Encuentros con los discípulos

Yoimel González

Para Alejandro Dausá

En el año 2002 llegó a mis manos un librito azul oscuro titulado Encuentros con el maestro. La pedagogía de Jesús de Nazaret.1 Alejandro Dausá, el autor, presentaba en la segunda parte del cuaderno seis propuestas de encuentros bíblicos, elaborados a partir del Evangelio de Juan. La sugerencia del autor era leer los textos bíblicos propuestos, a partir de la experiencia pedagógica del maestro Jesús y los “discípulos” que aparecían en las historias: el ciego de nacimiento, María de Betania, Nicodemo, la samaritana…
Justo al final del cuaderno aparecía el encabezado de un séptimo encuentro que no se había escrito. El autor nos invitaba a los lectores a escribir ese encuentro pendiente, a que completáramos su obra, a que la hiciéramos perfecta. Aunque quedé fascinado con la propuesta, debo reconocer públicamente que nunca escribí el séptimo encuentro que me proponía Alejandro.
Cinco años después aparece la segunda edición de aquellos Encuentros… Me apresuro y busco el final del cuaderno. Pienso que todavía estará allí el espacio en blanco del séptimo encuentro que nunca llené. Quizás lo escriba en esta ocasión, pienso, y aparece ante mi vista, en la página noventidós, el séptimo encuentro, escrito de arriba a abajo. No hay dudas: el autor ha completado su obra, la ha hecho perfecta.
Hace unos meses me pidieron que escribiera un artículo sobre teología y pedagogía para la revista Caminos. Enseguida vinieron a mi mente los Encuentros con el maestro, la propuesta pendiente que nunca entregué, la página noventidós completamente llena. ¿Qué tal si aparecieran de repente los “Encuentros con los discípulos”?, pienso y sonrío, satisfecho de encontrar otra forma de completar los Encuentros de Alejandro.
Estas serán las reflexiones de los discípulos interlocutores de Jesús. Ellos han recorrido el camino hasta nosotros y forman parte del Programa de Reflexión/Formación Socioteológica y Pastoral (PRFSyP) del Centro Memorial Dr. Martin Luther King, Jr. (CMMLK). Son un ciego de nacimiento, un paralítico, una mujer acusada de adulterio, el fariseo Nicodemo, una samaritana, María de Betania y María Magdalena.2 Tres hombres y cuatro mujeres que nos harán repensar la concepción pedagógica que sostiene nuestro Programa. En ellos está el rastro del Maestro. Sus rostros son nuestros rostros, sus experiencias las nuestras. Estos son los encuentros con nosotros mismos, los discípulos y las discípulas de estos tiempos.

El nacimiento (dónde y de qué se nutren los discípulos y las discípulas)

El CMMLK es fruto de muchos maestros y maestras, discípulos y discípulas. Según Esther Pérez, es una encarnación de los esfuerzos de algunas personas que comenzaron a introducir la educación popular en nuestro país en la década del setenta. Ahí, en medio del intercambio de presupuestos pedagógicos nuevos, del diálogo con el pensamiento de Paulo Freire y de los esfuerzos por dinamizar el intercambio de ideas y el cambio social, surge el CMMLK en 1987.3
Ocho años más tarde nace allí el Programa de Reflexión/Formación Socioteológica y Pastoral. Este surgía no sólo de las raíces pedagógicas del Centro, sino también del espíritu de compromiso cristiano y ecuménico de la Iglesia Bautista Ebenezer. Es decir, que en los orígenes de nuestra labor pedagógica están la educación popular y el énfasis de esta en los sujetos y el contexto sociales, la espiritualidad cristiana comprometida con el pueblo (cubano y latinoamericano) y la opción por el ecumenismo de base. El Programa surgía en un momento de crecimiento numérico en la membresía de las iglesias cubanas, y optó, desde sus inicios, por la formación de líderes emergentes que llegaban a las iglesias con una sólida formación profesional, aunque sin una educación bíblica y teológica que les permitiera una inserción más profunda en las estructuras de sus respectivas iglesias.
Es interesante apuntar que en esa etapa inicial del Programa se crean cursos de vital importancia para la tarea educativa del mismo. Los talleres de formación socioteológica surgen en esa época inicial del PRFSyP (1994) y todavía hoy siguen reuniendo anualmente a un grupo de cristianos y cristianas. Resulta necesario destacar un espacio formativo que fue importante en esos momentos para el Programa: el Curso de Educación Pastoral (CEPAS).4 Este era un servicio de educación a distancia que ponía en práctica el Instituto Bíblico Latinoamericano de Costa Rica. Entre 1987 y el 2005, contribuyó a la formación bíblica, teológica y pastoral de muchos cristianos y cristianas de nuestro país. En 1998, Alejandro Dausá indicaba que en Cuba ese año funcionaban alrededor de cincuenta grupos de diferentes denominaciones que trabajaban con el CEPAS.5
La segunda etapa del PRFSyP (2000-2005) profundizó en la educación bíblico-teológica y en la capacidad de propiciar articulaciones entre los diversos espacios del Programa. Surgen entonces el Curso de Lectura Popular de la Biblia, la Cátedra de la Mujer Reverenda Clara Rodés in Memoriam y el Recinto Universitario Descentralizado (RUD) de la Universidad Bíblica Latinoamericana (UBL)6 que contribuyeron a la formación bíblica, al debate de género y a la formación bíblica, teológica y pastoral de los cristianos cubanos.
Ya para esa época empiezan a verse, poco a poco, los frutos de la labor pedagógica desarrollada durante los primeros años de trabajo. Se integran así muchos colaboradores y colaboradoras formados por el Programa que comienzan a asumir como propios espacios educativos y organizativos en diversos niveles.
En el 2005, diez años después de creado el PRFSyP, y como resultado de un intenso trabajo de diagnóstico, comienza una nueva etapa del Programa que enfatiza la consolidación del trabajo anterior y el acompañamiento a las comunidades y personas que se habían beneficiado durante años de su pedagogía. La mirada se torna más radical hacia los procesos formativos de los grupos distribuidos por todo el país, se busca una articulación mucho más fuerte y se transforma el diseño del Programa, el cual prioriza la revisión de nuestra metodología de trabajo y la sistematización de la misma.
Como parte de ese repensar nuestras prácticas y concepciones pedagógicas, optamos por una pedagogía que parte de las experiencias, las vivencias y los conocimientos de las personas. De esa manera, estas se convierten en sujetos del proceso de aprendizaje y construyen comunitariamente el conocimiento. Nuestra pedagogía fomenta el análisis crítico, el poder de transformación personal y social, y las relaciones horizontales.
Discípulas y discípulos han conformado siempre todo ese entramado de ideas y proyectos que he descrito. Ellos y ellas han sido parte indispensable del PRFSyP y su evolución. Los rostros han sido muchos. Sus energías se han aunado a la hora de concebir y poner en práctica nuestra pedagogía. ¿Qué tal si nos encontramos ahora con algunos de los protagonistas?

