Decadencia política y terapia de la fe: el nexo y los mitos del renacer pentecostal en Nigeria

Adewale Aderemi

La historia política posterior a la descolonización en Nigeria traza una trayectoria de promesas, riquezas de corta duración y un agudo descenso que condujo, a finales del siglo pasado, al punto más bajo de decadencia, inestabilidad, corrupción y mala administración económica. En casi cuatro décadas de vida estatal, la nación se ha balanceado varias veces al borde del conflicto y la desintegración. Pero Nigeria asume el papel del chico rehabilitado de la política global, del emblema de la política “al borde del abismo”. El país comenzó el nuevo milenio con noticias halagüeñas que hablaban, una vez más, de riquezas –gracias a la perenne crisis en el Golfo y la consiguiente alza de los precios del crudo– y consolidación democrática.1

Nigeria sufrió el embate de un golpe militar y una terrible guerra civil que casi aniquiló al tercero de sus grupos étnicos.2 Sin embargo, a principios de los setenta, en un tiempo récord, el país emergió con una economía de ingresos medios y una prodigiosa producción de crudo, al tiempo que se consolidaba como líder global en la exportación de cacao, algodón, aceite de palma, madera, maní y caucho.
El gobierno militar instaurado en 1967, relativamente estable, fue abruptamente depuesto en 1975 por un golpe militar. Cuando en 1979 Nigeria renegoció su regreso a un gobierno civil democrático, parecía que el país se encontraba nuevamente en el camino hacia una gloriosa cita con el destino. El gobierno de Shehu Shagari (1979-1983) abrió una senda de libertinaje y corrupción sin paralelo. Los estilos de vida ostentosos eran lubricados por el saqueo de los fondos gubernamentales. Shagari Benz y Akinloye Champagne3 caracterizaron una época que incluyó donaciones sin precedentes a los partidos políticos,4 chantajes para la obtención de licencias de importación y estafas financieras como las de Johnson Mathey y la compañía Leyland.

El derrocamiento de este gobierno por los militares dirigidos por los generales Muhammadu Buhari y Tunde Idiagbon (que gozó de popularidad), resultó apenas un breve interregno, porque la vie quotidienne de los nigerianos se desplomaba perceptiblemente a niveles intolerables, aunque Umaro Dikko, puntal del gobernante Partido Nacional de Nigeria (PNN) y entonces ministro de transporte, fustigara a los críticos arguyendo que los nigerianos aún no comían de los latones de basura.
Hasta mediados de los ochenta los nigerianos disfrutaron de saludables estilos de vida. Antes de que el gobierno de Ibrahim Babangida eliminara a la clase media, esta tenía dimensiones considerables y su bienestar material era comparable al de las clases medias de otras partes del mundo. La naira, la moneda nacional nigeriana, tenía paridad con el dólar y se cotizaba ligeramente por debajo de la libra esterlina británica. Los nigerianos solían ir a pasar sus vacaciones a Norteamérica y Europa, en especial al Reino Unido;5 compraban cereales para el desayuno, y la carne y los productos lácteos todavía no eran artículos suntuarios. Sin embargo, en pocos años, el país se convirtió en uno de los más pobres del mundo. Según estándares africanos, se tornó uno de los de más difícil consecución de la supervivencia, y ello a pesar de los crecientes ingresos del petróleo crudo. El desfavorable medio económico precipitó la recesión económica y las reformas oficiales, las “medidas de austeridad” del gobierno de Buhari y el subsiguiente Programa de Ajuste Estructural (PAE) del mandato de Babangida.

Con su notorio costo social para los sectores más vulnerables de la sociedad y sus efectos empobrecedores, resultados de la privatización, la devaluación monetaria, los cortes de los subsidios y el congelamiento de los salarios, el PAE le infligió incontables privaciones a la población. Como consecuencia directa, este período marcó el advenimiento de la emigración económica masiva, el robo de cerebros y una enorme oleada de renacer pentecostal.

