las Américas y III Cumbre de los Pueblos). Se hizo notable allí el contundente rechazo de los movimientos populares al proyecto de libre comercio, pero también la confrontación entre presidentes absolutamente sometidos, como el caso de Vicente Fox, contra otro bloque liderado por Hugo Chávez, con su apuesta por un Mercosur fortalecido y ampliado. En medio de la disputa, la figura de George W. Bush, azorado e impotente políticamente frente a esa inédita situación de fractura pública, aunque manteniendo su capacidad para desplegar un descomunal aparato bélico.
Es franca la voluntad de articulación diferente y soberana desde el Mercosur, aun con todas sus imprecisiones, debilidades, retos y contradicciones. En el otro extremo se encuentran los países signatarios del ALCA, algunos con poderosos movimientos populares que siguen ejerciendo presión contra los tratados de libre comercio y el modelo neoliberal en general. Esto se combina con varios procesos electorales que deben tener lugar a lo largo del 2006 y pudieran inclinar la balanza hacia posiciones de mayor autonomía e independencia económica. La reciente nacionalización de los hidrocarburos bolivianos constituye una medida que trasciende en mucho las fronteras de ese país, y que coloca en el complejo mapa continental un elemento de extraordinario significado político.

Detrás de las apariencias

Al comienzo hicimos referencia a los cuatro ejes enunciados por Clinton. Se trata de temas recurrentes en el discurso gubernamental estadounidense, que evoca valores irreprochables como desarrollo, democracia, equilibrio ecológico y combate a la pobreza. El inconveniente es que son, por el momento, realidades virtuales.
La realidad-real apunta en otra dirección. Para comenzar, los Estados Unidos tuvieron en el año 2001 un impresionante déficit comercial de 346 000 millones de dólares, elevado a 490 000 millones en el 2003 y en aumento durante el trienio 2004-2006. Con este simple dato, la primera pista clara y contundente de por dónde andan sus preocupaciones y desvelos. Es fundamental advertir que el ALCA no se puede reducir a un mero tratado comercial que sólo implicaría nuevas regulaciones en la circulación de bienes, a pesar de que se insista en ese carácter desde las esferas oficiales. En realidad, se trata de una verdadera actualización de la Doctrina Monroe, que pretende colocar a los países de la región en una aguda posición de subordinación frente a los Estados Unidos mediante la imposición de un sinnúmero de condiciones, exigencias y sanciones, a fin de asegurar su hegemonía política y económica. Por esa misma razón, se complementa con otro poderoso componente, materializado en un proyecto de vasto control militar. Su expresión más visible y franca es hoy el denominado Plan Colombia, junto al remozamiento y la reactivación de las bases militares a lo largo y ancho del continente.4
La América Latina se presenta en extremo atractiva, con una producción petrolífera del 15% del crudo mundial y el 11% de las reservas (de hecho, provee hoy el 37% de las importaciones de los mismos Estados Unidos que, de continuar con el ritmo de consumo actual, agotarán sus propias reservas en diez años más).
Otro bien menos pretencioso, pero cuya posesión y administración será crítica en las próximas décadas, es el agua. La América Latina cuenta con la tercera parte del potencial mundial del agua utilizable, con enormes reservas perfectamente identificadas (Acuífero Guaraní, y cuencas del Amazonas, el Río de la Plata y el Orinoco, entre otras).5 Los Estados Unidos sufren la contaminación del 40% del agua de sus ríos y lagos, y se calcula que tendrían que destinar quinientos mil millones de dólares para modernizar las instalaciones de tratamiento de agua y renovar la red de agua potable, además de otra cifra similar para descontaminar las aguas superficiales y subterráneas. No es casual que la primera guerra del siglo xxi haya sido por causa de ese líquido. Ocurrió en la ciudad boliviana de Cochabamba, entre una población enfurecida por los abusos tarifarios y la empresa Bechtel, beneficiaria de la privatización del servicio.6 El pueblo triunfó, pero la multinacional, luego de hábiles maniobras para trasladar su sede legal de las Islas Caimán a Holanda, a fin de ampararse bajo un tratado bilateral de inversiones entre ese país europeo y Bolivia, presentó una demanda multimillonaria contra el Estado boliviano, que aún está en los tribunales por “expropiación de ganancias futuras”. En la actualidad, goza de los privilegios y la seguridad que le otorga el ejército más poderoso del mundo: Bechtel es una de las principales concesionarias para la “reconstrucción” de Iraq…
Además de reservas petroleras y acuíferas, la América Latina cuenta con la mayor riqueza mundial en términos de biodiversidad. Un sustancioso 40% de las especies animales y vegetales vivas se encuentran actualmente en la región, objetivo de primer orden para la industria biotecnológica y farmacéutica del mundo desarrollado, que comenzó hace tiempo a dar pasos para privatizar y monopolizar esos recursos. Semillas, plantas e incluso información genética caen en la categoría de bienes patentables.
