La cultura garífuna: paradigma de cultura caribeña de resistencia

Walterio Lord y David González

Gestadas en medio de choques de pueblos y migraciones forzadas y, de sojuzgamiento colonial por parte de una diversidad de potencias enfrentadas, de desarraigo, traslado, transplante y explotación esclavistas y de presiones hegemónicas ejercidas permanentemente por poderes foráneos sobre islas-estados generalmente pequeñas y de frágil ecología, las islas de las Antillas han producido notorias culturas de resistencia. Pero quizás ninguna de ellas haya sido tan paradigmática como la de los garínagu que hoy pueblan las costas caribeñas de Honduras, Guatemala, Belice y Nicaragua y otros territorios donde muchos de ellos han migrado pero sin abandonar su impronta cultural. El objetivo de esta presentación es subrayar diez aspectos históricos por los cuales podemos afirmar que los garínagu son portadores de una paradigmática cultura caribeña de resistencia.

En primer lugar, la cultura garífuna tiene en su origen la fusión de dos elementos de los más irredentos de toda la zona de las Antillas: la cultura indígena amerindia que se afincó en San Vicente y la de los africanos escapados de la esclavitud, ambas enfrentadas al dominio colonial europeo en su fase inicial de expansión por las Américas. Es cierto que este no fue un caso único en las Antillas. La integración étnica y cultural de amerindios rebeldes y esclavos cimarrones ocurrió en numerosos puntos de la geografía antillana –y más allá– desde los inicios de la presencia colonial europea. Baste mencionar apenas el caso de los llamados “seminoles negros” que en la Florida presentaron fuerte resistencia a la penetración española desde fines del siglo XVII. Pero volviendo a los garínagu, según las fuentes escritas disponibles, al menos en 1635 y 1675 navíos negreros ibéricos naufragaron cerca de San Vicente y esto les permitió a los cautivos refugiarse en esa isla. Pero desde mucho antes hubo testimonios sobre la captura de esclavos negros por parte de los caribes de San Vicente cuando estos asaltaban los asentamientos europeos en islas vecinas. Pronto San Vicente se convirtió en polo de atracción de cimarrones de Barbados y otras islas.

Sin embargo, resulta interesante que en las leyendas de origen de los garínagu se enfatice –con el fin de subrayar su negativa a aceptar la esclavitud– el aspecto rebelde e irredento de su cultura, al argüir que los propios esclavos negros tomaron control de los navíos y los dirigieron hacia San Vicente. Al propio tiempo, las comunidades caribes de San Vicente eran, a la sazón, las únicas indígenas que los europeos no habían conseguido someter. Así, en el mito de origen de la cultura garífuna hallamos amalgamadas la rebeldía antiesclavista y anticolonial, la negativa a someterse y el constante irredentismo de africanos y ameridindios, que duró más de un siglo en San Vicente.

La información sobre las relaciones entre africanos y Amerindios es escasa, fragmentaria y contradictoria: unas fuentes dan cuenta de armonía y otras de desconfianza y antagonismos. Lo más probable es que haya habido tanto convergencias como divergencias, y a lo largo de más de dos siglos de interacción sin duda en ciertos momentos predominó lo uno, y en otros momentos, lo otro. Toda lógica indica que los africanos hicieron lo posible por ser aceptados por las jefaturas caribes de San Vicente para que no los devolvieran o vendieran como esclavos a los europeos, y con ese fin hicieron valer sus conocimientos guerreros. También adoptaron muchos rasgos culturales caribes para subrayar que no eran esclavos y para desestimular la esclavización si eran capturados por los europeos, pues ya no se admitía la esclavitud de amerindios. Así, hicieron suya la lengua, los alimentos básicos, muchos elementos religiosos, pinturas corporales, atuendo, etc., de sus vecinos caribes. Pero hay estudiosos que insisten en que si bien la asimilación cultural fue amplia, el mestizaje físico entre africanos y amerindios “fue probablemente muy reducido.”1 Además, hay bastante consenso en torno a que, para fines del siglo XVII, la comunidad negra (nutrida por el constante arribo de cimarrones de Barbados y otras islas) superó numéricamente a la indígena, y hubo pruebas de fuerza entre los dos grupos, cuya hostilidad los europeos trataron de explotar, al parecer sin mucho éxito.2

