“Y vio Dios que era bueno”

Nelly Susana Rivera

Por qué resistimos los proyectos mineros en El Salvador
El universo es creación de Dios, es un regalo para sus hijas e hijos. Dios les da a sus hijos e hijas un lugar privilegiado. Preservar la creación del Padre debe ser un principio cristiano, y quienes deben dar cuenta sobre la administración de esta creación son las mujeres y los hombres.
La relación que establecieron los seres humanos con los ríos, los lagos, los animales, las montañas y entre sí, fue de respeto. Pero poco a poco ese respeto se ha ido trasformando en abuso. Génesis nos presenta el proceso de creación y habla de cómo el Espíritu de Dios se movía sobre las aguas: el agua viene a ser el elemento vital, la vida. Dios es vida, el agua es vida. En el modelo neoliberal, el agua ya no solo es vida: es un bien económico, tiene un precio, y ese precio lo pone el que se adueña de ella. Un bien de Dios para el bien común ahora tiene un valor económico que sirve para la acumulación de riqueza, y sobre todo para ejercer relaciones de poder.
El Salvador es el país más pequeño de Centroamérica con apenas 21 000 kilómetros cuadrados y una densidad poblacional de más de trescientos habitantes por kilómetro cuadrado. El río Lempa atraviesa prácticamente todo el territorio nacional: bordea las tres zonas en las cuales se divide políticamente el país y colinda con los departamentos de Santa Ana, Chalatenango, La Libertad, San Salvador, Cuscatlán, Cabañas, San Miguel, Usulután y San Vicente. Nace cerca de la frontera noroeste, en Guatemala, toca una pequeña porción del territorio de Honduras y desemboca en el Océano Pacifico en una especie de delta conformado por la bahía de Jiquilisco y el estero Jaltepec, después de recorrer aproximadamente 350 kilómetros de territorio salvadoreño. Un 45% de su cuenca hidrográfica de 18 240 km2 se encuentra en los territorios de Guatemala y Honduras, y un 55% corresponde a El Salvador. La Cordillera del Bálsamo lo separa hacia el sur de la zona central y occidental del país y es el parteaguas de las pre-cipitaciones anuales de la cuenca y la zona costera en ese lugar. Las comunidades que se encuentran a lo largo de su recorrido han dependido históricamente de sus aguas, que han utilizado para labores agrícolas y de abastecimiento inmediato de agua potable. El gobierno de la república las ha canalizado para la creación de regadíos en las zonas medias del departamento de San Vicente.
El Río Lempa es el recurso hídrico de mayor importancia nacional. En su curso se han construido cuatro represas hidroeléctricas: Guajoyo, Cerrón Grande, Cinco de Noviembre y Quince de Septiembre, y se han proyectado otras dos. Desde 1954 abastece de esa energía la producción agroindustrial, la producción industrial y el comercio del país. Durante muchos años ha suministrado el alumbrado público y doméstico en todo el territorio nacional. Del río Lempa se extrae un promedio de sesenta millones de metros cúbicos de agua, que representan más del 50% del consumo del área metropolitana de San Salvador.
En El Salvador existe la amenaza de veintinueve proyectos mineros ubicados en la zona norte sobre las cuencas de los ríos Lempa, Torola y Guascorán (las dos últimas de menor tamaño que la del Lempa). De desarrollarse estos proyectos, contaminarían los ríos con metales pesados y cianuro, por lo que este cuerpo de agua ya no sería apto para el consumo humano y las actividades agropecuarias . Además de los veintinueve proyectos mineros de la zona norte, tenemos la amenaza de cuarentidós proyectos mineros en la zona sur de Honduras, que es la zona fronteriza con El Salvador, ubicados en las cuencas de los mismos ríos. Las empresas mineras son en su mayoría de origen canadiense.
La industria minera requiere cantidades enormes de agua. Según estudios realizados, el agua que una familia campesina consumiría en veinte años (250 000 litros) lo consumiría un solo proyecto minero en una hora. Según la Ley de Minería vigente, el proyecto minero haría uso de las cantidades de agua que requiriera sin pagar un centavo, mientras que no existe una familia salvadoreña que no pague sus recibos de agua, llegue o no llegue a su casa.