Es por eso que Robert Zoellick, exrepresentante de comercio del gobierno de los Estados Unidos, podía exclamar alborozado que la América Latina “es un hemisferio de promesa y de posibilidades a corto plazo”. Y tenía razón, sólo que no explicaba quiénes son los reales beneficiarios de esas posibilidades. A fin de ilustrar su definición, convendría recordar algunos datos fundamentales. Entre los años 1991 y 2000 su país fue el destino final de una transferencia financiera desde el exterior, ascendente a 603 000 millones de dólares. A esa cifra debemos agregar el pago de amortizaciones por la deuda externa, las ganancias por intercambio desigual en el comercio, así como la fuga sistemática de capitales. Rondaríamos de esa forma el millón de millones transferidos a una economía que padece el enorme déficit mencionado, y que por eso mismo necesita asegurar y ampliar el control, tanto de los recursos financieros como de los estados clientelares del hemisferio.
En igual período, la deuda externa latinoamericana creció de 302 000 millones de dólares a cerca de 800 000 millones, mientras que los pobres aumentaron de doscientos a doscientos veintiséis millones. Al mismo tiempo, favorecidos por las políticas promotoras del achicamiento estatal suscitadas por gobiernos neoliberales, los Estados Unidos compraron a precio de regalo más de cuatro mil activos públicos de la región, particularmente en sectores estratégicos como petróleo, telecomunicaciones, minería y transporte.7

¿Bastan los tratados?

El propósito de las Fuerzas Armadas
estadounidenses es proteger y promover los intereses
nacionales estadounidenses y, si la disuasión falla,
derrotar de manera decisiva a las amenazas
que pongan en riesgo esos intereses.

_Quadrennial Defense Review Report, septiembre de 2001
_
Más arriba decíamos que las presiones no accionan sólo en el campo político, diplomático o técnico, ya que en realidad asistimos al intento de implementar un proyecto amplio y ambicioso. Es fundamental tener presente que el neoliberalismo supone un proceso intervencionista del capitalismo central sobre el periférico, que impulsa, además, un determinado modelo de sociedad cuya expansión se procura sobre la base, en teoría, de algunos de los conceptos utilizados por Clinton en la Primera Cumbre de las Américas –libertad, democracia, prosperidad, seguridad, etc. Su punto de partida: la premisa de que ese modelo es el único triunfante en la historia de la humanidad, una especie de sobreviviente de incontables experimentos sociopolíticos y económicos, lo que le otorgaría ventajas absolutas sobre otros. Paralelamente, maneja un “complejo sistema de equivalencias semánticas”8 que identifica los conceptos mencionados con la forma concreta en la cual se expresan en el capitalismo contemporáneo, en particular en su versión estadounidense.
