El muro invisible La tragedia del éxodo africano

Carlos Feo

Noadibú. Ciudad en la costa norte de Mauritania. El día 15 de marzo del 2006 la Media Luna Roja dio una voz de alerta al anunciar que en los últimos seis meses habían desaparecido más de mil trescientas personas en el mar al intentar alcanzar el “sueño europeo”, o mejor valdría decir, al intentar huir de la pesadilla de la pobreza y las guerras que asolan a Africa. Es esta pesadilla la que hace que cientos de miles de africanos y africanas abandonen sus tierras y su familia en un largo y penoso viaje hacia las costas o los bosques cercanos de Ceuta y Melilla, dos ciudades africanas en el norte de Marruecos pero bajo administración española, ciudades-botines que aún quedan de la colonización. Sin embargo, tan sólo dos de cada diez personas que emprenden este viaje logran realmente llegar a la frontera: ahí se prepararán para saltar la valla que los separa de estas dos ciudades o navegar en una frágil embarcación con la esperanza de saltar también ese muro invisible que es el mar.

Los muros

Esta voz de alarma se hace eco de lo que ya diferentes organizaciones han anunciado: la catástrofe humanitaria que significa querer atravesar el muro, convertido en valla o en mar. La Asociación Marroquí de Familiares de Víctimas de la Inmigración Clandestina (AFVIC), en un exhaustivo seguimiento a esta catástrofe humanitaria, señala que entre 1997 y el 2001 se han recuperado, en ambos lados del Estrecho de Gibraltar, tres mil doscientos ochentiséis cadáveres de inmigrantes ahogados, pero por cada cadáver recuperado estiman que hay tres desaparecidos.1 Es decir, estamos hablando de más de trece mil personas que han perdido la vida, tan sólo en la ruta del Estrecho de Gibraltar, que es la más frecuentemente utilizada para llegar a Europa desde Africa, o al menos lo era antes de que la Unión Europea le otorgará a Marruecos el papel de gendarme fronterizo, que ha cumplido a cabalidad gracias al aporte financiero, tecnológico y militar realizado por la Unión Europea.

Otra de las rutas más transitadas es la que lleva hasta la costa norte de la República Democrática Árabe Saharaui, a la capital de El Aaiún, invadida y ocupada desde hace más de treinta años por el gobierno marroquí. A cien kilómetros de El Aaiún está la isla de Fuerteventura, perteneciente al archipiélago de las Islas Canarias. Son cien kilómetros de mar, que en el mejor de los casos se hacen en veinticuatro horas. Son veinticuatro horas en unas frágiles embarcaciones que llaman pateras, hechas de madera y recubiertas de alquitrán, de no más de diez metros de largo. El viaje se hace generalmente con más de veinticinco personas a bordo, lo que dificulta aún mas la estabilidad del barco, en un mar con olas de cuatro metros de alto y sed de pateras.

Otras decenas de miles intentan llegar a los bosques de Ben Yunech y Gurugú y esperar el momento oportuno para saltar las vallas que separan a Marruecos de las ciudades españolas de Ceuta y Melilla. Pero no hay momento oportuno: Son vallas de tres a seis metros de altura y de veinte kilómetros de largo. Están fabricadas de alambre con filos tipo navaja y equipadas con luces de alta intensidad, videocámaras de vigilancia, equipos de visión nocturna y detectores subterráneos de movimiento, además de ser constantemente patrulladas tanto por la Guardia Civil española como por la gendarmería marroquí.

Franco Franttini, comisario europeo de Justicia e Interior, afirma que hay alrededor de treinta mil inmigrantes esperando saltar la valla. Ben Yunech y Gurugú se han poblado bruscamente para cobijar bajo sus árboles a quienes mañana darán el salto: son árboles-escaleras.

A finales de octubre del 2005 trascendió a los medios de comunicación el asesinato de catorce personas que alzaron sus escaleras de madera para saltar las vallas. Tanto el gobierno de Marruecos como el de España, en una cínica partida de ping pong se van pasando la pelota. Quema.., pero no tanto. Los que no son asesinados son encarcelados, entregados a Marruecos, y frecuentemente abandonados en el desierto. La ONG Médicos del Mundo, Amnistía Internacional y el Frente Polisario son algunas de las organizaciones que han encontrado aún con vida a muchos de estos abandonados. Todas ellas saben que el desierto es un cementerio más.
Mientras, la Unión Europea se reúne y decide “colaborar” y detener esta tragedia. Destina más de doscientos millones de euros a aumentar el tamaño de las vallas de Ceuta y Melilla, incrementar el número de funcionarios que vigilan las fronteras y potenciar el Sistema Integral de Vigilancia Exterior (SIVE), un sofisticado dispositivo que permite, a través de satélites, detectar la ubicación de pateras en el estrecho de Gibraltar y en el Océano Atlántico. Pero mientras la pobreza y la guerra continúen, el flujo migratorio no se detendrá, como ha quedado demostrado en estos primeros meses del 2006.