Este artículo examina la conexión entre los declinantes niveles económicos a partir de los ochenta, el torbellino del renacer pentecostal y la proliferación de iglesias en Nigeria. El pentecostalismo se define contextualmente como la doctrina cristiana que enfatiza el renacimiento como precondición para la salvación, el ministerio del Espíritu Santo, e incluye el habla en lenguas y la realización de milagros. Ese tipo de cristianismo se asocia a una interpretación literal de la Biblia y a fuertes componentes evangélicos y escatológicos. Aunque estas características no agotan todos los rasgos doctrinarios del pentecostalismo, este artículo no tiene en cuenta la tenue distinción entre los fenómenos carismáticos y pentecostales, que aquí se emplean como sinónimos. El texto sostiene que la oleada ascendente del culto pentecostal cristiano ha repercutido significativamente en la sociedad nigeriana, al propiciar la transformación litúrgico-doctrinal en las más antiguas misiones cristianas protestantes, una desesperada revolución islámica y el retroceso de la importancia del culto tradicional.

En su desarrollo, el artículo presenta las tipologías de los ministerios cristianos y divide a los grupos pentecostales según determinadas variables. Sostenemos el criterio de que aun cuando existe una correlación positiva entre el auge del culto pentecostal y el fracaso del Estado en la prestación de servicios sociales, la creciente pobreza y el extendido desaliento, ese renacer tiene también una innegable dimensión espiritual. Además, argumentamos la incidencia de variables externas como la influencia del pentecostalismo norteamericano, que influyen en el fenómeno nigeriano.

El panorama religioso nigeriano

Nigeria es la nación más populosa del Africa negra, con una población estimada de más de ciento treinta millones de habitantes. El país oeste-africano es un acertijo en muchos aspectos. Con una gran diversidad etnográfica, posee más de doscientos cincuenta grupos étnicos y unos mil grupos lingüísticos. Según cifras oficiales, los mayores son los hausa-fulani,6 los yoruba y los igbo.
Resulta común pensar, en términos excluyentes, que Nigeria se compone de un norte musulmán y un sur cristiano. En realidad, hay comunidades cristianas muy significativas en el norte y un número importante de musulmanes en lo que el lenguaje geopolítico de Nigeria identifica como el sur. El estado central de Plateau tiene una población cristiana autóctona dominante, y lo mismo se puede decir de Benue, Taraba, el eje meridional del estado de Kaduna, y los estados del nordeste, Níger, Adamawa y Bornu.

El cosmopolitismo del norte hace inevitable la diversidad religiosa, aunque esa región es predominantemente musulmana, e incluso el noroeste puede considerarse conservador. El sur, de lengua ijaw y efik, así como el sudeste igbo, son en su mayoría cristianos. En el sudoeste yo uba coexisten las dos principales religiones. De manera general, debe tomarse nota de que en todos los estados meridionales hay barrios hausa-fulanis, llamados sabo, prósperos y musulmanes.
Como la mayoría de los pueblos negros, los nigerianos son muy religiosos. La necesidad de establecer vínculos con el Todopoderoso es tan apremiante y esencial como la vida misma. Aunque a Dios se le venera bajo diversas nomenclaturas, junto a un panteón de deidades subalternas, la religión tradicional africana es de naturaleza monoteísta. La mitología yoruba reverencia a una multitud de deidades menores que se reconocen como hijos y/o sirvientes de Olodumare, el Ser Supremo. Ogún es la divinidad de la herrería y la guerra; Shangó, la deidad menor del trueno; Obatalá, el sacerdote principal de Olodumare; y Yemayá la deidad del agua. En la cultura yoruba el agnosticismo se considera peor que el más vil de los crímenes, y es una gran blasfemia, menos tolerable que abrazar religiones desconocidas. Bajo el cartel de “misiones civilizadoras”, las denominaciones cristianas –católico-romana, anglicana, metodista, bautista, presbiteriana y otras– usurparon este ethos; el cristianismo permeó el territorio yoruba y el resto del país, especialmente el sur, de la misma manera en que el islamismo había revolucionado el norte décadas atrás.

La misma diversidad religiosa nigeriana fue el patrón de las actividades misioneras en el siglo XIX. Una jihad islámica asoló todo el norte de 1804 a 1831, pero no tuvo éxito más allá de Ilorin. Su influencia se resquebrajó desde Oshogbo, un puesto avanzado del famoso Imperio de Oyo. La metodología del proselitismo islámico provocó que la religión fuera aceptada por sus conversos en el norte de Nigeria, a la vez que sirvió de baluarte contra las misiones cristianas que vinieron después al norte. Según E. A. Ayandele:

Hay que subrayar que la jihad de los fulani produjo un mínimo de cambios políticos y sociales… Pues el Islam se integró y se asimiló de diversas maneras, preservando unidades autóctonas y sociales vitales como la poligamia, la esclavitud y la familia. También, debido al modo en que se propagaba en el norte de Nigeria, las clases más altas… estuvieron entre los primeros conversos al Islam, y fue a través de ellas que los hogares y las masas se colocaron bajo la bandera de la media luna.7

