Los ideales panafricanos en el pensamiento de algunas de sus principales figuras

David González

La denominación “panafricanismo” ha llegado a englobar a una variedad bastante amplia de corrientes de ideas impulsadas a lo largo de poco más de un siglo por cierto número de figuras nacidas en Africa o en lo que se ha dado en llamar su diáspora, o, en un lenguaje más contemporáneo, figuras africanas y afrodescendientes. Todas esas corrientes tuvieron en común el interés por mejorar la situación desaventajosa de la población negra, aunque podían disentir en cuanto al modo de lograrlo. Tras repasar el pensamiento de diez de los principales líderes iniciales de esas luchas, en este trabajo nos proponemos sucintamente identificar lo común en las preocupaciones o propuestas sociales de esas figuras para subsanar la situación de desigualdad de los africanos y sus descendientes en distintas partes del mundo.
Pero antes, una precisión histórica. Abordamos el pensamiento de diez figuras africanas o afrodescendientes asociadas solo a la etapa inicial del movimiento. Incluso los primeros seis no son por lo general considerados propiamente panafricanistas, sino, en todo caso, protopanafricanistas, o mejor, nacionalistas negros del siglo XIX, pues solo dos de ellos llegaron a vivir y a impulsar su obra en el siglo XX, y casi todos ellos nacieron en los Estados Unidos, con la salvedad de un africano y un antillano. Del segundo grupo, más propiamente “panafricano”, porque sus exponentes actuaron entre los años finales del siglo XIX y 1945, seleccionamos a las cuatro figuras convencionalmente consideradas más relevantes, que son en su abrumadora mayoría caribeñas. No seleccionamos ninguna figura del período posterior al V Congreso Panafricano de Manchester de 1945, porque ahí ya el batón del panafricanismo pasó a manos africanas, bajo el liderazgo del ghanés Kwame Nrumah, y el foco de interés primordial pasó a concentrarse en las luchas por las independencias y, posteriormente, por la integración de los países africanos.
Pero entrando en materia y volviendo a la etapa inicial mencionada, la llamada protopanafricanista, de figuras en su mayoría norteamericanas del siglo XIX, es importante recordar que sentó las bases para que emergiera el movimiento en el siglo siguiente. Este primer grupo de nacionalistas negros por lo general coincidía en que la situación social inferior del negro en todo el mundo no era la causa ―como planteaban los racistas—, sino la consecuencia de siglos de despojo y marginación con la trata, la esclavitud, el racismo y la discriminación. Pero a partir de ahí, los protopanafricanistas no coincidían necesariamente en su valoración de Africa y la cultura africana, ni en qué tipo de vínculo debía establecerse entre los africanos y sus descendientes en el mundo, ni en las formas de mejorar su situación.
Entre las seis figuras protopanafricanistas del siglo XIX incluyo, aunque debo observar que no todos los historiadores lo hacen, al pedagogo norteamericano Booker T. Washington, quien luchó por promover la educación de los negros norteamericanos, pero solo con autoayuda y para el objetivo de la formación vocacional y no para la educación en planteles de nivel superior. Por eso, muchos líderes negros lo acusaban de buscar un acomodo con el poder blanco al limitar de facto a los negros a un papel social inferior.
Otros nacionalistas negros o protopanafricanistas destacados de esta primera época nacidos en Norteamérica fueron el médico Martin Delany, el poeta y diplomático Frederick Douglass y el pastor Alexandre Crummel. Junto a ellos hay que incluir a un africano, el médico sierraleonés James “Africanus” Horton, y a un antillano, el clérigo de Islas Vírgenes Edward Blyden.
Horton nació cerca de Freetown, de padres igbo (nigerianos) y fue cirujano, oficial del ejército, banquero, empresario minero, etc., pero se le recuerda sobre todo por su obra Vindicación de la raza africana, demanda nacionalista de autogobierno para los africanos y respuesta bien sustentada a las opiniones racistas. Blyden, por su parte, nació en St. Thomas (entonces colonia danesa) de una esclava igbo que fue capturada; laboró durante años en Africa, se destacó como predicador sin pelos en la lengua, además de educador, periodista, diplomático y filósofo, y entre otras obras escribió Cristianismo, Islam y raza negra (1887); editó también periódicos africanos y fue pionero nacionalista del Africa Occidental y precursor del panafricanismo.
La siguiente generación, la primera plenamente panafricanista, está marcada por figuras caribeñas, aunque allí descuella un intelectual mestizo norteamericano (de padre de Saint Domingue y abuelo de Bahamas) que disfrutó de una vida muy prolongada y activa, W.E.B. Du Bois. Los antillanos del grupo son los abogados trinitarios Henry Sylvestre-Williams y George Padmore, y el líder político jamaicano Marcus Garvey. Este grupo heredó los ideales de los protopanafricanistas y a partir de ellos conformó la teoría y la praxis panafricanista de modo más concreto y permanente.
Du Bois fue el primer afronorteamericano que obtuvo un doctorado de la Universidad de Harvard, tuvo destacada actuación como activista de derechos civiles y se convirtió en un notable intelectual, autor de Las almas del pueblo negro. Fue cofundador de la Asociación Nacional para el Avance de las Gentes de Color (NAACP, según sus siglas en inglés), que celebró su centenario en 2009, y artífice de la organización del V Congreso Panafricano de 1945 en Manchester. Hacia el final de su larga vida ingresó al Partido Comunista, se convirtió en asesor y confidente de Kwame Nkrumah (figura descollante del Congreso de 1945 y después primer presidente ghanés) y vivió hasta su muerte en Ghana, donde fue sepultado.
Sylvestre-Williams, uno de los primeros maestros titulados en Trinidad, acuñó el término “panafricanismo” ―frente al “pan-negrismo” que propugnaba Du Bois― al fundar la Asociación Panafricana con la que organizó la Primera Conferencia Panafricana de 1900 en Londres. Estudió derecho, actuó como abogado en Sudáfrica y, tras viajar extensamente por las Américas, Europa y Africa, fue el primer negro elegido para un cargo público en Gran Bretaña.
Garvey, de padres pobres descendientes de esclavos de la zona de Ghana, luchó por mejorar la situación de su raza en Jamaica. Impedido de hacerlo, viajó a Nueva York, adonde al cabo trasladó su Asociación Unida para el Mejoramiento de los Negros (UNIA, según sus siglas en inglés), de un arraigo sin precedentes, pues llegó a agrupar a diez millones de miembros. Propugnó unir a la raza negra y crear una economía negra independiente que apoyara a los africanos y a sus descendientes, con énfasis en proyectos de autoayuda, pero se mantuvo al margen de los congresos panafricanos.
Padmore (de nombre original Malcolm Nurse) incorporó el marxismo a las doctrinas panafricanas, dirigió el Departamento Negro de la Internacional Comunista y por el inmenso legado de sus obras es considerado el principal teórico panafricanista. Más tarde rompió con la Internacional (cuando esta orientó posponer los reclamos de descolonización con vista a forjar una alianza antifascista con las naciones metropolitanas durante la Segunda Guerra Mundial) y fue el principal organizador del Congreso de Manchester y, junto a Du Bois, cercano colaborador de Nkrumah hasta su muerte.
Sintetizando lo esencial del pensamiento de estas diez figuras, resaltan cuatro aspectos comunes especialmente marcados en cuanto a la teoría y la praxis sociales:

1. De modo general, todos percibieron la necesidad de algún tipo de “relación especial” entre Africa y los afrodescendientes
Sorprendentemente, en cuanto a esa idea hay que excluir del grupo a los dos únicos que fueron esclavos en su infancia, y notoriamente desinteresados a lo largo de su vida por subrayar su origen africano: Douglass (quien solo se preocupaba por la situación de los negros norteamericanos), y Washington (que se esforzaba solo por los del Sur de los Estados Unidos).
Siete de los ocho restantes (Delany, Horton, Crummell, Du Bois, Blyden, Sylvestre-Williams y Padmore) vivieron en alguna etapa de sus vidas en Africa, cumpliendo lo que creían su deber de ayudar a los africanos. En especial, Padmore y Du Bois se ligaron estrechamente a Nkrumah y a otros intelectuales africanos que llegarían más tarde a desempeñar altos cargos en sus países independientes.
Para Delany y Crummell, Africa era la patria natural de todos los negros. Delany y Horton proponían construir allí una nación y dar el autogobierno a los africanos. Horton diseñó proyectos para el desarrollo técnico y humano del continente. Crummell y Blyden insistían en el deber de los negros de la diáspora de ayudar al progreso de Africa. También Delany propugnó la vuelta de los negros al Africa. Pero Garvey fue quien más lejos impulsó ese deber, pugnando por construir una nación africana fuerte que pudiera convertirse en la protectora de todos los negros del mundo.
También Nkrumah, el presidente guineano Ahmed Sékou-Touré y otros panafricanistas posteriores a 1945 aplicaron políticas de Estado afines a esos principios, extendiendo su mano a los negros de la diáspora y ofreciéndoles asilo cuando eran perseguidos en sus países. El mismo principio de mutua solidaridad se expresó en las fuertes posturas anticoloniales y antiapartheid de la mayoría de los países del Caribe anglófono en cuanto se independizaron, y aun antes en el caso de Cuba, a partir de su Revolución de 1959, y fue más notable por cuanto se propugnó esa solidaridad con independencia del color de la piel de los cubanos. Por ello podemos concluir que en la raíz misma del pensamiento de las principales figuras panafricanistas del pasado, llevada hasta la praxis contemporánea, sobresale la idea de que la ayuda al progreso de Africa es deber de toda su diáspora.