En segundo lugar, en la medida en que se fue forjando la cultura garífuna en San Vicente, sus integrantes y sobre todo sus líderes dieron testimonio tanto de una férrea voluntad de lucha como de gran habilidad diplomática para forjar alianzas y negociar acuerdos con sus adversarios. Los efectos de sus habilidades guerrilleras se reflejan en los documentos franceses de principios del siglo XVIII que expresaban consternación por –según decían– “la manera impertinente de conducir la guerra” que tenían los garínagu. Manteniendo su alianza esencial con los amerindios irredentos, los garínagu consiguieron, mediante tratados firmados en 1660, 1668, 1748 y 1773, una paz relativa que les permitió sobrevivir frente a un enemigo de fuerzas muy superiores.

En tercer lugar, aunque al final resultarían derrotados por los ingleses, los garínagu se aliaron en 1795 al poder europeo más progresista del momento –la Francia revolucionaria– y a cambio de ello consiguieron armamentos que les permitieron demorar la rendición. El hecho de que la caída de su gran líder, Joseph Chatoyé, al inicio de la guerra definitiva no significara el fin de los combates indica la fortaleza de la resistencia.

En cuarto lugar, los garínagu, a diferencia de otros grupos humanos incluso mayores de la zona de las Antillas, sobrevivieron la derrota militar, la captura, la separación de sus aliados amerindios y sucesivas deportaciones, aun en medio de pésimas condiciones de vida. Al parecer, un total de 4 644 hombres, mujeres y niños garínagu fueron capturados y mantenidos como prisioneros inicialmente en San Vicente. Pero los ingleses no podían darse el lujo de dejar a un grupo de negros libres –y en especial un grupo de probado irredentismo– que sería un mal ejemplo para los esclavos. Por ello los prisioneros fueron deportados primero a la pequeña isla de Balliceaux en las Granadinas, entre San Vicente y Granada, donde sufrieron muertes masivas por epidemias debido a las malas condiciones. Luego se les transfirió para Bequia y finalmente, en febrero de 1797, un total de 2 248 garínagu que habían sobrevivido fueron llevados a Roatán, una islita ubicada en la Bahía de Honduras, en dos navíos de guerra y un bergantín; 3 otras fuentes dicen que se necesitaron hasta ocho o nueve barcos. De hecho, los ingleses les estaban transfiriendo el problema de los garíganu irredentos a sus enemigos, los españoles, con los cuales estaban en guerra.

Sin embargo, esto no fue todo. Hay que tener en cuenta, además, que no todos los garínagu rebeldes fueron capturados en San Vicente y deportados de aquella isla, lo cual resulta un importante indicio de rebeldía. Cierto número de ellos consiguió esconderse en San Vicente y, tras varios años de persecución, los ingleses les asignaron una reserva cerca de Morne Ronde. Aunque muchos emigraron después de la erupción del Volcán La Souffrière en 1812,4 todavía en 1877 unos trescientos seguían viviendo en San Vicente, comerciando como lo hacían siglos atrás, venciendo, con las canoas cargadas de azúcar y de otros productos, las peligrosas resacas de la costa occidental hasta los navíos anclados fuera de la barra.5

En quinto lugar, una tradición garífuna da cuenta del modo ingenioso en que los garínugu consiguieron llevar oculto su alimento básico hacia el sitio de su deportación. Dice la leyenda garífuna que, cuando fueron deportados a Roatán, los antepasados ocultaron pedazos de su dieta básica –la yuca o mandioca– bajo sus vestimentas, donde la mantuvieron humedecida con su sudor en buques sobrecargados de pasajeros.6 Sea cierta o no esta tradición oral, ella revela el apego de los garínagu a su cultura material y espiritual y el valor que le atribuyen, al propio tiempo que estimula la ingeniosidad para conservarlas.