Por otra parte, las misiones cristianas no tenían compromisos semejantes. Para ellas, “el nuevo vino del cristianismo europeo tenía que ser puesto en odres nuevos”.8 Las denominaciones “civilizadoras” también participaron en una rebatiña y parcelaron el país al estilo de la Conferencia de Berlín de 1884. En el sudeste predominaron la Iglesia Católica Romana y, más tarde, las Asambleas de Dios; en el norte y la región de la franja del centro, la Iglesia Evangélica de Africa Occidental (IEAO) tuvo éxito; en las regiones del Calabar y Akwa Ibom, la Iglesia Presbiteriana gozaba de auge, mientras que en el sudoeste del territorio yoruba echaron raíces la Sociedad Misionera de Africa (SMA) y las misiones bautista, wesleyana (metodista) y anglicana.9

Con el paso del tiempo, la evangelización de estas misiones ortodoxas sufrió un proceso de nacionalización, no sólo en términos de sus liturgias, sino también en el creciente número del clero africano, un fenómeno que recibió el nombre de etiopianismo, “una red de protestas culturales contra el dominio europeo en la vida de la iglesia”.10

El surgimiento de misiones autóctonas, especialmente la Iglesia del Señor Aladura y las African Cathedral Missions (Misiones Catedrales Africanas), también reformularon el panorama cristiano de Nigeria. Hay que subrayar que en más de un sentido las iglesias de Aladura fueron las precursoras autóctonas de la renovación carismática en el cristianismo nigeriano. Estas hacían énfasis en la administración del Espíritu Santo como parte del Dios trino y en los dones de lenguas y la sanación. Sin embargo, la dimensión de la prosperidad no estaba presente en sus doctrinas.

Joseph Ayo Babalola fue el faro de ese género de espiritualidad cristiana y el profeta G. O. Obadare su equivalente contemporáneo. En este análisis no se ha considerado la miríada de misiones de túnicas blancas llamadas Aladura, que incluye a la Celestial Church of Christ (Iglesia Celestial de Dios), Cherubim and Seraphim (Querubín y Serafín) y la Church of the Lord (la Iglesia del Señor). El presente estudio sólo se referirá a la Iglesia Apostólica de Cristo, porque ese antiguo grupo de iglesias de túnicas blancas emergió principalmente del etiopianismo y se sincretizó con los cultos tradicionales africanos; no es pentecostal en el verdadero sentido de la palabra.

Entre las misiones cristianas de segunda generación que no se involucraron en el proselitismo pionero llevado a cabo en Nigeria, y de las que emergió un evangelio radical, se encuentran la Iglesia Evangélica Cuadrangular, la Iglesia de la Fe Apostólica, las Asambleas de Dios y la Iglesia Apostólica.11 Esas misiones, todas norteamericanas, apresuraron el advenimiento del revisionismo pentecostal del culto cristiano ortodoxo en Nigeria. De cualquier manera, la dimensión material –o lo que se conoce como el “evangelio de la prosperidad”– aún no había surgido. Este grupo de iglesias integra la primera categoría de las taxonomías analíticas del presente artículo.

Los primeros frutos

El impulso inmediato del renacer pentecostal en Nigeria lo brindaron, sin dudas, las asociaciones universitarias o los Scripture Union Movements (Movimientos de Unión de las Escrituras-SU) entre mediados de los setenta y principios de los ochenta. Dado que ese período coincide con el bienestar y el florecimiento económico, y que los mensajes de la prosperidad estaban ampliamente excluidos de la prédica de estos grupos, no tiene sentido sostener que surgieron del infortunio económico. De hecho, por aquellos tiempos la vida en las universidades nigerianas era muy buena: comida barata y de calidad, albergues decorosos con dormitorios para dos personas, bibliotecas bien abastecidas e infraestructura adecuada. Además, los grupos de los SU eran notorios por su vida santa, puritana, casi ascética, su vestimenta modesta desprovista de adornos y su vida disciplinada de renuncia a las cosas del mundo; de ahí que sea posible deducir que la inspiración original para la renovación pentecostal/carismática no fue de naturaleza material. Las teorías político-económicas deterministas, como las de Ruth Marshall12 y Ogbu Kalu,13 entre otras –que achacan raíces económicas y motivaciones políticas al renacer pentecostal inicial– resultan sospechosas y carecen de clara validación empírica.

