Universidad y desarrollo sostenible: una alternativa. Un recuento necesario

Amelia M. Sablón y Julia M. Fernández

La Educación popular llegó a nuestra Universidad Agraria de La Habana (UNAH) de la mano de un grupo de investigación preocupado por la desfavorable relación entre la eficiencia y la productividad del sector agropecuario cubano y el cúmulo de saberes científicos, la disponibilidad de fuerza técnica calificada y de recursos materiales para la producción existentes en el país.
Motivado por estos elementos, nuestro grupo comenzó a buscar vías para articular actores e integrarse a equipos interdisciplinarios con criterios diversos, a fin de diseñar juntos estrategias y proyectos. El año 2000 fue muy importante para la consolidación que necesitábamos, porque diversos factores como la introducción de tecnologías e insumos alternativos en la agricultura (asociados a programas nacionales), la aparición de las Unidades Básicas de Producción Agropecuaria, el fracaso de la revolución verde y el fortalecimiento de un nuevo enfoque de la ex-tensión agraria, propiciaron finalmente que la Educación popular fuera el “vehículo” que buscábamos para lograr los cambios necesarios.
Desde fines de los años noventa, varios docentes y estudiantes se habían acercado al Centro Memorial Dr. Martin Luther King, Jr. y habían conocido la Educación popular. Nos dimos cuenta de que su concepción sobre la participación de todos y todas en cualquier proceso de aprendizaje o transformación que se intentara promover era la única manera de revertir la situación que en esos momentos nos preocupaba. Contamos entonces con el apoyo metodológico del Centro y eso nos dio fuerzas para emprender el trabajo que queríamos y estábamos dispuestas y dispuestos a llevar adelante. También por esa fecha se creó el Sistema de Extensión Agraria (SEA) y el Proyecto de Acompañamiento al Sistema de Extensión Agraria (PASEA), en colaboración con Francia, que tenía el objetivo de apoyar el proceso de implementación del SEA como dispositivo de enlace entre los diferentes actores involucrados en el sistema y las diferentes formas de organización de la producción.
Este panorama contribuyó a fortalecer las nuevas concepciones de la Extensión Agraria en Cuba, y facilitó las condiciones para una estrecha colaboración (o articulación) entre la UNAH y el Ministerio de la Agricultura.

Universidad-Agricultura-Educación popular

En 1997 el Ministerio de Educación Superior (MES) y las comisiones nacionales de las carreras de Ingeniería Agronómica y Mecanización Agropecuaria habían propuesto incluir la Extensión Agraria como nueva asignatura en el currículo de dichas carreras. El objetivo principal era fortalecer la limitada formación humanística de los futuros profesionales.
Como centro rector de la disciplina en el país, la UNAH asumió la responsabilidad de elaborar la propuesta de programa de la asignatura y sugerir su bibliografía básica, que luego se validarían para el resto de las universidades del país. Esa tarea recayó sobre el grupo de profesores que venía trabajando con la Educación popular como concepción para la participación y el cambio de paradigmas.
Hasta ese momento, la formación de los profesionales de Ingeniería Agronómica y Mecanización Agropecuaria había estado signada por la escasa integración con los actores a nivel local para enfrentar procesos de cambio en los territorios. Esto era uno de los resultados de una política que privilegia las tecnologías de productos en lugar de las tecnologías de proceso, de un pobre enfoque sistémico del desarrollo de la organización productiva y de una insuficiente preparación para la negociación.
Tampoco se preparaban para reconocer y propiciar el protagonismo de los actores directos de la producción, consecuencia de una visión verticalista de la asistencia técnica y la gestión, descontextualizada y sin una adecuación a las demandas de los productores. De manera que los egresados y egresadas contaban con una fuerte preparación técnica, pero con una escasa imbricación con el ambiente y los problemas sociales.
Estos fueron los antecedentes para que en el 2000 naciera la Cátedra de Extensión Agraria de la UNAH y se iniciara un proceso de acompañamiento a modestas experiencias del Sistema de Extensión Agraria, que comenzó con el diseño de la asignatura de Extensión Agraria, seguido por otros espacios de formación e integración de actores que evolucionaron hasta el diseño y puesta en marcha de la especialidad y una maestría en Extensión Agraria. En la actualidad, ambas cuentan con varios graduados y un alto nivel de satisfacción de los egresados y empleadores.
Ese programa y los espacios de formación e intercambio organizados permitieron que la Educación popular llegara a todos los centros de educación superior (CES) agropecuarios del país. La formación en Educación popular de nuestro equipo coordinador ha facilitado asumir este acompañamiento como un proceso de participación que incluye el propio funcionamiento de nuestro equipo, la realización de talleres nacionales de profesores de Extensión Agraria como escenario principal, en los que se desarrollan procesos de construcción colectiva del conocimiento y elaboración de los productos necesarios para la formación y la investigación, así como la concepción y la conducción de los programas de formación en pregrado, posgrado (cursos cortos, maestría y especialidad) y capacitación.
De manera general, podemos resumir los resultados de esta experiencia como sigue: elaboración de productos como el programa de la asignatura de Extensión Agraria, la concepción pedagógica y su adecuación para las carreras agropecuarias en las sedes universitarias municipales; y diseño y desarrollo de la primera edición de la maestría y la especialidad en Extensión Agraria e inicio de la segunda edición de ambas modalidades. En estos diez años de trabajo con la Educación popular en nuestra Universidad hemos logrado, además, construir indicadores de impacto de las prácticas de extensión y criterios para la elaboración de la estrategia de extensión para los próximos años. A esto hay que sumarle los procesos de formación y capacitación que han posibilitado la sinergia y el fortalecimiento mutuo entre los CES agropecuarios y los SEA.
Podemos decir que la docencia desde esa concepción en diálogo con la Educación popular continúa provocando un fuerte impacto en los estudiantes, que se sienten en un espacio dialógico horizontal.