En sexto lugar, los garínagu fueron diestros en lograr un arreglo con los españoles que les permitió llegar a tierra firme. Los ingleses los habían dejado en situación precaria, pues al margen de dejarlos mínimamente abastecidos, resultaba difícil que pudieran adaptarse al terreno de la isla de Roatán antes del arribo de la época de lluvias. Ese arreglo les garantizó que poco más de dos mil personas, abandonadas en situación precaria, pudieran garantizar la posterior reproducción y el florecimiento de su cultura. Los españoles valoraron sus capacidades económicas (como agricultores y pescadores), pero sobre todo sus condiciones guerreras. Los garínagu ayudaron a reconstruir Trujillo, que acababa de ser incendiada por tercera vez por los piratas, y desde entonces contribuyeron decisivamente a su defensa.7 Andando el tiempo, inicialmente se sumaron a algunas rebeliones contra el dominio español, pero luego de sufrir serias consecuencias, se aliaron a los amos coloniales.8 Este acuerdo luego les resultaría costoso, pero les permitió sobrevivir y garantizó la reproducción de su cultura. En su enconada defensa de Trujillo frente a una flota de la recién creada República de Gran Colombia en 1820 murieron muchos garínagu, pero su valor y determinación de lucha les ganó incluso algunos privilegios que fueron mantenidos incluso después de la independencia.9 Así, desde 1825, la primera Constitución hondureña les reconoció plenos derechos a los “morenos libres moradores de los puertos.”10

En séptimo lugar, y a pesar de todo lo anterior, tanto antes como después de la independencia de Honduras, los garínagu sufrieron y sobrevivieron los efectos de “guerras, revoluciones y conflictos de toda especie”, y esto hasta tiempos relativamente recientes.11 Algunos estudiosos observan que, en su etapa republicana, Honduras “conoció pocos períodos de paz.”12 Por sus dotes militares, los garínagu fueron utilizados a menudo por facciones en lucha; también sus condiciones de navegantes los inclinaron, en tiempos de adversidad económica, que fueron muchos, hacia actividades de contrabando al desplomarse la Federación Centroamericana. Ambas actividades eran muy riesgosas.13 El antropólogo Ruy Coelho, quien los estudió a mediados del pasado siglo, testimonió cuánto sufrieron los garínagu hondureños en las matanzas ocurridas a raíz del conflicto entre el gobierno y la oposición liberal hacia fines de la primera mitad del siglo pasado.14

Pero, en contrapartida, la persecución sirvió para que, con el exilio de grupos de familias garínagu, su cultura irradiara por toda la costa antillana de Centroamérica y más allá. Poco después de arribar a Trujillo, los garínagu ya habían empezado a explorar la costa caribeña, unos hacia Belice y otros hacia Nicaragua. Se dice que hacia 1807 muchos se desilusionaron de los españoles y se fueron de Trujillo para establecer pequeños poblados “costa arriba.”15 Otros se fueron al norte y oeste, a lo que llamaron Buger o La Boca del Río Dulce (Livingston).16 Los garínagu comenzaron a asentarse en Honduras Británica (actual Belice) alrededor de 1820, cuando varios grupos salieron de Honduras huyendo de las guerras civiles y atraídos por la economía maderera. Uno de los primeros grupos, liderado por Alejo Beni, fundó Dangriga (Riachuelo Stam) en 1823.17 Más tarde, hacia 1832, su alianza con los conservadores les causó persecuciones, pero los que huyeron para la entonces Honduras Británica dieron un impulso a la ciudad de Stann Creek y fundaron la de Punta Gorda. La presencia garífuna en el sur de Honduras Británica se fue consolidando durante el resto del siglo XIX, pues además de Dangriga y Punta Gorda se establecieron en las localidades de Barranco, Seine Bight y Hopkins.18 Las masacres de garínagu en 1939 impulsaron nuevas migraciones y la fundación de la aldea de Hopkins en Honduras Británica.19 Hoy constituyen aproximadamente el 7% de la población de Belice.20

Otros emigrados fueron a extender la cultura garífuna a Nicaragua, donde al parecer se mezclaron biológica y culturalmente con los misquitos.21 Más recientemente, la decadencia económica indujo nuevas migraciones garínagu incluso más allá de Centroamérica.

