Ultima página No. 39

La Ultima Página de Caminos abre el 2006 con dos entrevistas surgidas al calor de los espacios de lucha que se gestan en el continente. La primera de ellas a Evo Morales, entrevistado por José Ramón Vidal para el documental Dicen, producido por la realizadora cubana Lily Suárez. La segunda, un diálogo entre los editores de Caminos y Javier Couso, el hermano de José Couso, periodista español asesinado en Irak, que se produjo durante las sesiones de la III Cumbre de los Pueblos de América, realizada en Mar del Plata, Argentina, en noviembre del 2005. Sirvan ambos textos para festejar la victoria de Evo y el pueblo indígena en Bolivia y para recordar a José Couso, tres años después de su muerte.

Si pensamos transformar Latinoamérica, tenemos que empezar a transformarnos nosotros mismos

¿Cómo se insertan las luchas sociales de Bolivia en el movimiento global de solidaridad y de resistencia antineoliberal?

Bueno, yo he visto personalmente, como vengo desde hace años atrás en las luchas sindicales, en las luchas sociales, que realmente la desigualdad y la injusticia nos obligan a entender los problemas políticos, los problemas económicos, los problemas sociales, los problemas culturales. Nos preguntarnos primero quiénes somos como indígenas, como quechuas y aimaras. Y llegamos a la conclusión como quechuas, aimaras, guaraníes, junto a los trabajadores, en Bolivia, de que somos dueños absolutos de esta noble tierra, del territorio. Y cuando hablamos del territorio estamos hablando de riquezas nuestras como el oro, la plata, el estaño, los hidrocarburos, el bosque. Pero vemos que por normas, por legislaciones, nuestras riquezas están en manos de las transnacionales. Mis compañeros dicen: ¿por qué los ricos del mundo tienen que adueñarse de nuestras riquezas, de nuestros recursos? Entonces, qué hacer, nos preguntamos.

Vemos el neoliberalismo como una reproducción del sistema capitalista tan salvaje e inhumano, pues continúa saqueando nuestros recursos, nuestras riquezas. Por tanto, la respuesta es unirnos, organizarnos, comunicarnos y movilizarnos para defender. Y un poco más avanzamos y nos damos cuenta de que la lucha no sólo es en Bolivia, sino en toda Latinoamérica, frente a la agresión del imperialismo norteamericano, frente a las provocaciones de un Estado capitalista y su modelo neoliberal. Hay luchas que llegan para resistir, para derrotar a los representantes del modelo del sistema en nuestros países y liberar toda Latinoamérica. Por eso, nos alentamos personalmente, porque es más importante ser consecuente con las luchas. Si pensamos cambiar en nuestros países, si pensamos transformar Latinoamérica, tenemos que empezar a transformarnos nosotros mismos.

Hay que dejar a un lado el egoísmo, intereses de carácter económico, político, intereses de figu- ración, intereses de poder, para poder construir un nuevo movimiento de liberación. Y estamos alentados en Bolivia. Vamos a continuar en esta clase de conferencias, compartiremos experiencias sobre algo que es importante en la cultura andina: el tema de la solidaridad, el tema de la reciprocidad, cómo producir en el marco del bien común, cómo producir para la comunidad sin una mentalidad de concentración del capital. Entonces, ahí otro paso más damos, y dentro de ese marco pues, nuestros movimientos desde las bases practican la solidaridad de manera reunida y orga- nizada.

En décadas anteriores los movimientos revolucionarios se estructuraban a partir de un grupo que se consideraba esclarecido y que llevaba las ideas y la movilización. Sin embargo, uno aprecia que la cosa es distinta ahora, o bastante distinta. La rebeldía surge desde abajo. ¿Coincides con esa apreciación?