Ese intervencionismo, creciente desde la administración Reagan, sufrió un cambio significativo a partir del 11 de septiembre del 2001. Destacamos dos elementos: por una parte, se eleva al enemigo al ámbito metafísico, caracterizado por una absoluta perversidad (“el mal”, y más recientemente las “ideologías del odio”, en la versión de Condoleeza Rice); luego, el contrincante es presentado en la práctica bajo la categoría ambigua de “terrorismo”, fácil de aplicar a diferentes rostros concretos.9 Por otra parte, y como consecuencia natural, entra en escena un agudo énfasis en la faceta militar del intervencionismo, ya que se indica que al mal absoluto sólo se le puede oponer un poder absolutamente letal. Como se puede advertir, en esta argumentación desempeñan un papel significativo elementos de denso contenido teológico, ya que se trata de una versión actualizada de la clásica confrontación entre el bien y el mal.
Más allá del soporte teórico ejercido por boca de conocidos predicadores religiosos norteamericanos orgánicos al proyecto de la administración Bush, se puede identificar en la actualidad un nuevo polo de presión, a cuyos integrantes se designa con el nombre de “teoconservadores”. Son el resultado y la expresión de una mixtura del neoconservadurismo político y religioso con ideas teológicas que pueden parecer extravagantes, pero que resultan funcionales al proyecto imperial de dominación, a la vez que apelan con fuerza al imaginario religioso de los millones de personas que en los Estados Unidos se identifican de una u otra forma con esos principios.10
También es oportuno mencionar que la caída de las torres gemelas elevó, a la vez, a límites insospechados el sentimiento de miedo y vulnerabilidad de una nación caracterizada, en general, por su temor a todo lo diferente, lo que fortalece ese tipo de política de aniquilamiento hasta convertirla en algo natural e indiscutible.11 Lo paradójico es que, como sostiene José Comblin:

Una vez decretada la lucha total contra el terrorismo, una paranoia colectiva entró en el pueblo norteamericano. Se han suspendido las libertades constitucionales, se ha justificado la tortura, se han suspendido los derechos a la defensa, a la comunicación, se han multiplicado los controles de policía… Las autoridades han perdido hasta el sentido de lo ridículo, tan grande es su ansiedad. Es una neurosis colectiva que los gobernantes quieren inculcar en las mentes de su pueblo. Creen que volviéndolos locos los protegen contra el terrorismo. Por supuesto, al ver la extrema fragilidad psíquica de los ciudadanos estadounidenses, los terroristas no pueden sino sentirse más animados. Ven que sus acciones producen efectos mucho más fuertes de lo que podían imaginar.12

Para la etapa que nos interesa (posGuerra Fría) esa doctrina de intervención se movió primero en el plano de la denominada “intervención humanitaria”, para pasar luego a la actual “intervención contra el terrorismo”. Sin embargo, desde esa posición centrada en un mal ubicuo y multifacético, se dejan abiertas otras puertas, ya que los Estados Unidos también identifican a los que llaman “Estados fracasados y Estados débiles”,13 de nuevo dos categorías inciertas que pueden activar la maquinaria de intervención militar en ocasión de una enorme gama de situaciones posibles, sean levantamientos populares, conmoción interna, tráfico de armas, producción de estupefacientes, narcotráfico, protestas sociales, críticas al modelo impuesto por los organismos financieros internacionales, posiciones políticas insumisas o diferentes a las dictadas por esa potencia, etc. Tanto las hipótesis de conflicto como sus escenarios se multiplican ad infinitum, y todos, sin excepción, podemos ser incluidos en las listas de exterminio.