Los grupos de los SU no se metamorfosearon inicialmente en iglesias; podríamos aducir dos posibles razones para explicar ese fenómeno. En primer lugar, sus miembros, profesionales universitarios, carecían de motivación suficiente para convertirse en pastores a tiempo completo, en un momento cuando no existía el desempleo entre los graduados y resultaba atractiva la perspectiva de ejercer ocupaciones bien remuneradas. En segundo lugar, como la humildad de base era uno de los sellos de los SU, no era común que los miembros asumieran el honor que suponía la labor pastoral: se trataba de una vocación divina y los elegidos eran pocos.

La Deeper Life Bible Church (Iglesia Más Profunda Vida de la Biblia), fundada en 1973, se puede considerar el primer vástago institucional de ese movimiento. Su fundador y superintendente general, W. F. Kumuyi, era uno de los baluartes de las vibrantes asociaciones universitarias, en la Universidad de Lagos, donde fue catedrático y miembro del cuerpo de los SU.14 El mismo caso fue el del obispo David Oyedepo de Living Faith Ministries-Winners Chapel (Ministerios Fe Viviente-Capilla de los Ganadores), el reverendo Yemi Ayodele, de Living Faith Ministries, Ibadan (Ministerios Fe Viviente, Ibadan), Austin Ukachi, de la Iglesia Cristo Vive, Moses Aransiola, de la Iglesia Getsemaní, Daniel Olukoya, de Mountain of Fire and Miracles Ministries (Ministerios Montaña de Fuego y los Milagros) y Chris Oyakhilome, de Loveworld Ministries (Ministerios Amor Mundial), también conocido como Christ Embassy (Embajada de Cristo). El obispo Oyedepo había sido profesor en la Universidad Ahmadu Bello, en Kaduna, y Daniel Olukoya en la Universidad de Lagos. Según Ojo Matthews, “a la altura de 1974, graduados que ya habían sido influidos por el renacer habían establecido más de diez organizaciones carismáticas”.15

A esas alturas, la Iglesia de Dios Cristiana Redimida experimentaba una transformación sumamente carismática. La salida de su fundador y superintendente general, Josiah Akindayomi, y su remplazo por el pastor Enoch Adeboye, trajo una significativa transformación que condujo al crecimiento acelerado de la iglesia. Este grupo de iglesias integra la segunda categoría en nuestra tipología analítica.

A principios de los ochenta, los pentecostales eran percibidos en gran medida como fanáticos cristianos antisociales; pero a la altura de 1985 esa percepción se transformó positivamente. Esto se debió a múltiples factores, entre ellos el dinamismo de la Fraternidad Internacional de Hombres de Negocios del Evangelio Completo, que hacía proselitismo entre profesionales que eran cristianos nominales, las clases medias y los estratos superiores de otras creencias. En cuanto los administradores de bancos, los jefes de las industrias, los políticos y otros profesionales reconocieron públicamente a Jesucristo y abrazaron el evangelio carismático, el estereotipo de los creyentes “renacidos”, “colmados por el espíritu”, “hacedores de milagros” se fue suavizando y se allanó el camino para que las masas de menos recursos –cristianas y no cristianas– abrazaran la fe. Una segunda razón fue la creciente transmisión de mensajes del pentecostalismo norteamericano a través de los medios de difusión electrónicos e impresos y la consiguiente transformación y el rápido establecimiento de misiones pentecostales análogas al evangelismo norteamericano. Los mensajes de los principales televangelistas norteamericanos –Oral Roberts, Billy Graham, Kenneth Hagin, T. L. Osborne, Kenneth Copeland y Frederick Price– podían encontrarse en libros y cintas de audio y video que dieron lugar a una nueva rama de negocios.

La Iglesia Misión de Dios, fundada por el arzobispo Benson Idahosa, sin dudas desbrozó el camino para las nuevas misiones. La World of Life Bible Church (Iglesia de la Biblia del Mundo de la Vida) del pastor Ayo Oritsejafor; el Ministerio Salem de Sam Amaga; la Iglesia Voz de la Fe-Capilla de Cristo,16 establecida por Tunde Joda en Lagos; la Iglesia de Cristo Rehma, de George Adegboye; la Iglesia Casa de Dios de Chris Okotie;17 y el Ministerio de la Lluvia Tardía, fundado por Tunde Bakare,18 constituyen algunas de las iglesias pentecostales que emergieron y cobraron prominencia en este período. Integran nuestra tercera categoría.

