Diálogo interreligioso con la religión del mercado

Paul Knitter

Lo que esta colección de ensayos se propone lograr resulta hoy más importante que nunca. Sus autores intentan, como lo hicieran sus predecesores en los tres volúmenes anteriores, cada uno en su contexto cultural y político particular, fomentar una “teología cristiana liberadora intercontinental del pluralismo religioso”. Su propósito es desarrollar no sólo un diálogo religioso más fructífero entre cristianos y seguidores de otros caminos religiosos, sino un diálogo que también sea liberador. Este es un esfuerzo para vincular las actuales teologías de las religiones con las actuales teologías de la liberación. Felizmente, ello se ha convertido en el interés y el compromiso de un número creciente de teólogos cristianos en la última década. Y los volúmenes de esta serie “Por los muchos caminos de Dios” han sido una contribución significativa a ese crecimiento.
Lo que me propongo señalar en este breve prólogo es por qué esta tarea –vincular el diálogo interreligioso con la liberación interreligiosa– es hoy más urgente y más compleja que nunca. Mi tesis, si así puede llamársele, es que la razón principal y la causa esencial de la creciente injusticia económica en el mundo, y de la pobreza deshumanizante que resulta de tal injusticia, es, en sí misma, religiosa. Las fuerzas que están generando tanta riqueza y, al mismo tiempo, tal disparidad en su distribución, se han convertido ellas mismas en una religión. El mercado libre global se ha vuelto una religión exclusivista mundial. Las religiones del mundo, tanto individual como interreligiosamente, deben participar en un diálogo liberador profético con esta nueva religión mundial. Sin un diálogo interreligioso con la religión del mercado, no se podrá desafiar y “convertir” eficazmente el poder deshumanizante del mercado.
Permítanme explicarme brevemente.

La religión del mercado

A contrapelo de la afirmación de Samuel Huntington de que estamos enzarzados en un “choque de civilizaciones”, creo que el choque que en realidad está sucediendo –y yo agregaría, el que no puede menos que suceder, no es entre civilizaciones. ¡Es entre religiones! Sin embargo, las religiones que contienden entre sí no son las comunidades religiosas tradicionales. Me refiero más bien al choque, a la oposición fundamental, entre las llamadas religiones mundiales, por una parte, y la nueva religión del mercado, por la otra.
En un artículo que provocó una amplia discusión, David Loy planteó cuidadosa y elocuentemente que la religión dominante, la más extendida en el mundo contemporáneo, es la “religión del mercado”. Especialmente en países desarrollados como los Estados Unidos, las naciones europeas y Japón, esa es la religión a la que pertenece la mayoría de la población, y es ella la que reclama sus compromisos religiosos fundamentales. La devoción a la religión del mercado precede y modifica la devoción al cristianismo, el judaísmo o el budismo.1
Para el creyente común, religión del mercado significa religión del consumismo. Uno practica su fe y encuentra su salvación consumiendo en los templos que son los centros comerciales. Pero se trata de una liturgia y una adoración diarias, no limitadas al domingo, el sábado o el viernes.
Para los prelados y potentados de esta nueva religión, religión del mercado significa religión del economicismo. Según John B. Cobb Jr., los devotos del economicismo ponen su toda su fe, su fe absoluta (y podríamos añadir ciega) en la creencia de que el crecimiento económico perseguido sin restricciones y sin la interferencia del gobierno, tanto por individuos como por naciones, traerá la salvación al mundo entero. En palabras de Cobb:

El economicismo es el tipo de organización de la sociedad que está intencionalmente al servicio del crecimiento económico. Todos los demás valores, incluida la soberanía nacional, se subordinan a ese fin, con la sincera esperanza de que una prosperidad suficiente le permitirá al mundo solucionar también sus necesidades no económicas.2

Para la religión del mercado, que se sustenta en la fe incondicional en el economicismo, el ser humano es un ser económico (homo economicus), es decir, un ser “…que busca racionalmente obtener el mayor número posible de cosas con el menor trabajo posible. Sus relaciones con otros seres son de competencia”.3
Esta religión del mercado tiene todos los rasgos que encontramos en las religiones tradicionales:

. Sus credos parten de la economía neoliberal del (papa) Friedrich von Hayek y el (ayatollah) Milton Friedman.

. Sus teólogos o ulemas son los economistas (principalmente occidentales).

. Sus misioneros son el vasto ejército de anunciantes que proclaman su mensaje de consumo en comerciales que llenan las trasmisiones de radio y televisión y en los carteles que pueblan nuestras ciudades y paisajes.

. Sus centros de aprendizaje son los departamentos de economía de universidades norteamericanas y de otros países occidentales, y su tribunal es la Organización Mundial de Comercio.

. Esta religión tiene sus mandamientos, el primero de los cuales es: “No interferirás con el libre mercado”. (O dicho en forma más tradicional: “el libre mercado es el Señor tu Dios; no tendrás dioses extraños delante de él”).

. Tiene, además, una soteriología clara y absoluta: “Fuera del libre mercado no hay salvación”. Aquellos que no estén “adentro” y no sean miembros de esta religión verdadera son considerados herejes o enemigos, a ser controlados o eliminados.