El encuentro con los discípulos y discípulas, y su pedagogía

A partir de este momento propondré algunos encuentros con discípulas y discípulos. Estos tienen su referente tanto en la “realidad”, como en los discípulos de las propuestas bíblicas presentadas por Alejandro Dausá en su libro.
Creo que los encuentros pueden ser vividos y leídos desde varias perspectivas. El análisis de diversos énfasis del PRFSyP puede estar mediado por el texto bíblico propuesto y por las pequeñas historias de discípulos y discípulas que aparecen al inicio y al final de cada encuentro. Las preguntas al término de cada uno de ellos contribuirán a cuestionarnos nuestras concepciones y prácticas pedagógicas. Usted podrá decidir libremente de qué manera encontrarse con la pedagogía que desarrolla: ¿a través de la Biblia, por medio de las experiencias de otros y otras, a partir de la reflexión mediante afirmaciones y preguntas, desde la combinación de varias de estas formas? Lo más importante, al final, es que estos sean, además, los encuentros con usted mismo, con usted misma.

El encuentro con el paralítico (Jn 5,1-18;19-47)

¿Quién era yo como joven? ¿Quién era yo dentro de la iglesia? ¿Quién era Dios para mí? ¿Qué era vivir la fe?7 Estas y otras preguntas se hizo el discípulo en cuanto abrió sus ojos en la mañana.

Todo el trabajo educativo que hacemos a diario surge de la tensión entre dos polos: el comunitario y el personal. Trabajamos con personas que tienen características y dones específicos, pero que también forman parte de las comunidades. Precisamente, uno de los énfasis del PRFSyP es partir del trabajo con la persona que interviene en el trabajo comunitario. Su responsabilidad, sus dones y su riqueza humana pueden representar valiosos aportes. Esto no debe contradecir de ninguna manera la importancia de la comunidad, ni debe subvalorar el incuestionable valor de la construcción colectiva del saber, requisito indispensable de la educación popular.
En nuestro medio es muy común escuchar frases como “el pueblo pidió”, “la comunidad necesita”, “la gente dice”, “el grupo no quiere”. Por lo general, ellas esconden e invisibilizan las preocupaciones y deseos, y también el egoísmo personales. Las consecuencias de estas actitudes son la parálisis, la desconfianza hacia las personas y el estancamiento de las búsquedas y crecimientos personales. El ser humano pierde su capacidad de crecimiento espiritual, y una comunidad compuesta por discípulas y discípulos paralizados acaba por debilitarse y morir. La autoestima personal contribuye a crear comunidades maduras y abiertas a nuevas tareas y experiencias.
Hace más de un año el PRFSyP elaboró varias guías de preguntas con el fin de que en los encuentros y talleres los participantes las contesten por escrito. Más que un simple cuestionario o encuesta, las guías pretenden ser instrumentos educativos mediante los cuales podemos cuestionarnos a nosotros mismos como discípulas y discípulos en medio de los caminos que transitamos. Es importante decir que muchas de las preguntas que aparecen en esas guías persiguen que las personas se vean inmersas en una comunidad, en la cual deben desempeñar un papel fundamental. Aún no sabemos cuál es el impacto de esas preguntas a nivel personal y comunitario. Sin embargo, creemos que observarnos, pensarnos y recrearnos son ejercicios indispensables para el crecimiento personal y comunitario que buscamos. Como una extensión de las guías, continuamos preguntándonos: ¿Cuáles son los síntomas de una persona paralizada? ¿Cuáles los de una comunidad? ¿Cómo hacer de nuestras comunidades espacios de crecimiento personal? ¿Cómo contribuyen a este crecimiento los procesos educativos que desarrollamos en nuestras comunidades?