Habría que subrayar que la Deeper Life Bible Church se fortaleció cada vez más, hasta convertirse en el faro del pentecostalismo conservador. A la altura de 1985 esa iglesia era, con mucho, la mayor misión establecida en Nigeria. Sin embargo, la Iglesia de Dios Cristiana Redimida es, claramente, la mayor de la Nigeria contemporánea. Un factor clave para el crecimiento de esta iglesia radicó en el éxito de la Fraternidad Internacional de Hombres de Negocios del Evangelio Completo, porque era interdenominacional, una especie de club religioso de profesionales. Sus miembros abandonaron las iglesias ortodoxas (no pentecostales, de la primera categoría) por otras más carismáticas, y en este cambio la Iglesia de Dios Cristiana Redimida sobresalió como una opción muy popular. Los fieles se sentían atraídos a una iglesia cuyo pastor era un humilde profesor de matemáticas, y en la que los milagros y los fenómenos paranormales resultaban frecuentes. Los mensajes de estos grupos pentecostales encontraron mucha aceptación y detonaron el renacer pentecostal: una cosecha masiva de almas y la proliferación de iglesias.

El trigo y la paja

El fuego del renacer pentecostal que ardía en Nigeria en los años ochenta no decayó en la década siguiente. La tercera categoría de pentecostalismo se multiplicaba geométricamente y se hacía cada vez más popular. Los noventa fueron años de desesperación en Nigeria, sumida de lleno en las reformas económicas del PAE.

El gobierno militar federal, liderado por el presidente Ibrahim Babangida, intensificó las medidas de austeridad implantadas por su predecesor, el régimen de Buhara/Idiagbon. La devaluación progresiva de la moneda (de la paridad de la naira con el dólar a cuatro por dólar, a veinticinco por dólar, hasta estabilizarse en cien nairas por dólar) trajo indecibles infortunios a los nigerianos. La consecuencia directa en la industria fue la falta de disponibilidad de divisas para las materias primas y maquinarias, con lo cual se redujo la utilización de la capacidad industrial a un 40% y se produjeron despidos masivos de obreros. Las industrias textiles, que padecían la escasez de divisas y el pernicioso proteccionismo de los mercados del Norte, quedaron totalmente paralizadas. Los que otrora eran trabajadores, buscaban empleo ahora. Por lo demás, la política de privatización del gobierno provocó una mayor reducción de los empleos, así como la masiva contracción de la empleomanía estatal y la comercialización y/o privatización de bienes públicos. En vez de brindar servicios sociales para atenuar los efectos de esas duras políticas, el gobierno comenzó a eliminar los subsidios, sobre todo los del precio del petróleo, a través de los dictados del PAE. La clase media, sencillamente, se evaporó, y el despiadado Babangida urgió a los nigerianos a usar “lo que tienen para conseguir lo que quieren”. Muchos siguieron el consejo y se produjo un éxodo de cerebros; florecieron las prácticas fraudulentas, especialmente el tráfico de drogas, y el charlatanismo religioso por parte de los “lobos” que conocían las doctrinas del cristianismo pentecostal en boga y comprendieron que existía un mercado creciente para los milagros y los mensajes de esperanza. De ese modo, el auge de la fe cristiana en la última década del siglo XX se diluyó en las realidades socioeconómicas, aun cuando fuera impulsado al principio por profundas convicciones espirituales y los movimientos de los SU.

Los costos sociales de los programas de ajuste estructural de los noventa fueron severos. La pérdida de empleo y los hogares destrozados, los niños desescolarizados, los desalojos llevados a cabo por dueños de viviendas inescrupulosos y un ambiente general de desaliento tuvieron consecuencias diversas. Los jóvenes desesperados y carentes de toda esperanza apelaron al crimen, la prostitución y la organización de mafias. La religión fue un opio efectivo en dos sentidos. Primero el evangelio de la prosperidad, propagado por la mayoría de las iglesias de la tercera categoría, con su promesa de solucionar todos los problemas y sus mensajes de “pide y tendrás” similares a los de la psicología del pensamiento positivo, que ofrecían una salida milagrosa del círculo vicioso de la pobreza, el desempleo y el desaliento, atrajeron a muchos nigerianos a sus reuniones. Y, en efecto, abundaban los testimonios de logros milagrosos de empleo, matrimoniales y otros favores inesperados.