Nuevos espacios de formación

Con la creación de módulos para la Formación en Educación Popular Acompañada a Distancia (FEPAD) del CMMLK, nuevos horizontes se abrieron para los docentes de la UNAH. Un primer grupo de veinticinco profesores y profesoras de distintas facultades de nuestra Universidad iniciaron la aventura de esa formación, que comenzó con el módulo de Concepción y Metodología de Educación Popular en enero del 2004 y siguió con Trabajo Comunitario. En ese grupo se formaron nuevos coordinadores que más tarde abrieron una segunda edición y formaron a otras personas.
Recordamos con cierta nostalgia aquel primer grupo que hizo la estrategia de comunicación para su colectivo pedagógico, o a los que intentaron hacer lo mismo para su departamento docente o para la residencia estudiantil.
Cada grupo FEPAD traía nuevas expectativas y los estudiantes empezaron a sentir “cambios”. Se les empezó a tomar en cuenta, las maneras de enseñar variaron. Era necesario que se prepararan más. Del período inicial lo que más nos llamó la atención fue, por un lado, la resis-tencia de algunos estudiantes que esperaban respuestas reproductivas a sus preguntas prácticamente aprendidas de memoria; por el otro, la mirada y hasta la crítica de otros docentes que consideraban “poco seria” esa manera de enseñar y les molestaba sentir en su salón de clases cómo los estudiantes se movían para formar grupos o escuchar una melodía. Claro, estamos hablando de unos veinte docentes, en una universidad de cientos.
Así comenzamos los espacios de formación y así fueron iniciándose en otras facultades las experiencias que se venían consolidando en Agronomía con la Cátedra de Extensión Agraria.
Junto a ese proceso que podemos llamar de “concientización” y asunción de una manera no bancaria de la enseñanza, se comenzaron a buscar alternativas para que la Educación popular en la UNAH no se limitara a esos espacios. Se presentaron tesis de maestría en diferentes especialidades, en las que se sistematiza y fundamenta la teoría pedagógica y política que encierra la EP aplicada al contexto universitario. En este momento ya contamos con algunas muy valiosas que cualquier estudio epistemológico sobre el tema debería tomar en cuenta.
Las nuevas matrículas de la FEPAD estuvieron marcadas por la heterogeneidad sectorial. Ya no se circunscribían solo a la Universidad y a sus docentes, ahora se incorporaron los estudiantes, los dirigentes estudiantiles de la FEU y de la UJC, otros compañeros y compañeras de la Escuela Internacional de Deportes y Educación Física, de la cultura, de otros centros de investigación, e incluso a funcionarios del CITMA de la antigua provincia de La Habana y de ACPA, entre otros.
Sin embargo, junto a la satisfacción por lo logrado, a nuestro equipo le quedaba una necesidad: no habíamos logrado el reconocimiento y la aceptación general de la comunidad universitaria. Desde la cátedra de Extensión Agraria se concibe la formación de los profesionales en contacto con los saberes de los productores, se favorece la comunicación horizontal y simétrica, se ganan espacios para la formación de educadores y educadoras populares que asumen la misma como filosofía y opción de vida, se reconoce que es necesario transformar los espacios donde estamos para que las personas sean más solidarias, participen en los procesos sociales, educativos, productivos etc. Cabría preguntarse entonces, primero, ¿qué elementos conceptuales de la Educación popular como práctica de aprendizaje son útiles para la enseñanza escolarizada? Y luego, ¿cómo hacer para que la comunidad universitaria acepte y reconozca como válida la propuesta que desde la Pedagogía de la Liberación se nos presenta?
Las respuestas no las tenemos, pero sí los deseos de hacer, de socializar, de divulgar, de trabajar. Desde la red en que nos hemos convertido hoy tenemos muchas fortalezas y hay un grupo de jóvenes egresados de la FEPAD que impulsan ese sueño en todas las áreas de nuestro trabajo. Hemos logrado desarrollar talleres de formación de cuadros desde los principios y la metodología de la EP, y seguimos andando…
Hace apenas un mes que el colectivo de la carrera de Agronomía de nuestra Universidad nos ha pedido la elaboración de la estrategia de comunicación y EP para su formación de ingenieros agrónomos. Ahí también vamos dando pasos seguros.