Ya salen menos pateras desde Marruecos y desde el Sahara gracias a la implementación del SIVE, pero ahora los puntos de partida son desde más al sur, lo que indudablemente aumenta los riesgos de muerte para los migrantes. Desde Noadibú en Mauritania hasta las Islas Canarias son ochocientos kilómetros, es decir, aproximadamente tres días de navegación. Desde ahí ya no salen en pateras, sino en cayucos, embarcaciones un poco más grandes y estables, pero no tanto como para garantizar la llegada. En estas embarcaciones de aproximadamente veinte metros de largo y tres de ancho, viajan hasta ochenta personas. Antes de partir, cargadas de miedo y esperanzas, tienen el gusto (¡Viva Africa!) de decorarlas, convirtiéndolas en una obra de arte, quizás para espantar el color blanco de la muerte. Y disculpen el matiz trágico, pero no es para menos. La ONG Médicos del Mundo y la Misión Católica, ambas radicadas en Noadibú, avalan el citado informe de la Media Luna Roja, al señalar que tan sólo llegan la mitad de los que salen. Desde enero a agosto del 2006 han llegado a las Islas Canarias por esta vía alrededor de veinte mil personas. Saquen la cuenta.

Pero hay otra trágica variante que incrementa las probabilidades de muerte: la Unión Europea ha implementado acuerdos con Mauritania para que controle sus costas y evite la salida de migrantes. La consecuencia no podía ser más previsible: ahora están saliendo desde St. Louis, al norte de Senegal. El trayecto desde ahí es de mil seiscientos kilómetros, la duración, una semana por lo menos. Y siguen saliendo por miles, y siguen muriendo por miles.

Mientras, la Unión Europea sigue fortificándose: el 7 de junio del 2006 una armada de la OTAN atracó en Gran Canaria con el objetivo de frenar la migración. Por otro lado, la dificultad de obtener visas europeas es cada vez mayor, aunque en abril del 2006 el ministro del interior francés, Nicolás Sarkosy, propuso aumentar el número de visas que otorgaría Francia a sus embajadas y consulados en Africa, con una condición: esas visas serán otorgadas a quienes tengan una educación superior, lo que contribuye también a la fuga de cerebros, que en este caso parece más robo que fuga (pero no será el “nivel educativo” de los futuros migrantes lo que impida que en Francia sigan ardiendo los autos).

Los datos en relación con la fuga-robo de cerebros son también escalofriantes: tan sólo por poner un ejemplo, tres de cada diez médicos graduados en Ghana se marchan a Europa y a los Estados Unidos.2 Por otro lado, Europa admite que necesita de los inmigrantes para poder vivir: recordemos que Europa es un continente en el que la población mayor de sesenta años, en la mayoría de sus países, representa más del 30 % del total. En España son los inmigrantes quienes mantienen la seguridad social: aportan casi el 30 % de sus fondos. Además, es el trabajo de esos mismos inmigrantes, muchas veces en condiciones de precariedad laboral, lo que ha contribuido al desarrollo económico de grandes regiones, como el sur de España. Así sucede en los países europeos con mayor población inmigrante, como el Reino Unido, Francia, Alemania e Italia, donde a pesar de la necesidad latente de mano de obra inmigrante existen duras leyes que, a la vez que persiguen a esta misma población inmigrante clandestina, la perpetúa en esa condición de clandestinidad. Pareciera que existe un interés en que sigan siendo jurídica, social y psicológicamente personas de segunda categoría.

El chivo expiatorio

En las Islas Canarias la situación es de alarma. Ya los medios han hecho lo suyo al caracterizar esta llegada de inmigrantes como una “invasión” o “avalancha”. Se ha inoculado la idea de que “los inmigrantes vienen a ocupar nuestros puestos de trabajo”, cuando no hay nada más alejado de la realidad que esta idea. Estudios financiados por el propio gobierno español indican que España necesitaría al menos un millón cien mil millones de inmigrantes para cubrir en el 2010 su déficit de mano de obra.3

Esos medios de comunicación tampoco hablan de las deportaciones masivas ni de las encarcelaciones. Los que logran llegar a las islas son detenidos durante cuarenta días en lo que eufemísticamente llaman centros de retención. Una vez cumplida la condena, muchos son “repatriados” (otro eufemismo, o más bien mentira, pues en muchos casos ni siquiera son devueltos a sus países de origen, sino abandonados a su suerte en el país desde el cual se embarcaron).