Como ejemplo de lo anterior, en marzo del 2004 el general James T. Hill, antiguo jefe del Comando Sur de las fuerzas armadas de los Estados Unidos, informó extensamente al Senado acerca de los peligros que se cernían en la América Latina para los intereses del Norte, y a los que era necesario poner fin. Habló del “populismo radical” y señaló tres problemas cuya solución no podía esperar: Venezuela, Bolivia y Haití. También incluyó entre los peligros al Consenso de Buenos Aires, que no es otra cosa que la condena a las políticas económicas neoliberales, formulada en el año 2003 por los presidentes Lula da Silva y Néstor Kirchner.14
Consecuente con su pragmatismo, la administración estadounidense aumentó en un 52 % la cantidad de tropas latinoamericanas entrenadas entre el año 2002 y el 2003, hasta alcanzar la cifra de 65 941 desde 1999 (de ese total, 28 200 son soldados colombianos). En el marco de esa estrategia, resulta revelador descubrir que el mencionado Comando Sur cumple un papel cada vez mayor y desproporcionado en las relaciones entre los Estados Unidos y la América Latina. Por ejemplo, el general Hill realizó entre agosto del 2002 y julio del 2004 más de ochenta viajes a nuestra región, y tenía alrededor de mil cien funcionarios trabajando sobre asuntos latinoamericanos, más que la mayoría de los principales organismos federales civiles juntos, incluyendo los Departamentos de Estado, de Agricultura, de Comercio y del Tesoro.15
Estas políticas se fundamentan en un discurso que parte de la criminalización de la pobreza y de la protesta, para llegar a la terrorización de ambas, ignorando adrede el análisis de las estructuras y situaciones que les dieron origen. Sobre lo anterior, partidos políticos, corporaciones y grandes medios de comunicación realizan una construcción propagandística deliberada y constante de la inseguridad, como eficaz y atractiva forma de control social, que encuentra particular eco en las clases dominantes. Paralelamente, a los gobiernos del área se les somete a fortísimas presiones para diluir los papeles de sus fuerzas de seguridad, bajo el imperativo de una nueva militarización del continente. A problemas complejos, los Estados Unidos oponen una solución simplísima: mano dura y represora con mayor poder letal. La Conferencia de Ministros de Defensa realizada en Quito en noviembre del 2004, es una muestra fiel de lo anterior, y si bien el proyecto de Donald Rumsfeld fue rechazado por la mayoría de los países, no se descartan acuerdos bilaterales alentados por cómplices locales, tal y como sucede con el ALCA.16

Tozudez evangélica

El ALCA, en todas sus versiones, no es más que el mismo modelo neoliberal padecido por lustros por nuestras naciones, pero elevado ahora a nivel de compromiso jurídico internacional militarizado. Apuesta más profunda de un proyecto que demostró ser excluyente y catastrófico.
Desde la ética evangélica, diremos que lo propuesto se apoya en un principio de reciprocidad que sólo existe en la imaginación de algunos. Si no, ¿cómo equiparar honradamente a cualquier campesino del Chaco paraguayo con una empresa agrícola del medio oeste norteamericano, que accede a tecnología de punta, créditos, subvenciones y fuertes políticas proteccionistas? ¿Cómo colocar en igualdad de condiciones a los Estados Unidos y Canadá, que generan el 80% del PIB continental, frente al 12% generado por Brasil y México, y el 8% por los restantes treinta países? Ese mercado idílico al cual concurrirían alborozadamente productores para comprar y vender los frutos de su trabajo, sólo existe en los libros de fábulas. Por eso, frente a esa simetría artificial, es imprescindible denunciar las asimetrías reales, y frente a las asimetrías reales, provocadas por un modelo económico injusto, es necesario proclamar la voluntad de pensar y construir otro que esté al servicio del ser humano y la vida.
El ALCA busca consolidar y perpetuar un mecanismo en el cual las grandes empresas e inversionistas sean los que coloquen elementos de control, no sólo por encima de la voluntad de los pueblos, sino aun en contra de los mismos Estados soberanos, tal y como indica la experiencia canadiense.17 En dicha lógica, muchos derechos sociales básicos pasan a la categoría de artículos de consumo (educación, salud, vivienda, jubilación, etc.), por lo que serán también objetos y víctimas de la competencia comercial, además de garantizarse sólo a aquellos que los puedan pagar. Es necesario tomar en cuenta que procura no sólo la protección de las inversiones sino también la flexibilización laboral, la ampliación de los derechos de “creadores de nuevas variedades de plantas”, el aseguramiento de cláusulas de secreto para los fabricantes de agroquímicos, la calificación de delito para la libre reproducción de plantas y animales y el libre intercambio de semillas, la patentabilidad de los seres vivos, el monopolio para la producción y venta de medicinas, la obligación estatal de indemnizar a aquellas empresas a las que cualquier norma o decisión perjudique sus ganancias, la obligación de abrir a concurso público la adquisición y/o contratación de bienes y servicios, etcétera.