Hacia mediados del siglo pasado comenzó a incrementarse el hábito migratorio de los garínagu en dirección a los Estados Unidos y otros países; desde entonces, según ciertas fuentes, buena parte de los garínagu hondureños y hasta la mitad de los guatemaltecos habrían emigrado a otras partes de sus respectivos países o fuera de ellos. Según las fuentes, entre los de Guatemala son dos las causas fundamentales de esa fuerte corriente migratoria: primero, la falta de oportunidades de empleo y, segundo, la falta de centros locales donde proseguir los estudios. Estas fueron, según ciertas fuentes, las razones principales por las cuales a lo largo del decenio de 1970-1979 millares de garínagu emigraran a Nueva York y otras ciudades norteamericanas, donde los hombres trabajaban principalmente en la marina mercante. Según Paul Christopher Johnson, “durante la última generación aproximadamente la tercera parte de la población [garífuna] emigró a los Estados Unidos, especialmente a la ciudad de Nueva York”.22 Sin embargo, la cultura garífuna no solo sobrevivió, sino que se difundió, se polinizó y germinó aun más con los contactos en el extranjero.

En octavo lugar, a pesar del número relativamente pequeño de garínagu y de su dispersión territorial, su cultura ha mantenido una sorprendente unidad y uniformidad. A ello debe haber contribuido el modo en que desde su llegada a la costa centroamericana, a finales del siglo XVIII, trataron de mantenerse como un grupo homogéneo, por lo que su mezcla con otros grupos –exceptuando tal vez a los miskitos de Nicaragua– fue limitada. Hasta tiempos bastante recientes, los garínagu se comportaron como un grupo en gran medida endogámico, y ello debe haber contribuido a su cohesión, unidad y uniformidad cultural. Según Coelho, “tanto en sus formulaciones más simples como en las más refinadas, los conceptos centrales del pensamiento caribe negro se presentan con notable uniformidad por toda la estrecha y extensa faja de tierra que habitan”.23

En noveno lugar, los garínagu han sido, desde siempre y hasta hoy, paradigma de una lucha constante por sus derechos y por la aceptación de sus rasgos culturales. Durante décadas los garínagu sufrieron manifestaciones de discriminación racial. Ruy Coelho observaba en 1947 que “en Honduras, los indios tienen una posición mucho mejor que la de los negros. Parece que en América Central eso es incluso más acentuado que en México o en América del Sur”.24

En los distintos países donde se asuntaron, los garínagu han sido a menudo temidos y discriminados por otros grupos que los han acusado ocasionalmente de practicar cultos demoníacos, de poligamia y de hablar un idioma secreto. Hacia mediados del pasado siglo, menos de sesenta años atrás, Ruy Coelho observaba:

Ni la violencia ni la fascinación por costumbres extranjeras pueden llevar a los caribes negros a abandonar los valores culturales y sus modos de vida tradicionales. A despecho de la atmósfera de desconfianza y de odio que los rodea, no se dejan intimidar por amenazas de masacres y deportaciones que, no obstante, saben que son reales. Puede hallarse a caribes que, habiendo vivido muchos años en países de Europa o de América, al regresar a sus aldeas se muestran quizás menos afectados por las influencias culturales foráneas que los que nunca salieron de sus casas.25

En particular, determinados aspectos y cultos de la religión garífuna fueron objeto de persecución policial hasta tiempos relativamente recientes.26 También hubo mucha hostilidad de parte de los representantes oficiales del catolicismo, que formularon fuertes denuncias contra la continuación de prácticas religiosas tradicionales entre los garínagu y trabajaron activamente por eliminarlas.27 Coelho reproduce quejas por “las medidas policiales contra el culto gubida” (de los antepasados), pues se les obligaba a pagar una licencia de un monto a veces arbitrario de dinero para realizar el culto. También ofrece testimonios de malestar entre la comunidad garífuna por “los curas que luchaban contra el gubida y con los blancos que lo despreciaban, pensando que deberían prohibirlo”.28 En Roatán, Coelho recogió incluso testimonios de una sesión religiosa garífuna invadida por la policía, cosa que, al parecer, no era poco frecuente.29 Observó, además, que en Honduras, la confluencia de “condiciones económicas adversas” y “la acción policial” contra la ceremonia del gubida “han reducido mucho la pompa y la frecuencia” de dichas ceremonias.30