Eso sí, han encontrado a quien echarle la culpa de esta tragedia: las mafias, esas redes de personas inescrupulosas que engañan a los incautos inmigrantes para montarlos en una barca, echarlos al mar y jurarles que en pocos minutos estarán en España. Los mafiosos “patrones”, aquellos que maniobran la barca, tienen que cumplir siete años de cárcel. Alí, un joven saharaui que tuvimos la oportunidad de conocer en Canarias, estuvo preso junto a tres compañeros, acusado injustamente de ser ayudante del patrón. Cumplía con todos los requisitos para serlo: era árabe y fue detenido en el desembarco de una patera en la playa. Suficientes indicios, aunque quizás no tanto, porque finalmente, luego de nueve meses de cárcel, logró salir y hoy espera sin esperar tener algún día los papeles que le den existencia legal.

También tuvimos la oportunidad de conocer a periodistas responsables que en su trabajo de investigación se han tenido que trasladar a Africa en busca de las tales mafias: ninguno de ellos ha regresado con datos que confirmen la presencia de las mismas. Uno de ellos, José Naranjo, periodista del diario canario La Provincia lo sintetiza de la siguiente manera:

Decimos: “La culpa es de las mafias que se benefician del sufrimiento de los seres humanos” y no pensamos que la culpa es realmente nuestra por la dureza con la que hemos levantado un muro invisible. Yo siempre he puesto en tela de juicio la propia existencia de las mafias, he tenido oportunidad de estar en El Aaiún, en Mauritania, en Mali, en Marruecos y no he podido constatar la existencia de mafias como tal. Sí que hay gente que obtiene dinero a cambio de trasladar a los inmigrantes, pero eso es lo que hace Iberia o Transmediterránea, cobrar por trasladar. Si los inmigrantes acuden a ese tipo de personas es porque las embajadas europeas no dan visado; si las embajadas europeas dieran visado de entrada seguro que no acudirían a eso, además les saldría mucho mas barato”.

Pero para muchos la culpa seguirá siendo de las mafias.

Lo que el colonialismo nos dejó

¿Por qué emprenden este viaje trágico tantos miles de africanos? Por la pobreza. Cada vez hay más acuerdo sobre esta causa, pero sin mayores desarrollos e incluso con conceptos errados. Dicen “Africa es pobre”, cuando la realidad los desdice. Africa es uno de los continentes más ricos del mundo, pero ha sido empobrecido por las políticas coloniales de explotación y saqueo de sus recursos naturales. La República Democrática del Congo está considerado como uno de los países más ricos del mundo. En él podemos encontrar múltiples recursos como coltán, oro, diamantes, petróleo, madera, agua, biodiversidad. Sin embargo, es un país sumamente empobrecido y diezmado por la guerra, que ha sido considerada la catástrofe bélica de más envergadura luego de la Segunda Guerra Mundial. Fue una guerra que contó con el entrenamiento en técnicas de tortura de los especialistas militares estadounidenses, belgas, franceses, ingleses e israelíes, y que cobró la vida de más de siete millones de africanos. Tan sólo en cuatro meses –de abril a julio de 1994– murió un millón de personas en Rwanda, país limítrofe con el Congo. La ecuación salta a la vista: países ricos en recursos naturales + intereses de las multinacionales (apoyadas militarmente por los países europeos y los Estados Unidos) = muerte, pobreza, saqueo.

En este genocidio congoleño, el interés principal era apoderarse del coltán, mineral imprescindible para la fabricación de teléfonos móviles y misiles (en ese orden). El Congo, con el 80% de los yacimientos mundiales de este mineral, se colocó en la mira.

Quienes no sufrieron pérdidas fueron las grandes empresas de telefonía móvil, como Motorola, Ericsson, Nokia, Sony, Siemens, que en tan sólo cinco años han tenido un incremento de las ventas de más del mil por ciento, lo que convierte a esta industria en la más boyante de los últimos tiempos. Ni mucho menos los gobiernos europeos exportadores de armas. Para muestra, un botón: Africa es el principal destinatario de las municiones fabricadas en España. Tan sólo en el 2004 España vendió a Ghana treintisiete millones de cartuchos.4

Pero para estos genocidios también tienen su chivo expiatorio: las guerras étnicas, como en el caso del Congo, o la sanguinaria tiranía de un dictador, como en el caso de Charles Taylor en Sierra Leona. Lo que nunca vemos en los medios es el papel directo de las potencias europeas y estadounidense en la perpetuación de esta situación de saqueo y el mantenimiento militar de regimenes títeres. Ya sabemos también lo que hacen con quienes no quieren ser títeres, como Lumumba, en el Congo, asesinado en 1961 con la participación de la CIA y el servicio secreto belga, o Thomas Sankara, presidente de Burkina Faso, asesinado en 1987. O más recientemente, con acciones como las que realizó la aviación francesa, el país de la “libertad, la igualdad y la fraternidad”, promotor de los derechos del hombre, al disparar sobre una manifestación de civiles en el 2004 en Costa de Marfil y asesinar asesinar a más de sesenta personas.5 Y los ejemplos se podrían multiplicar ad infinitum.