Sin embargo, a pesar de esas amenazas, creemos que la hora que vive hoy la América Latina es en extremo propicia. Existe un evidente espíritu de búsqueda crítica y ánimo contestatario en nuestros pueblos, reflejado y expresado en masivos e incontenibles movimientos populares de protesta. Se ha lanzado la propuesta del ALBA, o Alternativa Bolivariana para las Américas, materializada en un primer momento en el Acuerdo Cuba-Venezuela, firmado el 14 de diciembre del 2004, como primicia o marco de referencia para otros países dispuestos a relanzar la integración latinoamericana desde una perspectiva soberana, digna y popular.18 En abril del 2006 se les sumó Bolivia, desde la plataforma que denominó Tratados de Comercio de los Pueblos (TCP). Además, y como mencionamos al comienzo, asistimos a una notable repolitización en la reflexión y el quehacer de cristianos y cristianas, en reacción contra un modelo que insistió en reducir lo político a lo económico, y este a las fuerzas del mercado capitalista, dejando a la intemperie al ser humano.
Con sana tozudez evangélica, consideramos que es fundamental seguir propiciando ámbitos cada vez más articulados de información, encuentro, educación, pensamiento y lucha contra tratados comerciales y modelos económicos que sólo benefician a pequeñísimos grupos de poder, aquellos que “se han enriquecido con su lujo desenfrenado” (Ap 18, 3). Debemos insistir en la dignidad de la persona humana y la integridad de la Creación como principios no negociables ni subordinados, así como ahondar la crítica a los términos, condiciones y efectos del comercio internacional, tal y como existe en la actualidad.
Además, es imprescindible retomar el tema del imperialismo, marginado de la reflexión durante décadas, que hoy vuelve a formar parte del debate teológico comprometido con los pobres de la tierra, máxime cuando el discurso que pretende sustentar el proyecto imperial es también declarada y ostensiblemente teológico, aunque en la más inicua de las tradiciones, ya que no sólo pretende ofrecer una salvación que en realidad no es tal, sino exige ortodoxia inapelable, exclusividad absoluta, posesión total de la verdad y el bien, y, sobre todo, un culto con permanente sacrificio de víctimas vivas.19 A lo anterior debemos agregar la extraordinaria astucia en su capacidad persuasiva, que evoca automáticamente descripciones muy conocidas en comunidades creyentes de resistencia (“la tierra entera siguió maravillada a la Bestia”; “una boca que profería grandezas”; “realiza grandes signos…y seduce a los habitantes de la tierra”).20
Por la densidad del asunto, consideramos que antes que un proyecto teológico de signo contrario, se hace indispensable, en primer lugar, una espiritualidad o mística antimperialista. Más allá de categorías teológicas –que resultan insuficientes–, se hace necesaria una actitud vital que implique reordenar los grandes ejes de la vida en función de este presente, en el cual se juega nada menos que el futuro de la especie humana. Esa espiritualidad deberá ser capaz de descubrir y denunciar la perversidad en la lógica del sistema de dominación, pero también de desentrañar las artimañas que promueve a nivel simbólico. Por otra parte, asumirá el desafío de animar a las pequeñas piedras que, como en el conocido texto del profeta Daniel, ruedan de todas partes contra los pies de la “enorme estatua de aspecto terrible”. Ellas son capaces de descubrir las grietas y contradicciones de aquello en apariencia inamovible, que se expresan en el pasaje con la figura de la mezcla de arcilla y hierro. Dispuestas a preguntarse y discernir qué es necesario golpear y quebrar para que el monstruo se desmorone.