2. Todas las figuras seleccionadas promovieron el desarrollo socioeconómico de los africanos y/o sus descendientes en la diáspora

Tanto los teóricos que planteaban la vuelta de los afrodescendientes al Africa como los que preferían su permanencia en la diáspora para luchar allí por sus derechos, idearon proyectos de autoayuda para mejorar la condición de los africanos y sus descendientes. Aquí las diferencias se centraban en el método para alcanzar ese fin, el énfasis o el grado de inserción que proponían para los negros en el marco de una economía que estaba (y aún sigue estando hoy) dominada mundialmente por las mismas fuerzas que promovieron en su tiempo la esclavitud, el colonialismo y el racismo.
Por consiguiente, la obra de Du Bois —salvo en sus últimos años, cuando expresó dudas sobre la factibilidad de la idea— insta a los negros a desarrollar sus propios negocios para mejorar su condición en el marco de los mecanismos económicos existentes. Delany formuló propuestas para mejorar la situación del negro en todo el mundo. Washington enfatizó la necesidad de autoayuda entre los negros norteamericanos en el marco de la labor comunitaria. Crummel proyectó esa misma idea a nivel de toda la diáspora. Blyden delineó propuestas similares para el Africa, pero insistiendo en salvaguardar su cultura e idiosincrasia. Horton quiso promover el desarrollo económico y social del Africa Occidental y creó un banco comercial para empresarios africanos. Douglass hizo planes parecidos para los negros de los Estados Unidos y presidió el Banco Nacional de los Negros Libres de ese país. Pero, de nuevo, fue Garvey quien llegó más lejos al pedir a los negros que realizaran un comercio y un intercambio industrial entre ellos a escala mundial para crear una economía negra en la cual sustentarse. Su UNIA fue la entidad panafricana que creó el mayor número de empresas cooperativas en Africa, Norteamérica y el Caribe.

3. Las diez figuras seleccionadas subrayaron la necesidad de desarrollar y promover principios éticos cohesionadores entre los negros

Con la promoción de principios éticos específicos, estas figuras intentaban, si bien recurriendo a herramientas distintas, restaurar la dignidad de una población cuya autoestima había sufrido siglos de esclavitud y racismo. Por ejemplo, Delany subrayó el orgullo de los negros por su raza, pero advirtió que solo se completaría con la recuperación de su capacidad de autogobierno. Al estallar la Guerra Civil Norteameicana, Douglass, Delany y Horton exhortaron a los negros a unirse al ejército para promover su autoestima y despertar la noción de pertenencia a la nación. Otros atribuyeron la misión de fortalecimiento ético a un grupo selecto de negros “ilustrados” que iluminarían a las masas: Washington dio esa tarea a los graduados de su Instituto de Tuskegee, y Du Bois a una élite negra, según su teoría del “Décimo Talentoso” y, después, a su Movimiento Niágara.
Otros recurrieron a herramientas religiosas para su fortalecimiento ético: Crummel y Blyden propugnaron con ese fin la conversión al cristianismo, se hicieron predicadores y combatieron el racismo desde el púlpito. Sylvestre-Williams se ganó la vida un tiempo ofreciendo charlas para asociaciones anglicanas. Garvey citaba la Biblia como elemento movilizador, y entre los objetivos de su UNIA estaba “… promover un culto cristiano consciente entre las tribus nativas del Africa”.
Exceptuando —de nuevo— solo a Washington y a Douglass, todos buscaron también en la cultura africana elementos para construir un conjunto específicamente negro de principios éticos. En particular, las obras de Horton, Blyden, Du Bois y Padmore, al promover el conocimiento de las culturas y sociedades africanas, elevaron la moral de los negros en el mundo.