Totalmente. Yo no creo en los dirigentes. Yo creo en los pueblos. Hay que gestar movimientos basados en las fuerzas sociales. A esos movimientos sociales también hay que acompañarlos con movimientos electorales, pero que sea el pueblo quien decida. Ya es hora de que nosotros decidamos por nosotros mismos. Ya es hora de que el pueblo también pueda opinar. En Bolivia hemos descubierto, me parece, un excelente término: sí, Evo va a ser presidente, pero el pueblo tiene que ser el poder, ¿no? Y el Movimiento al Socialismo (MAS) ejercerá el gobierno como movimiento político, pero el pueblo tiene que ser el poder. Y, ¿cómo construir el poder? Pues en base a muchas organizaciones naturales que tienen nuestros países. No se trata de fundar. Tal vez tengamos que mejorar en otros congresos, pero a partir de los mensajes recogidos en las comunidades campesinas. El mejor asesoramiento que yo recibo son justamente los debates en las comunidades campesinas, en los centros obreros. Y no se trata de traerse o importar expertos del Fondo Monetario Internacional (FMI). Nuestros mejores sabios son nuestros abuelos. De esta manera, pues, recoger cómo nuestros antepasados vivían sin muchas desigualdades.

Hablabas ayer de una concepción estructural que es “el jefe es un representante”. ¿Se puede insertar en la política ese elemento estructural de que los dirigentes son representantes y no jefes?

Sí, los dirigentes son los que transmiten la opinión de las mayorías nacionales. En la cultura andina ser autoridad es servir al pueblo, tener vocación de servicio. En la cultura occidental ser autoridad es vivir de la política, vivir del pueblo, robar la plata del pueblo. En la cultura andina hay que dar todo lo que tenemos por una gestión, por dar gestión al pueblo y, dentro de ese espacio, nos sometemos al pueblo y no a las instituciones y las organizaciones. El término “jefe” no lo acepto yo por nada. Otra cosa es ser un líder natural. Tampoco acepto “caudillo”, que es quien impone su criterio. Acá se trata de recoger y expresar lo que expresan los movimientos de base.

Muchas gracias, Evo.

Muchas gracias a ustedes.

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El 8 de abril de abril del 2003, el periodista español José Couso fue asesinado en Bagdad por las tropas de ocupación norteamericanas. Desde entonces, su hermano Javier, un joven que hasta entonces veía pasar sus días entre el trabajo y la batería de un grupo de rock, ha impulsado una campaña internacional por el cese de la guerra en Irak.

Voy a decir una palabra de mi país, me he cabreado mucho, me he enfadado mucho con el asesinato de mi hermano. Entonces, mi deber y mi obligación para el respeto que le siento a mi hermano es estar en primera línea y hacerle justicia.

¿Quién era en realidad José Couso?

Era un trabajador, enamorado profundamente de su profesión: la toma de imágenes. Era un reportero gráfico, un enamorado de la cámara y la imagen. Voy a decir algo que a veces hasta me da vergüenza decir, porque parecen los tópicos que se dicen de todos los muertos. Era eso, un buen amigo, muy buen padre, y para no dejarlo en palabras vacías de un familiar que habla de su hermano, les cuento un fenómeno muy curioso. El día después de que fuera asesinado, el 9 de abril del 2003, frente a la embajada de los Estados Unidos se juntaron espontáneamente quinientos trabajadores de los medios de comunicación de mi país. Cuando llegué, la gente se sorprendía y me decía: es el mejor homenaje a tu hermano, porque en este país todos los perio- distas estamos enfadados unos con otros, y hemos venido quinientos sin distinción ideológica ni nada a exigir justicia frente a la embajada.

¿Qué significa para ti la reciente orden de un juez español de pedir orden de prisión internacional contra los autores más mediatos del asesinato de tu hermano?

Me parece que lava un poco nuestras heridas, es como un bálsamo. Un periódico que no voy a nombrar la calificó de “un brindis al sol”. Y a mí no me parece un brindis al sol. Creo que es una decisión justa y, además, se trata de la soberanía de mi país, que le dice a otra nación soberana: no nos trates como vasallos y da respuesta al asesinato de un ciudadano nuestro. Nos hemos sentido amparados como ciudadanos del país donde vivimos, gracias a ese juez (Santiago Pedraz) que tuvo la valentía de hacer algo que debería ser normal, pero que por desgracia es un gesto casi heroico: poner en búsqueda y captura, por primera vez en la historia, a tres militares estadounidenses. Yo no sé si servirá, pero el hecho es que hay tres presuntos criminales de guerra que están en búsqueda y captura internacional y yo me enorgullezco.