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Segundo, otros también acudían en masa a las reuniones en busca de la divina promesa que les brindara la esperanza y el coraje renovados para seguir adelante. De ahí que floreciera el evangelio carismático, y todo tipo de caracteres de raíces espirituales desconocidas, sin destrezas ni calificaciones específicas, que surgieron como fundadores/pastores de iglesias pentecostales equipados de un buen conocimiento de la Biblia, en especial de las escrituras de la prosperidad, una perfecta mímica del repertorio espectacular de sus mentores, “hombres de Dios”, y un llamativo atuendo (invariablemente, trajes de tres piezas o largas y vaporosas túnicas). Se trataba, en realidad, de charlatanes y alcahuetes religiosos que buscaban el pan de cada día, desesperados por evitar las fauces de la pobreza. Nos referiremos aquí a estos como la cuarta categoría de iglesias a los productos institucionales directos de esta época.

Intentaremos categorizar los variados ministerios pentecostales de Nigeria a través de sus rasgos distintivos: el mensaje predominante, el trasfondo espiritual y profesional de los fundadores o pastores de mayor rango, los títulos del fundador, el papel y el título de la esposa del fundador en el ministerio, el código de vestuario de los laicos, el acceso a los medios de comunicación masiva. La categorización que brindamos no es sino una guía limitada, porque cientos de ministerios/iglesias quedan fuera de nuestro análisis; en realidad, sólo presentamos una limitada muestra representativa de cada categoría. Además, existen grandes solapamientos en los cuadros comparativos que presentamos más adelante: por ejemplo, aunque el Christ Embassy Ministry aparece en la lista como una iglesia de la tercera categoría, dado que comparte más rasgos con este grupo, la formación espiritual de su fundador proviene de las Asambleas y los SU.
Comparativamente, también la Mountain of Fire and Miracles surgió en el período post-PAE y es una recién llegada al escenario pentecostal; pero la iglesia arguye que el fermento espiritual de fines de los setenta persistió en los noventa y que no todos los ministerios establecidos en el período post-PAE tuvieron una inspiración materialista. El Scripture Pasture Christian Centre (Centro Cristiano de los Pastos de las Escrituras) de Ibadán, cuyo pastor, Olubi Johnson, se formó en el Imperial College de Londres, es difícil de ubicar en la tercera categoría con respecto a las variables E y G. La iglesia prohíbe que las mujeres usen pantalones y no tiene mucha presencia en los medios, aunque casi veinte años después de su fundación ha mantenido un solo centro de culto. También se debe tener en cuenta que nuestra categorización no depende strictu sensu de la longevidad de los ministerios clasificados. Resulta posible que una iglesia ubicada en la tercera categoría de nuestro cuadro haya sido fundada mucho antes que otra ubicada en la segunda, debido a que nuestro agrupamiento se sustenta en las variables identificadas más adelante.

Aunque hemos identificado cuatro tipos de grupos “pentecostales” en Nigeria mediante una serie de indicadores, varios pertenecen a la Asociación Pentecostal de Nigeria (APN). Sin embargo, hay que subrayar –y con énfasis– que la APN no es ni una herramienta ni una plataforma política para los pentecostales ni para ningún grupo político; de hecho, esa organización permanece casi totalmente muda en lo tocante a la vida nacional, limitándose a hacer llamados a la calma en tiempos de crisis religiosas. La Asociación Cristiana de Nigeria (ACN), por otro lado, se involucra más en los acontecimientos políticos nacionales. En varias ocasiones se ha enfrentado al gobierno y tomado partido a favor de las protestas de los trabajadores, de modo que los argumentos de Marshall y, más tarde, de Kalu referidos a que la APN moviliza a los pentecostales en busca de ventajas políticas, no resultan válidos. La APN es una organización con poca cohesión. Nunca ha demostrado ambiciones políticas y mucho menos presentado un candidato de consenso a las elecciones, aunque tiene el potencial para convertirse en una plataforma política.

Respuesta al renacer pentecostal

La proliferación del culto pentecostal carismático en Nigeria ha ejercido un significativo y variado impacto en la sociedad. A continuación, relatamos tres de sus efectos.