En las unidades de producción campesinas de la zona norte se produce el 60% de los alimentos del país. Ello nos indica que, por un lado, la población estaría compitiendo por el agua con las mineras, y, por el otro, que en el recorrido del Lempa la industria minera acapararía las tierras que hasta ahora tienen vocación agrícola. Al final, la población estaría amenazada de no poder cultivar sus granos básicos. Y ello trastocaría la soberanía alimentaria y condenaría a la población en general a depender de las importaciones de alimentos.
La industria minera no es una fuente de trabajo permanente, sino una industria golondrina. Llega por un tiempo corto, la mano de obra local que emplea no es técnica y la ocupa solamente para el trabajo pesado: abrir túneles, sacar desechos, construir alguna infraestructura. En un lapso de dos o tres años, esa mano de obra ya no es indispensable. Los trabajadores técnicos (ingenieros en minas, geólogos, etc.) los traen de otros países y son el personal más permanente y bien pagado.
La industria minera ha vendido en El Salvador la idea de que dejará una cantidad importante de dinero que fortalecerá el desarrollo del país. Pero la realidad es otra: según la Ley de Minería, las mineras dejarían únicamente dos centavos de cada dólar por las regalías. Este impuesto no sería por las ventas, pues el oro iría a parar a otros países. En otras palabras, el oro, la riqueza, se la llevan las grandes empresas, y en El Salvador nos quieren dejar la contaminación, más pobreza y comunidades divididas entre los que están en contra y a favor de la minería.

Organización frente a la amenaza de las mineras
Partiendo de lo anterior, y ante la amenaza a los recursos naturales por parte de las mineras, las comunidades afectadas se han venido informando y realizando una serie de acciones que permiten hacer resistencia a proyectos de muerte como el mencionado. Han sido las organizaciones no gubernamentales y las comunidades las que han conformado la Mesa Nacional Frente a la Minería. En esta Mesa participa el Centro de Investigación sobre Inversión y Comercio (CEICOM), dedicado a la investigación y el monitoreo de temas como el Tratado de Libre Comercio (TLC), el agua, los Acuerdos de Asociación con Europa (ADA) y la minería metálica.
CEICOM inicio una investigación en zonas mineras que habían sido cerradas durante el conflicto armado. La investigación estuvo a cargo del químico italiano Flaviano Bianchini y se realizó en septiembre del 2007 en la zona del río San Sebastián, en Santa Rosa de Lima (departamento de La Unión), donde la industria minera utilizó uno de los principales afluentes, que abastecía a la población. La investigación de Bianchini demostró que el río está contaminado con venenos mortales como cianuro, y metales pesados como manganeso, aluminio y hierro.
El estudio señala que en este río no hay peces ni anfibios, y que ni siquiera se observan insectos en las riberas. En el caso del cianuro, los niveles encontrados rondan los 2,6 miligramos por litro de agua, más de cuatro veces el 0,6 que establece como límite la Organización Mundial de la Salud (OMS). En cuanto a los metales, el manganeso es 586 veces más que el nivel permitido, el aluminio es 1 800 veces superior y el hierro es 286 veces mayor que los límites establecidos por la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos (EPA) y por las normas de la OMS.
Otros vulcanólogos del Instituto de Ciencias de la Tierra de la Universidad de El Salvador (UES) examinaron el agua de siete ríos que confluyen en el Río Grande de San Miguel (San Miguel también es de la zona oriental, vecino con el departamento de La Unión) provenientes de El Divisadero, Jocoro y San Carlos, antiguas zonas mineras en el sur de Morazán. Los investigadores encontraron cantidades de mercurio y cadmio que superan con creces los estándares de la EPA y la OMS.
Estos fueron los hallazgos que obligaron a CEICOM a incorporarse a la lucha contra la minería en El Salvador y a exigir una ley que prohíba la minería metálica. No esperaremos a repetir la historia con los pocos ríos que nos han quedado. La minería es altamente contaminante y depredadora del medio ambiente en cualquier parte del mundo. Aunque las mineras hablan de procedimientos o tecnología modernos que logran reducir los grados de contaminación y depredación, estas siempre subsisten e impactan negativamente los ecosistemas locales.