Cuando te escuchamos en La Habana, en el encuentro internacional contra el terrorismo, nos emocionó mucho tu activismo en busca de justicia, la dimensión de tu solidaridad con el pueblo de Irak y la declaración de que te sentías también iraquí

El principio de toda admiración por Irak lo trajo mi hermano José, porque él había estado con anterioridad allá, durante unos bombardeos que ordenó Clinton, y vino sorprendidísimo del pueblo iraquí. Me había dicho que eran gente más culta, gente más amable, vino impresionado, y entonces ya me picaba algo. Yo me sentí muy enfadado, como toda la población de mi país, afortunadamente, con esa guerra, esa agre- sión en la que nos metieron en Irak. Cuando mataron a mi hermano, me sentí realmente obcecado. Comencé a pensar quiénes eran realmente los iraquíes. Me enteré de las circunstancias en las que habían tratado a mi hermano intentando salvarle la vida y me declaré enamorado de Irak. Cuando visité el país, el enamoramiento fue parecido al momento en que consigues una chica que te gusta: me trataron tan bien, y les vi tanta voluntad de ganar, de vengar a mi hermano.

Fuimos a un cementerio en el que descansan los mártires que combatieron con los estadounidenses. Hay enterrados libaneses allí, y gente de toda la zona que fueron a combatir a Irak. Cuando llegué, estaban enterrando a un chaval que acababa de salir de prisión y había muerto en un atentado de estos oscuros que se dan por ahí. Y se pusieron nerviosos con la presencia nuestra, de occidentales. El chaval que estaba enterrando a su hermano se encaró con nosotros, dijo: qué hacen aquí estos gringos. Y rápidamente llamé a la traductora y le conté que yo también había perdido a un hermano. Fue maravilloso, se bajó, nos abrazamos y todo el mundo vino a consolarme. Yo creo que la lucha del pueblo de Irak me venga cada día.

¿Y el encuentro con la resistencia iraquí?

Tuvimos una entrevista con sectores de la resistencia iraquí y fue increíble, porque han logrado mandos territoriales y están prácticamente en ofensiva. Se ve por las cifras. Anteayer cayeron siete soldados estadounidenses. Quiero decir con esto que la capacidad militar de respuesta del pue- blo iraquí ahora mismo alcanza un punto clave. Lo que me gustó muchísimo fue su postura, su condena inmediata al terrorismo y la declaración de que la resistencia se nutre de todas las redes de confesiones, de todas las etnias, y que su defensa era por la propiedad pública iraquí, que se atacaba a los traidores y al ejército de ocupación. O sea, una declaración que cualquiera de nosotros pudiera hacer. Por lo tanto, yo estoy orgulloso de haberme entrevistado con ellos.

En tu intervención en La Habana, comentaste que junto a otros ciudadanos españoles coordinabas un grupo de solidaridad con el pueblo de Irak. ¿Cómo van esas gestiones?

Pertenezco a la Campaña Estatal contra la Ocupación y por la Soberanía de Irak, que agrupa a diferentes colectivos que trabajan la solidaridad con Irak. El colectivo al que pertenezco es el de Hermanos, Amigos y Compañeros de José Couso. Y una de las iniciativas que hemos lanzado es la de emergencia sanitaria con la sanidad pública iraquí, sanidad que se niega a ser privatizada. Nos hemos focalizado en la ciudad de Fallujah, que para nosotros es una ciudad mártir, que nos recuerda mucho a Guernica. Lo que hacemos allí no se debe ver como asistencialismo, sino como solidaridad. Estamos llevando toda la solidaridad que podemos, sobre todo a los hospitales que son insumisos a la ocupación, que se niegan a ser privatizados y que reivindican el derecho a curar a los combatientes. Nosotros defendemos eso. La idea pública de esa sociedad contra el confesionalismo, por la pluralidad. Las iniciativas van a continuar. Ahora estamos organizando una delegación más extensa, más europea, para volver a Irak. Queremos mantener los canales abiertos con la sociedad civil iraquí, porque es lo que pretenden: cercarlos, bloquearlos mediáticamente, socialmente, políticamente, y nosotros, por lo menos, desde las organizaciones a las cuales pertenecemos, vamos a intentar que esto no sea posible.

El año próximo será el del vigésimo aniversario del CMMLK. Desde ya, comenzamos todos a pasar revista, a evaluar, a conmemorar. Caminos incluirá a partir de su próximo número materiales que recuerden el camino recorrido y que ayuden a avi- zorar el que queda por andar. Nuestras lectoras y lectores son bienvenidos a sumarse a esas reflexiones y a la celebración.

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