El discípulo salió temprano. Tenía deseos de responder las preguntas que se había hecho al despertar. De seguro alguien lo escucharía atentamente, como adivinando en aquellas palabras las suyas propias.

El encuentro con la mujer acusada de adulterio (Jn 7,53-8,11)

La discípula recibió un sobre a media mañana. La curiosidad la llevó a abrirlo inmediatamente; no estaba acostumbrada a recibir misivas de sus amigos y familiares. No era una carta, sino una foto. Un grupo de personas en un lugar conocido. Ella juraba que había estado allí, pero no conseguía identificar su rostro en la foto. ¿Dónde estaba ella en aquel grupo?

Nuestras prácticas educativas se deben desarrollar de forma paralela a un debate sobre temas como participación y poder. Estos están íntimamente ligados a nuestras formas de aprender y enseñar; y es a partir de temas como esos que debemos cuestionar el carácter popular de nuestra educación y la lectura bíblica que hacemos en nuestras comunidades.
Según las estadísticas del PRFSyP8 durante el año 2006:

1. el 57,5% de los participantes en encuentros y talleres regionales y nacionales son mujeres;
2. el 81,5% de los participantes son jóvenes entre quince y cuarenta años de edad;
3. la amplia mayoría de los participantes son laicos.

La realidad que revelan estos datos no sólo nos habla de los niveles de participación en nuestros encuentros y talleres, sino también del impacto de nuestra formación en las comunidades donde viven las personas vinculadas al Programa. Según los datos anteriores, las personas con las que trabajamos son, en su mayoría, mujeres, jóvenes y laicas; sin embargo, sabemos que en nuestras comunidades persisten rasgos adultocéntricos, machistas y pastorcéntricos. Sin dudas, la opción que hace el PRFSyP por la equidad de género y la promoción del liderazgo juvenil se entronca con la realidad de nuestras comunidades y el poder masculino, adulto y pastoral abundante en ellas.
En aras de problematizar aún más esta realidad, podríamos apuntar algunas otras categorías, además del género, la edad y la ordenación o no al ministerio pastoral, que pueden incidir en el impacto de nuestra pedagogía. Estas son la raza, la identidad sexual, el nivel cultural.
En nuestro Programa suceden también procesos participativos complejos, dado que trabajamos con cuatro niveles bien diferenciados. Ellos son el equipo de trabajo del Programa,9 las tres regiones,10 las comunidades y las personas. A esto hay que añadir que en nuestros procesos educativos intervienen actores con diversas expectativas, grados de inserción en el Programa y acumulados formativos.
Como consecuencia de esta reflexión, surgen algunas preguntas en relación con los procesos educativos que desarrollamos cotidianamente: ¿Cómo se insertan en este panorama las expectativas, los intereses, las capacidades y los sueños de las personas con las que trabajamos? ¿Cómo conciliar los objetivos pedagógicos del PRFSyP con los intereses y necesidades de las regiones y comunidades? ¿Qué impacto tiene esta realidad en nuestros procesos educativos? ¿Cuál está siendo el impacto de nuestra formación en el CMMLK, en el trabajo y la misión de nuestras comunidades? ¿Cuál es el impacto en nuestra vida personal? ¿Qué es lo estrictamente popular de nuestra pedagogía y nuestra lectura bíblica? ¿Cómo redefinir, entonces, lo que es educación popular y lectura popular de la Biblia, a partir de esta realidad?

La discípula pasó horas buscándose entre los rostros conocidos de la fotografía. Recordaba los nuevos amigos que había hecho, cuánto se había divertido y aprendido, incluso el lugar exacto donde se había colocado para ser fotografiada junto al grupo; pero por más que buscó, no se halló a sí misma.

El encuentro con Nicodemo (Jn 3,1-10)

El discípulo salió de su casa seguro de todas sus posibilidades. Todo estaba bajo control. Escucharía las opiniones de todos, reiría al escuchar el último chiste de moda. No se dejaría provocar por nada. A fin de cuentas, ¿quién podría cuestionar sus quince años de discipulado, los más diversos cursos con prestigiosos maestros, el intachable comportamiento cada segundo de su vida…?