Como los astrólogos en el pasaje bíblico mencionado (Dan 2, 1-45), la soberbia neoliberal de los años ochenta y noventa nos apabulló con toda clase de especialistas dedicados a afirmar que nada había que preguntar, porque nada había para dilucidar (v.10-11); la historia había pronunciado su última palabra y se cerraba el capítulo final. Hoy, por el contrario, sostenemos que vuelve a ser tiempo de descifrar las pesadillas, y de anteponer la espiritualidad a la teología. Afirmando, en palabras de Jon Sobrino, que “Dios no ayuda a entender los horrores de Afganistán, Iraq y África, pero las víctimas de estos pueblos nos ayudan a no confundirnos sobre Dios. No es el del imperio”.
El bagaje teórico y las experiencias de resistencia de la tradición judeo-cristiana respecto a los imperios resultan en extremo valiosos, y deberían convertirse en elementos de máxima importancia en la tarea de construcción de la otredad posible (otra economía, otras relaciones comerciales, otro tipo de consumo, otra democracia, otra comunicación, otra espiritualidad…), pero también para alentar el tránsito desde la protesta hacia la propuesta capaz de promover y provocar acciones directas, con consecuencias económicas y políticas concretas y tangibles.

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Notas:

1—Entre otros documentos y procesos críticos a los tratados de libre comercio, tal y como se presentan en la actualidad, destacamos los siguientes: El ALCA y el futuro de nuestros pueblos, pronunciamiento de los delegados episcopales de Argentina, Brasil y Paraguay, a los que se sumaron los de Chile y Bolivia (2003); Globalizar la vida plena, plan de consultas, y documento y cartillas de educación popular sobre el ALCA elaborados por el Consejo Latinoamericano de Iglesias; Carta Por la dignidad del campo / Por la dignidad de México de los obispos mexicanos; Carta pública de la diócesis de Trujillo (Honduras, 2003) contra el ALCA; documento Otro desarrollo es posible, otra integración es posible, del Sector Social de la Compañía de Jesús en América Latina (2003); Campaña Jubileo Sur-Brasil / Pastoral Social de la CNBB, con dos consultas populares masivas y una significativa producción de materiales de concientización; Campañas del Grito de los Excluidos (nivel continental); Campaña No al ALCA organizada por diócesis patagónicas; declaración de los responsables nacionales de la Pastoral de Movilidad Humana de las conferencias episcopales de Centroamérica y México; documentos elaborados por religiosos, teólogos y científicos sociales participantes del Primero, Segundo y Tercer Encuentro Hemisférico contra el ALCA, en La Habana (2002, 2003 y 2004); documento emitido desde Roma por superiores y superioras generales de congregaciones religiosas católicas, en representación de más de 270 000 miembros (abril 2003); declaración ecuménica continental (presentada en Miami en noviembre 2003); Taller Subregional CLAI sobre Tratados de Libre Comercio e Implicaciones Pastorales (San José, 2004, con representantes de iglesias de Costa Rica, Nicaragua y Panamá); ¿Acuerdos de comercio justo? Las iglesias de América del Norte ante la globalización, Stony Point, NY, 2004; On Opposing the Free Trade Area of the Americas in its Current Form (Iglesia Presbiteriana EE.UU., mayo 2003); A Faithful Response: Calling for a More Just, Humane Direction for Economic Globalization (Iglesia Unida de Cristo, EE.UU., julio 2003), Proceso del ALCA documento de políticas de la Plataforma Continental América Latina (COPLA) de la red de agencias católicas de desarrollo CIDSE (Cooperación Internacional para el Desarrollo y la Solidaridad) que agrupa trece organizaciones de Europa y Canadá, octubre 2003; Vendiendo el futuro documento preparado por la Comisión de Asuntos Sociales (CCCB-CECC) y patrocinado por la Conferencia Canadiense de Obispos Católicos (CCCB-CÉCC), el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) y la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos (USCCB), enero 2002; documentos de la sesión plenaria del CC del CMI dedicada a América Latina (Brasil, 2003); Declaración de Caracas emitida por participantes de la IV Reunión Continental de la Pastoral de Derechos Humanos convocada por el CELAM y Cáritas AL y Caribe (2004); Declaración Ecuménica de las Iglesias Evangélicas de Costa Rica (2004); Declaraciones de la red Encuentro Continental de Cristianos y Cristianas por la Paz con Justicia y Dignidad, Bogotá (2004 y 2005); consulta continental Integración del Mercado y Dignidad Humana, convocada por el CLAI, (2004); Declaración de Cartagena del Encuentro Internacional de Fe y Economía, Colombia (2004); Para que puedan resistir. Las iglesias luteranas latinoamericanas frente a la globalización neoliberal y la deuda externa, Buenos Aires (2004); Posición de la Iglesia Luterana Costarricense ante el TLC (2005); declaraciones del cardenal hondureño Oscar Rodríguez Maradiaga (2005); Reunión ecuménica sobre integración de las Américas: comercio, crecimiento y reducción de la pobreza; política pública, aspectos morales y justicia social (Washington, D.C., 2005); Declaración crítica al TLC de la Conferencia de Obispos del Ecuador (2005), etc. Algunos de estos documentos se pueden encontrar en www.alcaabajo.cu, www.noalca.org y www.asc-hsa.org.