Diferencia fundamental entre las religiones y la religión del mercado

Hay una diferencia fundamental, que es una oposición básica, entre la ética de lo que Cobb llama economicismo (o fundamentalismo de mercado) y la ética de las religiones tradicionales. En formas asombrosamente diferentes, que, sin embargo, son también complementarias, las tradiciones abrahámicas (judaísmo, cristianismo, islamismo), las tradiciones asiáticas (hinduismo, budismo, confucionismo, taoísmo) y las religiones indígenas concuerdan básicamente en que cualquiera que sea el grado de unidad globalizada que pueda alcanzar la raza humana, esta unidad tiene que sustentarse en un equilibrio entre el interés propio y el interés por el otro.
La ética religiosa siempre es paradójica. Con una diversidad de símbolos y con énfasis diferentes, todas las tradiciones religiosas le dicen a la humanidad que, en forma paradójica y también prometedora, el interés por uno mismo equivale al interés por el otro. La intuición fundamental que está en la base de las religiones invita a las personas a un cambio que les llenará de vida y de paz, al pasar del interés por sí mismas al interés por el otro. Ese otro siempre es diferente a uno mismo, o es más que la conciencia que se tiene de sí mismo en el momento presente. Es el Otro con O mayúscula (la Fuente de Vida Interior de todos), y el otro con o minúscula: el prójimo de cada quien.
Así, Jesús nos dice que sólo nos amaremos verdaderamente a nosotros mismos cuando amemos a nuestro prójimo. Mahoma nos advierte que al cuidar de nosotros mismos, al promover una sociedad buena, nunca podemos olvidar el cuidado de todos los otros, especialmente de los pobres y los abandonados. Para Buda, experimentar la propia iluminación es sentir compasión por todo ser sensible. En la ética confuciana “para afirmarnos nosotros mismos debemos ayudar a que otros se afirmen; para que nosotros crezcamos, hemos de ayudar a otros en su crecimiento”.
Por tanto, esa es la cuestión o el desafío que las religiones han de plantearles a los promotores del libre mercado. La comunidad religiosa debe preguntarles a los economistas, los políticos y los presidentes de empresas: “El interés por uno mismo que ustedes ensalzan, ¿guarda equilibrio con el interés por el otro, está enraizado en él, es él quien lo guía?” Ciertamente, no parece ser así. El principio conductor del sistema capitalista mundial, gobernado por el fundamentalismo de mercado, parece ser: “Si perseguimos nuestro propio interés, también promoveremos el de otros”. Eso, según las religiones, debe estar equilibrado por: “Si perseguimos el interés de otros, también promoveremos el nuestro”. Las religiones advierten que si no existe ese equilibrio, si no casamos el interés propio con el interés en el bienestar de otros, nos veremos en problemas. De hecho, esa es la razón por la que el llamado libre mercado globalizado no está respondiendo a la gran disparidad de la riqueza en nuestro mundo globalizado, o, en realidad, está siendo su causa.

Diálogo interreligioso con la religión del mercado

Aunque resulte difícil, las religiones tradicionales del mundo deben participar en un diálogo profético y crítico con esta nueva religión universal del mercado. Las religiones deben enfrentar a los comandantes y los sumos sacerdotes de la globalización y confrontarlos con el “choque”, con la diferencia fundamental, entre la religión del mercado y las religiones históricas tradicionales. Los dirigentes y maestros religiosos deben hacer ver claramente que en el momento actual, y dada la forma en que la religión del mercado se entiende a sí misma, no es posible que un individuo sea “miembro” de la religión del mercado y sea, a la vez, seguidor de Mahoma, Jesús, Buda o Abraham. Aquí no cabe la doble pertenencia. Hay que elegir: inclinarse frente a Dios/Alá/el Dharma… o frente al mercado.
El diálogo interreligioso con la religión del mercado es extremadamente difícil, sobre todo porque el mercado insiste, como lo hizo la Iglesia católica en tiempos pasados y lo hacen actualmente muchas comunidades fundamentalistas cristianas y musulmanas, que es la única religión verdadera. Todas las demás serían falsas. Como bien se sabe, gracias a la historia de las relaciones interreligiosas, cualquier religión que afirma ser la única verdadera no dialoga con otra religión: lo que busca es convertirla.
Y, sin embargo, resulta sumamente urgente lograr algún tipo de diálogo o encuentro entre las religiones del mundo y la religión del mercado. Si el libre mercado ha asumido el poder y ejerce la dominación de una religión mundial, si nutre y dirige las vidas de las personas de forma profunda, como siempre lo ha hecho la religión, ¿no será, entonces, que las religiones tradicionales del mundo están entre los medios principales de contrarrestar esta nueva religión idólatra del mercado? Si es verdad que a veces se precisa del fuego para combatir el fuego, hoy necesitamos de las religiones para “combatir”, sofocar y redirigir la religión del mercado. En la actualidad, tal vez sólo las religiones pueden dar a los pueblos la visión, la energía, la esperanza y la perseverancia para dialogar con la religión del mercado, luchar contra ella y reconquistar a sus seguidores, que han puesto al dios del consumismo y el crecimiento económico en el lugar del único Dios, Aquel que nos asegura que cada uno de nosotros sólo encontrará la verdadera felicidad si promueve la felicidad de todos.
Los ensayos de este libro colectivo, y la serie “Por los muchos caminos de Dios” de la que forman parte, constituyen una contribución pequeña, pero significativa, a la promoción del diálogo entre religiones que hará posible el diálogo profético con la religión del mercado. Me siento honrado de tener el privilegio de ofrecer estas palabras de introducción. Y espero con interés la conversación gradual que estos ensayos estimularán en la comunidad cristiana y en la comunidad de religiones.
 
Traducido del inglés por María Cristina Caso.

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Notas:

1—David Loy: “The Religion of the Market”, Journal of the American Academy of Religion, n. 65/2, 1997, pp. 275-90.
2—John B. Cobb: Buddhist-Christian Studies, 4-5.
3—John B. Cobb: Buddhist-Christian Studies, 11.

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