La pedagogía con la que trabajamos provoca que nos cuestionemos constantemente sobre todo lo que sabíamos hasta ese momento. La nueva forma de leer la Biblia, el contacto con el pensamiento teológico más novedoso, las nuevas metodologías que usamos en los encuentros y talleres, la literatura que llega a nuestras manos… Todo puede constituirse en detonante de una crisis de los conocimientos y metodologías utilizadas hasta ese momento, de las estructuras eclesiales y de nosotros mismos. Los talleres regionales11 constituyen un espacio en el que las personas se acercan por primera vez a la pedagogía del CMMLK.
Las jornadas locales12 también son espacios importantes para que las comunidades comiencen a identificarse con nuevas formas de entender su vida de fe y, de esa forma, redimensionen sus conocimientos y experiencias. Estamos en presencia de una pedagogía del choque, del encuentro con lo nuevo, ante la que no sabemos muy bien cómo actuar, qué pensar, cómo conciliar los nuevos aprendizajes con lo que antes teníamos por seguro.
A partir de esa realidad, muchas personas nos hemos preguntamos continuamente cómo volver fructíferas estas experiencias, cómo reducir el impacto de las crisis de fe, cómo evitar el abandono del discipulado o el regreso a las antiguas concepciones y prácticas poco participativas y democráticas. Esta interrogante inicial nos lleva a otras preguntas: ¿confiamos únicamente en una pedagogía del choque? ¿Y después del choque, qué? ¿Cuáles pueden ser las consecuencias de este tipo de práctica para las personas involucradas en el proceso de aprendizaje? ¿Cómo acompañar a estas personas en sus comunidades? ¿Prevemos momentos en los diseños de nuestros encuentros/talleres para que los participantes hablen sobre el impacto de lo que han aprendido? ¿Cuál es el diseño de esos momentos? ¿Cómo se conectan con el resto de la propuesta diseñada? ¿Estamos preparados como colaboradores para brindar ese tipo de pastoral? ¿Cómo acompañar desde el equipo del PRFSyP las experiencias educativas que se desarrollan en las comunidades? ¿Nos sentimos acompañados en nuestros procesos pedagógicos propios?

El discípulo regresó a su casa con un sabor amargo en la boca. Lo que había escuchado durante aquellas pocas horas no tenía nada que ver con sus certezas. Era un cambio muy brusco. La propuesta era novedosa, no podía negarlo; sin embargo, una pregunta rondaba por su mente: ¿y después del choque, qué?

El encuentro con María de Betania (Jn 11,1-45)

La discípula recorrió las calles bulliciosas hasta llegar a la casa de su amiga. Se abrazaron como si no se hubieran visto en siglos. Caminaron hasta la pequeña estera colocada en un rincón, en el piso, donde siempre era posible encontrar velas, inciensos, libros… Veamos qué tenemos para hoy, dice la amiga y escoge la Biblia. La abre al azar, como queriendo develar algún antiguo arcano para su vida, y lee: “Jesús lloró”.