Al revisar la historia, al revisar país por país donde la minería ha logrado empoderarse, no encontramos ningún caso en el que haya generado desarrollo permanente en las zonas donde se ha establecido. En el mejor de los casos, ha habido un pequeño desarrollo temporal durante unos años, pero después las cosas son peores de como eran antes de que llegaran las empresas mineras.
Minería metálica, problema transfronterizo
A mediados del 2008 se tuvo información sobre un proyecto minero instalado en el municipio de Asunción Mita, del Departamento de Jutiapa, en Guatemala. Se trata de un proyecto de la empresa Entre Mares llamado Cerro Blanco. Esta mina pretende extraer más de un millón doscientas mil onzas de oro, pero también dejará una montaña de más de tres millones de toneladas de rocas cianuradas.
El Salvador y Guatemala también comparten el Lago de Güija, un cuerpo de agua que tiene una extensión de alrededor de 44 km2: el 60% corresponde a El Salvador y el resto a Guatemala. La mina de Cerro Blanco queda, en línea recta, a catorce kilómetros de distancia. Cerro Blanco depositará sus desechos cianurados en una quebrada que conecta directamente con el Río Ostua, que delimita la frontera entre Guatemala y El Salvador y que es el principal afluente del Lago de Güija, que, a su vez, es el principal tributario del Río Lempa.
De lo anterior se deriva la preocupación por detener el proyecto de Cerro Blanco, porque hablamos de la amenaza a la vida que sufrirán alrededor de tres millones de salvadoreños y la población de la frontera de Guatemala. La contaminación que generaría la actividad minera en estos cuerpos de agua significaría un grave deterioro ecológico por el significado que tiene Güija para la reproducción de especies animales, el clima, los alimentos, etc.
La organización de las comunidades de Mita y Metapán es la tarea en este momento, así como la información actualizada sobre el tema, para hacer resistencia organizada. A nivel de los gobiernos hay poca voluntad política para enfrentar la situación. Las autoridades salvadoreñas temen poner en riesgo la integración centroamericana, pero las comunidades insisten en que la integración se vería amenazada si no se detiene el proyecto minero.
En el mes de marzo del presente año, el Congreso de los Pueblos de Guatemala, las organizaciones ambientalistas y las comunidades amenazadas realizaron una convocatoria a través de los diputados de la URNG para reclamar la interpelación de los ministros de medio ambiente, energía y minas, y el vicecanciller, con el fin de dilucidar las responsabilidades en la aprobación del proyecto minero Cerro Blanco. En esa ocasión, el vicecanciller mantuvo que la minera está ubicada en su territorio y que el gobierno está haciendo uso de su derecho a implementar los proyectos que considere convenientes. Los salvadoreños, por su parte, mantienen que respetan la soberanía de los pueblos, pero que también hay convenios en los que se comprometen a desarrollar la política del buen vecino. Esto quiere decir que ningún país puede realizar proyectos o alguna actividad que pongan en riesgo la seguridad, la salud y la vida del país vecino.
Es importante decir que no solamente los proyectos mineros están amenazando la vida en El Salvador. También están las amenazas que plantean diecisiete represas hidroeléctricas y la construcción de la carretera longitudinal del norte. Todos ellos responden a los intereses geoestratégico del Plan Puebla Panamá, y su fin último es fortalecer la economía de los Estados Unidos.
Las grandes empresas transnacionales llegan a los países pequeños como El Salvador con el afán de destruir sus pocos recursos. Se produce entonces un enfrentamiento entre el gran capital y la vida, entre la avaricia desmedida y la lucha por la sobrevivencia. Y lo que es peor: se trata de un enfrentamiento a la voluntad de Dios, que vio la obra de su creación como buena e incluso como muy buena (Gen 1,1-26). Las trasnacionales cambian ese deseo, pues la depredación que hacen de la tierra la vuel-ve infértil, desértica, inhabitable. El Reino de Dios consiste en la imposición de su señorío en este mundo: el cielo nuevo y la tierra nueva es la máxima realización de ese Reino. “Después me mostró un río limpio de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero. En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones” (Ap 22,1-2).
Queremos un ambiente sano en el que la naturaleza no sea solo objeto de explotación, sino lugar de relaciones y de realizaciones humanas. Es necesario que construyamos un mundo en el que se pueda convivir y donde la idea de la vida continúe.

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