2—Este, junto a otros puntos, es parte del documento emitido recientemente por organizaciones ecologistas, y firmado por Sara Larraín Ruiz-Tagle, directora del Programa Chile Sustentable. El subrayado es nuestro.
3—Un caso particularmente grave es el de Colombia, cuyo ejecutivo decidió desconocer los reclamos de sectores nacionales de producción agropecuaria, ahora severamente amenazados. Pero no se termina todo allí, ya que también les será prácticamente imposible a los productores bolivianos de soya mantener sin la ventaja de los subsidios la venta de esa oleaginosa a Colombia.
4—Con un cambio de nombre reciente (Plan Patriota), se enmascara bajo la apariencia de un proyecto humanitario de cooperación, aunque en realidad se trata de un plan que ha destinado ya cientos de millones de dólares para asegurar nuevos pertrechos bélicos y asesoramiento militar, a fin de garantizar los intereses de empresas petroleras norteamericanas y preparar el control militar de otros escenarios del continente. Aunque Colombia funge como sede con su base en Tres Esquinas, Ecuador también desempeña un papel de primera magnitud a partir de la base de Manta. Otras bases militares están instaladas ya o en vías de materializarse (Iquitos, Triple Frontera, Tierra del Fuego, etc.).
5—Sólo el Acuífero Guaraní tiene una superficie mayor que las de España, Francia y Portugal juntas (1 190 000 km2). El 22 de mayo del 2003,el Banco Mundial y los países del Mercosur firmaron un proyecto que apunta a reconfigurar el manejo de cuencas y transferir los servicios hídricos al sector privado, en el marco de un proceso internacional de privatización del agua.
6—En 1998, el Banco Mundial se negó a garantizar un préstamo de veinticinco millones de dólares para la refinanciación de los suministros de agua en Cochabamba, a menos que el gobierno vendiera su red de suministro público al sector privado y el costo fuera cargado a los consumidores. A fines de 1999, Bechtel anunció su intención de duplicar los precios del agua, que la harían más costosa que la comida, con tarifas mensuales que suponían más de la mitad de un salario mínimo.
7—Como ejemplo palmario, el primer año del TLC entre Chile y los Estados Unidos arroja señales que es necesario recoger e interpretar. Muy pocas de las proyecciones deseables de este acuerdo se cumplieron durante el 2004: las exportaciones hacia este mercado crecieron menos de la mitad que el promedio hacia otras áreas, las importaciones desde EE.UU. se expandieron más que las exportaciones y la inversión norteamericana marcó cifras irrelevantes. Pese al TLC, las exportaciones hacia este mercado siguen concentradas en recursos naturales. Aproximadamente el 98 % de las exportaciones chilenas a EE.UU. corresponden a productos naturales o sus derivados. Los 4 283 millones de dólares exportados a EE.UU. entre enero y noviembre de ese año –aproximadamente un 15 % del total exportado, lo que mantiene a esta economía como el primer socio comercial individual chileno– estuvieron compuestos básicamente por productos de los sectores mineros, forestales, pesqueros y agrícolas. El sector que registró el mayor crecimiento fue la minería, con una expansión en su facturación del 86 % respecto al 2003. Uno de los principales argumentos para suscribir el TLC con EE.UU. ha sido el del favorable impacto que tendría sobre el empleo, pero este ha sido no sólo nulo, sino regresivo. Se observa una brecha entre el crecimiento de la economía y las exportaciones, por una parte, y el aumento del desempleo y deterioro de la calidad de los trabajos, principalmente a través de las acciones empresariales que apuntan a flexibilizar jornadas, funciones y salarios, por la otra.