Desde que somos pequeños nos enseñan que la mejor manera de aprender es leer más, sacar conclusiones a partir del razonamiento lógico, responder preguntas elaboradas con antelación. Esa es una pedagogía de la soledad y la razón. El discípulo está solo frente al bombardeo de conocimientos del maestro y de él se espera la reproducción fiel del razonamiento lógico que se le presenta. ¿Dónde quedan en esta concepción pedagógica la sospecha, la duda, el azar, la relación con las y los otros, el cuerpo y sus sensaciones?
La educación que se ha desarrollado tradicionalmente en nuestras iglesias promueve experiencias pedagógicas basadas sobre la racionalidad y la memorística. Se espera de los discípulos y discípulas que escuchen atentamente las palabras del predicador cada domingo, que aprendan de memoria los contenidos bíblicos y teológicos y que den la respuesta acertada.
Desde el PRFSyP intentamos contribuir sostenidamente a la promoción de una pedagogía que no sólo busca la adquisición de conocimientos bíblicos y teológicos, sino también el enriquecimiento espiritual de todos y todas los que participan en nuestro Programa. Justo porque pensamos en eso, promovemos procesos educativos en los que los momentos celebrativos y litúrgicos se convierten en fuentes de conocimientos personales importantes.
Para lograr una pedagogía abarcadora como la que proponemos es necesario tener en cuenta algunos detalles. Los momentos litúrgicos se deben convertir en algo más que simples dinámicas y ejercicios espirituales. Ellos representan un cambio importante con respecto a las tradicionales celebraciones litúrgicas caracterizadas por el verbalismo y la pasividad de los participantes. Intentamos que en nuestras liturgias prime la constante celebración de la vida, que todos se conviertan en mediadores de los otros y otras, y que se practique el más evangélico sacerdocio universal de los creyentes. Ningún individuo tiene la primacía de la mediación sobre los otros. Las bendiciones y el perdón de los pecados, momentos litúrgicos exclusivos de pastores y sacerdotes en nuestras iglesias, son compartidos por los participantes.
Por otra parte, los himnos, las lecturas y las oraciones deben contribuir al desarrollo del proceso educativo. La teología y el vocabulario de los mismos deben ser coherentes con nuestras formas de entender a Dios, el ser humano, Jesucristo y la vida en general.
Una de las herramientas pedagógicas importantes del PRFSyP es la separata Caminos de vida. Esta publicación mensual intenta presentar un novedoso acercamiento bíblico y teológico, en el que los enfoques litúrgicos y celebrativos constituyen parte fundamental del proceso educativo propuesto. Las propuestas de celebraciones, que van más allá del calendario litúrgico tradicional, intentan promover también un aprendizaje emocional de los miembros de nuestras comunidades, a través del cual se promueve que festejemos la presencia divina en todos los momentos de nuestra vida.
También es necesario pensar en la importancia que tiene la corporalidad en nuestros procesos educativos. Aprendemos tanto a través de los procesos racionales como de nuestra relación con otras personas por intermedio de los sentidos y las sensaciones. El cuerpo humano, sin dudas, es una fuente de conocimiento importante que debe gozar de mucha más participación en nuestros procesos educativos.
A partir de estas reflexiones surgen algunas preguntas importantes: ¿Qué papel desempeñan los momentos litúrgicos/celebrativos en nuestra pedagogía? ¿Cómo se diseñan esos momentos? ¿Cuál es el papel de los participantes de nuestras celebraciones en los momentos celebrativos? ¿Cómo se relacionan esos momentos con el resto de los encuentros y talleres? ¿Qué papel desempeñan el silencio, el toque, la oración personal, los gestos y la espontaneidad en nuestra concepción pedagógica? ¿Cómo podemos transformar las liturgias de nuestras iglesias en instrumentos pedagógicos de crecimiento espiritual?

La discípula pensó en Betania, el lugar de los encuentros, donde las palabras y los gestos permiten que las personas se conozcan. Allí se vivía a través de la cercanía y ella estaba cerca, con Jesús frente a ella, llorando.

El encuentro con el ciego de nacimiento (Jn 9,1-41)

El discípulo estaba en medio de una verde pradera bañada por un río fresco y apacible. Justo frente a un árbol, el Señor apareció y le pidió que dijera su nombre, de dónde venía y hacia dónde iba. Una sensación de esterilidad se apoderó del discípulo. Nada podía decir porque nada sabía de él y nada veía en su pasado ni en su futuro.

Teología y educación tienen una relación muy estrecha en nuestro trabajo diario. Se supone que las personas que se forman en los espacios del PRFSyP alcancen un pensamiento teológico maduro y coherente, y sean capaces de sistematizarlo y compartirlo.
Al menos dos espacios de nuestro Programa intentan lograr ese objetivo a partir de una acreditación de cursos y talleres. Esos espacios son el Diplomado en Teología Pastoral y Responsabilidad Social13 y el Recinto Universitario Descentralizado (RUD), los cuales se conciben desde modelos educativos novedosos, en los que se espera que las discípulas y discípulos produzcan una reflexión teológica en estrecha relación con una práctica pastoral comprometida y consciente. De esta manera, se rescata aquella novedad de la teología latinoamericana de la liberación: una reflexión teológica como segundo momento, es decir, como reflexión sobre una práctica comunitaria concreta. Sin embargo, no creo que la producción teológica sea privativa únicamente de estos espacios de nuestro Programa. Como nos dice Alejandro Dausá: “Cuando hablamos de elaborar un pensamiento teológico, nos referimos en concreto a la teología que hacemos todos los días, y a la posibilidad de sistematizarla. Teología es, en definitiva, hablar de Dios desde nuestras experiencias de vida y de fe”.14 Es por esa razón que creemos que todas las personas que participan en nuestros encuentros y talleres hacen teología con mayor o menor grado de elaboración y sistematización.
Los frutos de un pensamiento teológico propio y creativo, desarrollado por las personas que se forman en nuestros espacios, redundan en la elaboración de diseños participativos, la capacidad de debate, la reflexión y la evaluación promovida por espacios como el Encuentro Anual de Reflexión y Planificación,15 la participación como formadores y formadoras en espacios ecuménicos dentro y fuera de Cuba, y en la elaboración de folletos, artículos e insumos16 que luego utilizará el Programa.
A partir de esta realidad, surgen algunas preguntas, necesarias para continuar el debate entre teología y pedagogía: ¿Cómo se benefician nuestras comunidades de espacios formativos como el Diplomado y el RUD? ¿Qué tipo de pedagogía sustenta esos espacios? ¿Cómo lograr que sus frutos impacten aún más en los procesos formativos implementados por nuestras comunidades y el Programa? ¿Cómo potencian nuestros encuentros y talleres la reflexión teológica de sus participantes? ¿Qué tipo de teología surge como consecuencia de la concepción pedagógica del PRFSyP? ¿Tiene la teología que hacemos rasgos que la diferencian de la teología tradicional? ¿Tiene nuestra teología una identidad ecuménica? ¿Cómo se evidencia? ¿Cómo contribuye nuestra producción teológica diaria con los procesos educativos que desarrollamos a diario?