Y se abren nuevos horizontes

Los planes de estudio de las carreras en su versión D le dan la oportunidad a los centros de educación superior de diseñar asignaturas optativas y electivas como parte del currículo propio. Esta es una oportunidad que se nos presenta para materializar los “viejos anhelos” de extender a otras carreras y perfiles sociales y humanísticos la formación en EP.
La licenciatura en Estudios Socioculturales, por ejemplo, es una muestra de programa de formación de pregrado dirigido a formar un “profesional comprometido socialmente, capaz de utilizar, con enfoque interdisciplinar, los recursos de las ciencias sociales y las experiencias del trabajo cultural para propiciar la potenciación de iniciativas o proyectos que favorezcan la producción de cambios en la realidad sociocultural”, al tiempo que “contribuyan a la elevación de la calidad de vida y el protagonismo de la población en dicha transformación”. Esto es lo que plantea el documento que establece las características que debe tener este profesional.
Se trata de incorporar no solo la Educación popular como metodología en esta carrera, sino como sustento teórico y filosófico. Eso es imprescindible: desde nuestra óptica opinamos que no es un valor agregado, sino el sustento sobre el que ese estudiante que mañana será egresado abordará las demandas que el Ministerio de Educación Superior exige y la sociedad necesita.
Desde hace dos años ese ha constituido nuestro reto mayor: diseñar asignaturas electivas que satisfagan esas necesidades. Ya propusimos la de Cultura y Educación Popular y la de Concepción y Metodología de la Educación Popular para la carrera de Estudios Socioculturales; y la de Trabajo Grupal y Coordinación, y la de Comunicación y Educación Popular, para Agronomía.
Como parte de nuestra labor investigativa hemos desarrollado un proyecto en conjunto con el gobierno de la anterior provincia de La Habana en el que participan todos los estudiantes de la carrera de Estudios Socioculturales de nuestra Universidad. El proyecto se realiza en treintiocho comunidades del territorio con problemas sociales. Ahí impartimos talleres de capacitación con estudiantes y decisores locales con el objetivo de que no haya imposición desde los saberes académicos, que las acciones partan de las necesidades sentidas de quienes viven en esos espacios, y que ellos y ellas mismos sean capaces de transformar sus realidades desde el reconocimiento y la participación de todos y todas.
Aquí seguimos y estamos. No somos dos o tres los que hoy multiplicamos, compartimos, soñamos y creemos en la utopía para que nuestra Universidad y la sociedad cubana sean ejemplo de ese mundo mejor al que aspiramos… y merecemos.

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