4. Todos vieron la necesidad de adecuados servicios de salud y educación para garantizar la promoción social de los negros

Propugnando fomentar un cuerpo sano, Washington priorizó, en su Instituto de Tuskagee, el aprendizaje de principios de higiene. Delany, Horton y Padmore estudiaron Medicina, aunque este último luego se hizo abogado. Delany recibió honores por su labor humanitaria entre todas las razas durante la epidemia de cólera de 1849 en Pittsburg, y más tarde por su actuación en la Guerra Civil. Horton, uno de los primeros africanos graduados de Medicina en Inglaterra, publicó estudios sobre enfermedades tropicales tras sus prácticas en Africa y formuló propuestas para mejorar los servicios de salud allí. La UNIA de Garvey creó clínicas y una asociación mundial de enfermeras negras (La Cruz Negra Universal), uno de cuyos destacamentos, por cierto, laboró en Cuba y saludó a Garvey cuando este visitó la isla.
Es también incalculable el aporte de los negros caribeños a la salud de Arica en aquellos años. Solo en el caso de Ghana, “Mucha labor rural pionera la hicieron médicos del Caribe: de Trinidad, Hoyte, Busby y Simmons; de Santa Lucía, Auguste y Beausoleil; de la Guyana Británica, Murrell”.2
Probablemente el tema en el que hubo un mayor grado de coincidencia entre panafricanistas y protopanafricanistas fue el de la promoción de la educación general como vía para resolver la situación de desventaja de los africanos y los negros de la diáspora. Las discrepancias (en ocasiones grandes) entre ellos radicaban en si se debía brindar a los negros un tipo de enseñanza práctica industrial-agraria para buscar un nicho en una economía dominada por capitales blancos, o exigir las mismas oportunidades educativas de los blancos. Aquí, Du Bois y Washington representaban los dos polos opuestos del debate, aunque coincidían en la urgente necesidad de promover la formación de los negros. No es casual que en su mayoría —Crummell, Du Bois, Washington, Sylvestre-Williams, Blyden y Padmore— hubieran tenido en algún momento de sus vidas un destacado desempeño como docentes.
Por demás, muchas figuras panafricanistas insistieron en diseñar principios pedagógicos especiales para los africanos y sus descendientes y en construirles escuelas separadas. Sylvestre-Williams fue maestro en su natal Trinidad, y en Sudáfrica presidió la apertura de una preparatoria para negros con personal antillano. Du Bois, convencido de que la educación era clave para la solución del “problema negro”, hizo recomendaciones concretas para mejorar el sistema educacional de los afronorteamericanos. Blyden y Horton pidieron a gritos una universidad para Africa Occidental, aunque el segundo la quería con currículo británico y el primero con un profesorado africano que enseñara lenguas, culturas y valores africanos; al morir, Horton legó fondos para crear el Instituto Pedagógico de Sierra Leona. Crummel y Blyden fundaron la Universidad de Liberia, de la que Blyden fue rector. En los Estados Unidos, Crummel promovió la creación de la Academia Negra de Norteamérica, institución de la élite afronorteamericana. La NAACP, a la que Du Bois estuvo inicialmente ligado, lanzó muchos proyectos educativos para negros. Entre las metas iniciales de la UNIA de Garvey estuvo la fundación de universidades y escuelas secundarias para promover la cultura y la educación negras, y consiguió abrir escuelas cooperativas en Norte y Centroamérica y el Caribe, e incluso, brevemente, una universidad.
Esa misma idea de la importancia de promover la salud y la educación de los negros como algo indispensable para su promoción social ocupó un primer plano en casi todos los proyectos independentistas de los próceres africanos, al margen de las diferencias de signo ideológico de un gobierno a otro y del retroceso experimentado en estas dos esferas en la mayoría de los países, sobre todo en los años más duros de los ajustes estructurales. En especial la enseñanza fue concebida por casi todos los gobiernos, en las primeras décadas de las independencias, como vía idónea para la promoción social.
Pero volviendo, para concluir, a los primeros pensadores panafricanistas, es cierto que pocos de los proyectos lanzados por ellos tuvieron éxito duradero, sobre todo debido al hostigamiento y la persecución que padecieron. Sin embargo, lo importante es que todos tuvieron la diáfana visión de distinguir, a la distancia, la necesidad de que las masas negras recobraran su dignidad, fomentaran su cohesión, atendieran la salud y la educación entre otros aspectos vitales para recuperar esa dignidad, y cobraran conciencia de la necesidad de unión y solidaridad para, en última instancia, viabilizar el progreso de los africanos y de sus descendientes en toda la diáspora. Y esos mismos principios, por cierto, han venido rigiendo la política solidaria que la Cuba revolucionaria ha venido aplicando, sustentada en la heroica labor de cooperantes de todos los colores, desde la vecina Haití hasta los más recónditos rincones del Africa.
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NOTAS

1. Esta ponencia se presentó en las sesiones científicas del XXXI Festival del Caribe, celebrado en Santiago de Cuba en julio del 2011.
2. Edward Reynolds: Stand the Storm: A History of the Atlantic Slave Trade, Allison & Busby, Londres/Nueva York, 1985, p. 105.

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