El discípulo despertó sobresaltado y enseguida comenzó a recordar el sueño que acababa de tener. No sabía qué pensar de la actuación del Señor durante el sueño: ¿revelación, anunciación, advertencia? Y después de asegurarse de su incapacidad para responder las preguntas del sueño, se apresuró a leer, como le habían enseñado desde pequeño, como todas las mañanas, las Escrituras.

El encuentro con la mujer samaritana (Jn 4,4-42)

Después de algunas semanas había llegado el gran día. La discípula comenzaba una semana de encuentro con otros discípulos de diversas tradiciones religiosas. Un repentino escalofrío se apoderó de ella cuando abrió la puerta del espacio en el que todos debían reunirse. No sabía qué sucedería, pero ya estaba adentro.

Desde hace diez años, el PRFSyP realiza anualmente, junto con sus colaboradores y colaboradoras, un análisis de la situación eclesial cubana a modo de diagnóstico del contexto evangélico con el que predominantemente trabajamos. Algunas de las características del ecumenismo cubano identificadas en este análisis son las siguientes:

– -escaso diálogo ecuménico – -denominacionalismo creciente – -restricción del ecumenismo a una “cooperación funcional y acrítica” con énfasis en celebraciones conjuntas en espacios públicos – -“movilidad física o teológica” de algunos miembros de las iglesias – -fusiones entre iglesias y grupos cristianos a fin de lograr amparo legal – -procesos de fragmentación y separación de congregaciones – -aumento de la presencia de nuevas formas o movimientos religiosos nominalmente cristianos – -comprensión variada y a veces contradictoria del compromiso social de las iglesias en el contexto cubano – -agotamiento de las formas, estructuras e instituciones del ecumenismo tradicional

Todas estas características revelan un ambiente ecuménico complejo, en medio del cual se inserta el PRFSyP con sus objetivos y propuestas concretas, caracterizadas por la formación bíblico-teológica que se produce de la diversidad eclesial y la formación de líderes ecuménicos. De hecho, el tema/eje común seleccionado para el 2007 fue “Ecumenismo: comprender y aprender la diversidad”, lo que ha garantizado que en todos los talleres y encuentros regionales y nacionales se debata sobre el ecumenismo y sus retos actuales para las iglesias cubanas.
Para muchas personas resulta una contradicción que cristianos de diversas denominaciones se puedan formar teológicamente en espacios comunes. Detrás de esta idea subyace una pedagogía del monólogo en la que prima la doctrina y no la experiencia de fe; el discurso acabado y no el laboratorio teológico plural. Sin embargo, la experiencia desarrollada por el PRFSyP hasta el momento demuestra que es posible poner en práctica procesos educativos en los que los cristianos de diversas denominaciones enriquezcan la misión de sus respectivas iglesias. Para ello, es necesario el diálogo respetuoso y desprejuiciado que parta de las respectivas tradiciones teológicas. Así, pueden reafirmarse las identidades denominacionales y, juntas, encaminarse al servicio activo y comprometido con la realidad del pueblo cubano.
Sin embargo, los retos de este tipo de proceso educativo son grandes y puede que los resultados esperados no aparezcan pronto. Algunas preguntas surgen continuamente y otras aparecen ante la nueva realidad: ¿Cuáles son nuestras experiencias ecuménicas más frecuentes? ¿Cuáles de las características del ecumenismo cubano actual se pueden identificar como cercanas a mi experiencia comunitaria? ¿Cómo valorizan nuestros encuentros y talleres la diversidad ecuménica de sus participantes? ¿Qué frutos aporta esa diversidad? ¿Qué retos les plantea a nuestra concepción pedagógica y a nuestros procesos educativos? ¿Cómo superar los conflictos típicos de la formación ecuménica que desarrollamos en el CMMLK? ¿Cómo entender y practicar el diálogo macroecuménico como cristianos cubanos?

Justo al entrar a la habitación alguien la tomó del brazo y la invitó a formar parte de un gran círculo. Una vasija con agua llegó a sus manos. Todos compartían el agua de sus respectivas vasijas y bebían de ella como si fuera un manantial inagotable. ¿Qué más compartiría, aparte del agua, durante esos días de encuentro?

El encuentro con María Magdalena (Jn 20,11-18)

La discípula terminó las faenas del día y se paró frente a la ventana, como queriendo imaginar que todo no había acabado con las últimas luces naturales. Fijó su mirada en una de las estrellas más brillantes y quiso pensar que allí estaban las respuestas a todas sus preguntas. De pronto creyó ver que la estrella recorría el cielo dejando un rastro luminoso, y como para no perder ninguna oportunidad, se apresuró a pedir un deseo.