A fin de cuentas, tal como afirma el Forum Internacional para la Verdad y la Justicia en el Africa de los Grandes Lagos, liderado por Adolfo Pérez Esquivel, “lo que sucedió en Rwanda no fue un genocidio planificado por los hutus, sino un cambio de régimen, un golpe de estado apoyado por potencias extranjeras con fuerte interés económico en la zona. Este conflicto es sobre todo la historia del pillaje y la lucha por el control de la explotación de los riquísimos recursos naturales del Congo”. Y añadía acertadamente: “No se cometen las masacres porque sí, hay planes perfectamente diseñados de dominación cuyo objetivo es el saqueo de los recursos, de sus riquezas. Son pueblos riquísimos empobrecidos”.6

Pero tanto Europa como los Estados Unidos seguirán con su plan de saqueo. Entre otros intereses hay que resaltar que Africa posee el 30% del potencial hidroeléctrico del mundo, así como el 20% de las reservas de petróleo del mundo. Es por ello que los Estados Unidos se han instalado en la zona, principalmente en el delta del Níger, pues estiman que para el 2010 Africa será una de sus principales fuentes de abastecimiento energético.

Irónicamente, uno de los pretextos con los que Europa y los Estados Unidos se instalan en Africa es la ayuda humanitaria, bien sea para combatir el hambre, los destrozos de la guerra o el SIDA. Pero en diez años de “ayuda humanitaria” Africa ha empeorado. Ha sido el único continente en el que la pobreza ha aumentado. Pero para eso también tienen un pretexto: la ineptitud y la corrupción propias de la clase dirigente africana. Pretexto cínico, porque en muchos casos son sus propios cómplices a quienes tildan de ineficientes y corruptos.

Recordemos también que la historia del saqueo africano tiene una profunda y trágica huella histórica con la masiva deportación de africanos hacia América. Según un experto de la UNESCO, las pérdidas humanas se elevaron a doscientos millones de personas durante los tres siglos que duró la trata de esclavos. Esos esclavos fueron los que permitieron generar el impulso para que los Estados Unidos se convirtieran en una potencia mundial, pues gran parte de su riqueza se construyó a partir de la producción algodonera, sustentada por el trabajo gratuito de los esclavos africanos. Según historiadores estadounidenses, el trabajo gratuito de los esclavos producía el 75% del algodón mundial. El agradecimiento de los colonos blancos después de la abolición de la esclavitud no se hizo esperar: un negro era colgado y quemado como promedio cada dos días.

Todos estos elementos están muy presentes todavía en el africano. Son cincuentiséis millones los inmigrantes en Europa. Dieciocho de ellos provienen de Africa. Son una fuerza en potencia. Muchos lo saben, y no caen en el mal llamado discurso “integrador”, que busca más bien alienarlos del sistema que mal los acoge. Tienen sus raíces en Africa. Aman a Africa. Viven Africa desde Europa. Y aunque las leyes europeas los mantienen como ciudadanos de segunda clase, sus ojos miran con certeza. Saben cuál es la salida, claman por la unidad africana. Son orgullosos. Afortunadamente. Para muchos de ellos la solución se sintetiza en aquella frase que dijo el expresidente de Tanzania, Julius Nyerere, cuando le ofrecieron ayuda económica de Europa: “no necesitamos que nos echen una mano, basta con que nos quiten el pie de encima”.

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Notas:

1—Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía. Derechos Humanos en la Frontera Sur 2006. Informe sobre la inmigración clandestina año 2005. www.apdha.org
2—Investigación realizada por Belén Diego: “La emigración deja sin médicos a los países pobres”. Websalud: www.websalud.com/articulo.html
3—Según un estudio de la empresa de trabajo temporal Allbecon, presentado durante la jornada empresarial Mercado de trabajo: retos y perspectivas 2005-2010.
4—Según el informe de Oxfam Internacional: “Municiones: el combustible de los conflictos”, citado en “Africa: el destino de las balas españolas”, artículo de Agencias InSurGente. Tomado de rebelión.org, 19 de junio de 2006.
5—J. D. Fierro: “Costa de Marfil es víctima de una guerra de intereses ajenos”. Tomado de rebelión.org, 21 de diciembre de 2004.
6—Del documento del Forum Internacional para la Verdad y la Justicia en los Grandes Lagos. www.grandslacs.net.
(Una versión preliminar de este artículo se publicó en
www.rebelion.org).

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