8—Ana María Ezcurra: “Intervención externa, militarización y coerción”, Pasos no. 105, San José, 2003. El tema, ampliado y ac-tualizado, está en su trabajo de investigación Estados Unidos: una óptica estratégica en proceso de consolidación, presentado en el Encuentro de Cientistas Sociales, Teólogos y Teólogas en el DEI (San José, 2004).
9—Hoy puede ser un ayatollah, mañana un dirigente campesino de los Andes, más tarde un movimiento social de protesta, o incluso una nación completa, como explicaremos más adelante.
10—Estamos hablando aquí de no menos de cien millones de seres humanos ubicados en la categoría religiosa de “renacidos”, afines a las propuestas de la nueva derecha religiosa planteadas por la “Mayoría Moral” en tiempos de Ronald Reagan y más recientemente por la Christian Coalition del reverendo Pat Robertson.
11—El documentalista estadounidense Michael Moore ha explorado esa faceta en algunas de sus producciones (Estúpidos hombres blancos, Bowling for Columbine, Fahrenheit 9/11, etc.). Comprueba la sensación de angustia permanente de la población de su país, alimentada a diario por medios de comunicación que invierten cientos de horas en advertir sobre toda clase de peligros y amenazas, desde insectos ponzoñosos ocultos en el jardín de la casa, virus desconocidos e incontrolables, asesinos sueltos en el vecindario, villanos internacionales, etc.
12—José Comblin: “El imperio del terror”, en Agenda Latinoamericana 2005. Ese y otros textos en http://latinoamericana.org/2005.textos.
13—Failed states y frail states respectivamente.
14—El general Bantz Craddock, actual jefe del Comando Sur, confirmó ante el Congreso, en marzo del año 2005, una estrategia similar a la de su predecesor.
15—Ver el reciente documento Diluyendo las divisiones –Tendencias de los programas militares de EE.UU. para América Latina–, WOLA, Washington, D.C. (www.wola.org).
16—Aparecen en escena, además de gobernantes como Alvaro Uribe, instituciones con autoproclamada pericia en el tema seguridad, tales como el Manhattan Institute, ocupados en vender el paquete completo: diagnóstico de la situación – identificación de amenazas – entrenamiento de tropa – venta de armamento de última generación. Uno de sus directivos provocó estupor y repudio en Córdoba, Argentina, cuando en el mes de octubre del 2004 comenzó su oferta calificando públicamente a niños de la calle y prostitutas de esa ciudad como “terroristas urbanos”.
17—Es fundamental una lectura atenta del documento de los obispos católicos canadienses citado en la nota 1, con su severa crítica al TLCAN en general y al capítulo 11 en particular.
18—Más información en www.alternativabolivariana.org.
19—Estos y otros tópicos se han venido desarrollando en algunos trabajos recientes de peso, como por ejemplo Richard Horsley: Jesús y el imperio. El Reino de Dios y el nuevo desorden mundial, Verbo Divino, Estella, 2003; Richard Horsley, org.: Paulo e o império –re-ligiao e poder na sociedade imperial romana–, Paulus, 2004; Jon Sobrino: El imperio y Dios, Orbis Books, Nueva York, 2004; Juan Stam: “Bush´s Religious Language”, The Nation, Boston, 2003; Los pueblos confrontan el imperio (RIBLA # 48 –colectivo de autores–) Quito, 2004, etc.
20—Ap 13, 3.5.13-14, respectivamente.

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