Nuestra pedagogía no es un fin en sí misma; es parte importante de un proceso de fortalecimiento de líderes ecuménicos con vista a su actuación como sujetos críticos, promotores de transformaciones socioeclesiales comprometidas con la justicia y la paz.17 Toda concepción pedagógica con objetivos claros y precisos tiene muchas posibilidades de dar los frutos que esperamos.
Si queremos lograr objetivos específicos, nuestras acciones educativas no deben ser aisladas, sino que deben diseñarse y desarrollarse con coherencia. Sin embargo, continuamente caemos en la tentación de creer, como en una fórmula matemática, que si sumamos términos como contenido y metodología, alcanzaremos los resultados esperados. Esta concepción positivista de la pedagogía desvaloriza elementos esenciales como el contexto o el grupo de discípulos o discípulas y sus necesidades, además de sobrevalorar las herramientas, en detrimento de las personas que intervienen en los procesos educativos.
Por tal razón, debemos vivir en un desprendimiento constante de nuestras certezas y fórmulas, en lo que a pedagogía se refiere. Es necesario no ahogar con nuestro abrazo perenne los intentos pasados de libertad, creatividad y reflexión, y pensar que en ellos radican todas nuestras posibilidades. Desde finales del año 2004, el PRFSyP comenzó a promover encuentros titulados Ventanas, que se concibieron como “un espacio para la reflexión bíblico-teológica centrada en lo metodológico”.18 Esto significó un punto importante en la labor formativa de nuestro Programa, ya que evidenció que no estábamos del todo conformes con lo que veníamos haciendo hasta ese momento. Los encuentros nos posibilitaron revisar nuestra pedagogía y nuestras prácticas educativas centradas en la LPB, sistematizar nuestras experiencias comunitarias, confrontarnos con otros discípulos y discípulas que, como nosotros, también recorrían caminos muchas veces paralelos a los nuestros.
Los espacios, además, son herramientas útiles para relativizar nuestra concepción pedagógica y ponerla bajo un lente fundamental: la sospecha. Cómo, por qué y para qué hacemos las cosas se convierten entonces en interrogantes imprescindibles para lograr un debate fructífero. Sospechar de nuestras dinámicas comunitarias, de nuestras formas de participar, del acompañamiento que apoya nuestra pedagogía, de la forma en que expresamos nuestra espiritualidad, de nuestras seguridades teológicas, de nuestras prácticas ecuménicas. De las sospechas surgen algunas preguntas: ¿Cuáles son los presupuestos de nuestra pedagogía? ¿Qué objetivos perseguimos con nuestra pedagogía? ¿Están concientes de esos objetivos las personas con las que trabajamos? ¿De qué forma se transforman nuestros objetivos pedagógicos, en dependencia de nuestro contexto y de las características de nuestras comunidades? ¿Qué papel desempeña la metodología en nuestra concepción pedagógica? ¿Cómo implementar un espacio con las características de Ventanas en nuestra comunidad? ¿Están preparados los miembros de nuestras comunidades para participar en espacios como esos?

¡Un deseo!, pensó; cruzó la ventana y corrió hacia el camino, segura de que no podría ocurrirle nada mejor que estar iluminada por todas las estrellas, por todas las posibilidades.

El deseo de otro discípulo, a modo de conclusión

El maestro es un rastro en el camino, un rostro que no mirará atrás. Tuvo que esperar algunos años para comprender cómo el verano hace nacer de su seno el otoño. Pasó horas sentado en alguna vereda observando el vuelo de un insecto. Durmió junto al tronco de un árbol recién caído; y, colocando su cabeza en él, soñó que era savia y raíz y corteza que se desprende del tronco madre para dar paso a la nueva vida. Anda ligero de equipaje y ha dejado en cualquier lugar una semilla que algún desconocido verá estallar en verde. Sin embargo, después de lo que ha vivido, el maestro es el resto del camino que le falta por andar.
Todo estará bien hasta que el maestro encuentre a sus discípulos. Con ellos vendrán las preguntas desafiantes, la sonrisa de los que saben hallar en los ojos del otro lo que andan buscando. Cuando el maestro encuentre a sus discípulos se encontrará a sí mismo. Encontrará en ellos las huellas del rastro que dejó durante su viaje. Sus rostros le recordarán al joven que fue.
A partir de entonces, el maestro tendrá que compartir el resto del camino con sus discípulos. Ellos le harán recordar algunas palabras olvidadas; compartirán con él el último pedazo de pan; irán cantando melodías que nunca escuchó. Pero la prueba más difícil que tendrá que afrontar será escuchar que se le llama maestro a uno de sus discípulos. En ese momento confirmará que su misión no ha sido en vano, que su rostro ha mirado hacia el lugar correcto, que el rastro que dejó fue nítido, que el camino que falta por andar será mucho mejor.