El impacto inmediato del creciente pentecostalismo se hizo sentir por primera vez en el mundo cristiano en la Iglesia Católica y en las misiones protestantes más antiguas (anglicana, bautista, metodista, presbiteriana, etc.) En la medida en que el pentecostalismo creció y se volvió un fenómeno notable, los bancos de las iglesias más ortodoxas fueron quedando vacíos. Por su propia naturaleza, el pentecostalismo tuvo mayor aceptación entre la juventud y los feligreses cristianos recientes. Paralelamente al énfasis en el Espíritu Santo y otras variantes doctrinarias, el pentecostalismo se distingue por sus vibrantes modalidades de alabanzas y culto. La alabanza y el culto dependen principal –aunque no exclusivamente– de coros que, si bien son tan integralmente bíblicos y espirituales en su composición como los himnos, parecen más modernos y bailables en términos de ritmos y compases. Esto resulta importante desde una perspectiva africana, unido a otros aspectos del pentecostalismo como la interpretación literal del Evangelio, mucha fe en las obras milagrosas y la creciente popularidad y aceptación de este género de cristianismo que atrajo a los miembros –sobre todo a los jóvenes– de las iglesias ortodoxas. La respuesta de las iglesias antiguas consistió en variar tanto el énfasis de sus mensajes como la conducción general de los servicios de culto. Los metodistas, bautistas y católicos podían ahora dar palmadas y tocar sus panderetas en la iglesia, y ya no era extraño que los miembros manifestaran el don de hablar en lenguas desconocidas. En la Iglesia Católica, un grupo de miembros que abrazaron aspectos del pentecostalismo permanecieron dentro del redil, pero se convirtieron en un grupo revisionista conocido como los católicos carismáticos. La transformación de las iglesias protestantes ha sido tan profunda que, exceptuando sus nombres, resultan casi indistinguibles de las iglesias pentecostales.

Un segundo efecto importante y muy interesante del creciente culto pentecostal es la respuesta que provocó en la otra religión principal de Nigeria: el Islam. El renacer pentecostal en Nigeria no se limitó a la conversión al pentecostalismo de individuos que antes eran (nominalmente) cristianos; hubo una enorme cosecha de conversos musulmanes. La correlación de conversión musulmana al cristianismo resultó un reto para los clérigos musulmanes y los líderes islámicos de Nigeria, y se tomaron varias medidas para detener la fuga de hermanos musulmanes al redil pentecostal. Primero, las denominaciones musulmanas del sudoeste se asociaron en unidades mayores como la Sociedad Nasrul-Lahi-il Fathi de Nigeria (NASFAT) y la Sociedad Islámica Al-Fatih-ul-Quareeb, similares a la Asociación Pentecostal de Nigeria (APN), con el objetivo de ganar fuerzas para detener el avance pentecostal. Al igual que muchas denominaciones cristianas pentecostales que tienen amplios terrenos de oración a lo largo de la autopista Lagos-Ibadan, NASFAT y otro par de grupos musulmanes construyeron sus propios sitios de oración a lo largo de la misma autopista.

Con independencia de los tradicionales servicios Jumat de los viernes, los grupos musulmanes han comenzado a realizar vigilias nocturnas y megaservicios de charlas matutinas dominicales llamados Wolimot, que afectan la práctica de acudir a dos cultos distintos.

Otro impacto perceptible del renacer pentecostal en Nigeria es su relación inversa con la religión tradicional africana. En la medida en que el pentecostalismo se fortaleció, las creencias y prácticas religiosas autóctonas han declinado visiblemente y se consideran cada vez más negativas, idólatras y retrógradas. Además de la creciente influencia del pentecostalismo, esta tendencia se ha visto aún más reforzada por la globalización cultural y la influencia y la popularidad crecientes de los valores culturales occidentales.

Un fenómeno que crece entre los pentecostales recién captados de tradiciones cristianas protestantes, islámicas y paganas, es el cambio o modificación del nombre. Los nombres tienen una gran carga simbólica en la cultura africana, y a menudo reflejan la procedencia sociorreligiosa e histórica de las familias y los individuos, pero desde que la religión tradicional comparte espacios con el pentecostalismo cristiano, los nombres que elogian a otras deidades se consideran claramente inapropiados. Así, nombres como el yoruba ɺugbáyì, que literalmente significa ɺu,19 o el nombre igbo Nwosu, que quiere decir “hijo de un paria”, no se consideran en consonancia con el mensaje del cristianismo pentecostal. ɺugbáyì se convierte en Olugbáyì (“Dios salva a este”) o Jesugbáyì (“Jesús salva a este”), y Nwosu en Nwachukwu (“hijo de Dios”). Una razón adicional que motiva el cambio de nombre al convertirse al pentecostalismo, es la creencia de que los nombres son significativos e inciden en el éxito o el fracaso. Así, un nombre ibibio como Okon (bosque) no se considera del todo apropiado para un creyente carismático.