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Notas:

1—Con este libro se inició la publicación de la serie Cuadernos teológicos, la cual propone el abordaje de temas bíblicos, pastorales, litúrgicos y de espiritualidad, entre otros. La serie, además, prioriza a autores y autoras latinoamericanos y cubanos, “desde una franca opción por los valores evangélicos de paz, justicia, macroecumenismo e integridad de la creación”. Ver Alejandro Dausá: Encuentros con el maestro. La pedagogía de Jesús de Nazaret (primera edición), Editorial Caminos, La Habana, 2002, p. 7.
2—En la segunda edición del cuaderno teológico Encuentros con el maestro, se abordan los siguientes textos, a partir de las experiencias pedagógicas entre Jesús y diversos “discípulos”: Jn 9,1-41 (Jesús-el ciego de nacimiento), Jn 5,1-18;19-47 (Jesús-el paralítico), Jn 7, 53-8,11 (Jesús-la mujer acusada de adulterio), Jn 3,1-10 (Jesús-Nicodemo), Jn 4,4-42 (Jesús-la samaritana), Jn 11,1-45 (Jesús-María de Betania) y Jn 20,11-18 (Jesús-María Magdalena). Ver Alejandro Dausá: Encuentros con el maestro. La pedagogía de Jesús de Nazaret (segunda edición), Editorial Caminos, La Habana, 2002.
3—Ver Esther Pérez: “De los orígenes y hoy: la educación popular en Cuba (entrevista de María López Vigil)”, en Caminos, n. 9, Editorial Caminos, 1998, pp. 62-73.
4—El programa del CEPAS se estructuró sobre la base de treinta cuadernos-guías para el estudio individual y grupal, con un marcado énfasis en el trabajo pastoral. La formación se dirigía a seis áreas: administración, educación, Biblia, espiritualidad, evangelización y acompañamiento específico.
5—Ver Alejandro Dausá: “Educación teológica y educación popular”, en Caminos, n. 9, Editorial Caminos, 1998, pp. 24-31.
6—El CMMLK comienza a funcionar en esa época como un Recinto Universitario Descentralizado de la Universidad Bíblica Latinoamericana (con sede en San José, Costa Rica). El Recinto ofrece una educación teológica personalizada, diversificada y a distancia, a personas involucradas en labores pastorales y de animación comunitaria. Los títulos expedidos por este son el Diplomado en Teología Pastoral y Responsabilidad Social, el Bachillerato y la Licenciatura en Teología.
7—Estas preguntas forman parte de la entrevista “Palabras de mujeres: los sueños de Alicia”, realizada a una de las integrantes del equipo del PRFSyP, y publicada en el boletín Caminos (n. 70, octubre del 2006, pp. 6-8.).
8—Las estadísticas se elaboraron a partir de los datos de los participantes en los talleres regionales, el taller socioteológico y el taller de Lectura Popular de la Biblia del año 2006.
9—Integran el equipo, desde el 2004, cinco especialistas y una asistente.
10—Las tres regiones (Occidente, Centro y Oriente) comprenden en total diez provincias del país.
11—Curso impartido en dos fases en cada una de las tres regiones del país. Cada fase dura dos días. Estos talleres se diseñaron, principalmente, para que personas de nuestras comunidades que desconocen los espacios formativos del CMMLK entren en contacto con estos.
12—Encuentros planificados y realizados mayormente en las comunidades, y que son asesorados, en su mayoría, por colaboradores del PRFSyP. Estos encuentros propician el encuentro y la articulación de comunidades y grupos de base cercanos geográficamente.
13—Servicio formativo que se brinda a personas vinculadas de forma activa a los cursos y talleres del PRFSyP. Funciona sobre la base de la acreditación por la participación en cursos/talleres, la implementación de prácticas eclesiales innovadoras y la elaboración de materiales de uso pastoral que promuevan la consolidación de valores promovidos por el Programa.
14—Alejandro Dausá: Encuentros con el maestro. La pedagogía de Jesús de Nazaret (segunda edición), Editorial Caminos, La Habana, 2006.
15—Espacio de cuatro días dedicado al análisis, la capacitación, el monitoreo y la evaluación del PRFSyP, concebido para el equipo, los y las colaboradores y los referentes del mismo.
16—Entre los materiales elaborados por los miembros del equipo y sus colaboradores figuran el boletín y la revista Caminos, la separata Caminos de Vida, el diagnóstico de la realidad socioeclesial cubana que se actualiza cada año, las memorias de talleres y encuentros, las sistematizaciones realizadas a partir de los contenidos que se abordan en los espacios formativos.
17—Este es el objetivo general del PRFSyP para el trienio 2006-2008.
18—Ver Abel Moya Gómez: “Abriendo ventanas”, en boletín Caminos, n. 52, enero del 2005, pp. 6-7.

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