El universo pentecostal nigeriano presenta un cuadro muy diverso, pero las evidencias de verdadera espiritualidad en un extremo y las inspiraciones materiales, en el otro, resultan incontrovertibles.

…………………………………………..
Notas:

1—Aunque el gobierno democrático nigeriano de la Cuarta República, que dura ya siete años, está plagado de problemas –despotismo y arbitrariedad del ejecutivo, corrupción, violaciones judiciales rampantes, asesinatos políticos, desequilibrio estructural electoral, una Constitución impugnada, etc.– la intervención militar es también una perspectiva que va disminuyendo.
2—La nación igbo intentó separarse de la República Federal al declarar el Estado soberano de Biafra en mayo de 1967. En aquel momento, las cifras oficiales de población, que siempre son controvertidas, ubicaban a los igbo como el tercer mayor grupo étnico después de los hausa y los yoruba, respectivamente.
3—Shagari era presidente, y aparte de su sombrero de copa, su otro rasgo característico fue el Mercedes Benz 500SEL con falsos cromos laterales que pronto se volvieron omnipresentes en el país. Adisa Akinloye era presidente del PNN (partido gobernante) y se le acusó de hacerse fabricar por destiladores franceses un champán “confeccionado a la medida” que llevaba su nombre. Lo servía a sus acólitos políticos y amigos.
4—El doctor Sola Saraki donó, a través de la empresa Fougerolle, de su propiedad, dos mil millones de nairas (unos dos mil millones de dólares estadounidenses al cambio prevaleciente en el período) al gobernante PNN; era el mayor financista individual del partido, seguido por el fallecido M. K. O. Abiola.
5—Las obvias razones eran la histórica relación entre Nigeria y Gran Bretaña, la gran comunidad nigeriana que se había asentado en Gran Bretaña y –muy importante desde el punto de vista analítico– la política británica hacia Nigeria de no exigir visas en aquel momento.
6—Hausas y fulanis son grupos étnicos distintos que predominan en el norte de Nigeria.
7—E. A. Ayandele: The Missionary Impact on Modern Nigeria 1842-1914: A Political and Social Analysis, Longman, Londres, 1966.
8—Ibid.
9—Ver E. A. Ayandele y Ayuk Ausaji Ayuk: “The Pentecostal Transformation Of Nigerian Church Life”, African Journal of Political Science, vol. 5, no. 2, 2002, pp 189-204.
10—Ver Musa Gaiya: The Pentecostal Revolution In Nigeria, Occasional Paper, Centre of African Studies, University of Copenhagen, 2002; Asonzeh Franklin-Kennedy Ukah: The Redeemed Christian Church Of God (RCCG), Nigeria. Local Identities And Global Processes In African Pentecostalism, University of Bayreuth, 2003. Tesis de doctorado.
11—Ver Ojo Matthews: “Pentecostalism, Public Accountability And Governance In Nigeria”, ponencia presentada en el taller titulado Pentecostal-Civil Society Dialogue on Public Accountability and Governance, en Agip Recital Hall, MUSON Centre, Onikan, Lagos, 2004, p. 3
12—Ruth Marshall: “God is not a Democrat: Pentecostalism and Democratisation in Nigeria”, en Paul Gifford (ed.): Christianity and Africa’s Democratization, Leiden, Brill Publications, 1995, pp. 239-260.
13—Ogbu Kalu: “The Third Response: Pentecostalism and the Reconstruction of Christian Experience in Africa, 1970-1995”, Journal of African Christian Thought, vol. 1, no.2, diciembre de 1998, p. 3-16.
14—Ese era el nombre que se daban a sí mismos los miembros de los SU y después los de las Asociaciones de Escuelas Secundarias.
15—Matthews: op. cit.
16—Esta fue una obvia imitación del Ministerio del doctor K. C. Price en California.
17—Okotie fue un popular artista pop que recién regresaba de los Estados Unidos.
18—Bakare afirma que su mentor es el norteamericano Lester Sumrall.
19—ɺu es el Dios yoruba del mal y también la traducción de Satanás al yoruba.

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