Los garínagu soportaron y sobrevivieron también muchos años de arbitrariedades económicas impuestas. Todavía hacia mediados del siglo pasado, Ruy Coelho recogió testimonios del modo en que, en el distrito de Colón, en Honduras, los garínagu incapaces de pagar sus impuestos eran obligados a trabajar gratuitamente para el gobierno, lo que interpreta como una reminiscencia de las normas de vasallaje en el país.31 Más adelante observa que, aunque los impuestos no parecen ser muy altos, “de todas formas hay personas que se declaran incapaces de pagar, y entonces los soldados vienen y se las llevan para trabajar en las carreteras durante dos o tres días.”32 En Livingston, algunos estudios han revelado una falta de equidad en la distribución del empleo, comparando a los garínagu con otros grupos humanos, lo cual se debe en cierta medida a su falta de preparación escolar y de capacitación laboral.

En lo que se refiere a la falta de preparación, esta no tiene nada que ver con la inclinación de los garínagu, pues los antropólogos que los han estudiado coinciden en subrayar su inteligencia y aptitudes para salir adelante en la vida. Es frecuente que un garífuna domine, por ejemplo, al menos dos o tres idiomas. Un informante de Guy Coelho le decía en 1947 que los garínagu tenían poca instrucción debido a que “ellos son tan inteligentes que el gobierno de Honduras teme enseñarlos demasiado, pues dominarían el país”,33 frase que refleja la seguridad de los garínagu en sus capacidades de aprendizaje y en su inteligencia en general.

Independientemente de las diferencias de condiciones en los distintos países en los que viven, los garínagu se ven enfrentados hoy en día a cambios de actividad económica. En algunos lugares luchan por mejoras de empleo, en otros por la tierra, en otros por escuelas o por la inclusión de su lengua en el currículo escolar. Hay comunidades al borde de ser devoradas por el mar. Sin embargo, por todas partes se multiplican las organizaciones y asociaciones de origen y fines diversos, pero siempre interesadas en mejorar de un modo u otro la situación de los garínagu.

En décimo lugar, habría que subrayar el éxito que han tenido los garínagu en conservar su peculiar idioma. El garífuna es de origen amerindio, clasificado como arahuaco maipure norteño. Deriva de las lenguas igneri (del grupo arahuaco) y kalibi (del grupo caribe), de la familia kalina, que se unieron hace más de seis siglos en una lengua bautizada con los nombres sucesivos de carínaba, galíbana, calíponam o garífuna para denotar su procedencia de entre los kalínagu.

En San Vicente o Yurúmain, antes de la llegada de los primeros africanos, ya existía una especie de división lingüística según el sexo. Las mujeres, que eran en su mayoría de origen arahuaco, secuestradas por los caribes, conservaron su lengua, que transmitían a las hembras nacidas de ellas, mientras que los varones aprendían la lengua del padre, el caribe. Aunque esta división se ha ido desdibujando, todavía hoy en día, en la lengua garífuna, hay palabras que sólo usan las mujeres y palabras que sólo usan los hombres.

En aquel entonces se calcula que la lengua era básicamente de origen arahuaco, con un 30% de componentes kalina. Los negros llegados a San Vicente desde la cuarta década del siglo XVII la adoptaron y le aportaron elementos fonéticos africanos. A partir del contacto con franceses e ingleses, los hablantes de aquella lengua incorporaron vocablos de estos dos idiomas europeos. Con el arribo de los garínagu a Honduras y su posterior extensión a Guatemala, se adoptaron también palabras del español. Se calcula de manera general que el vocabulario garífuna tiene hoy un 45 % de palabras cuyo origen es el arahuaco, un 25% del kalina o caribe, un 15% del francés, un 10% del inglés y un 5% del español. Es una lengua viva, una lengua peculiar para expresar el pensamiento de una cultura popular que ha enfrentado toda suerte de dificultades pero que ha sabido sobrevivir y florecer frente a ellas.

Conclusión
El pueblo garífuna ha tenido que enfrentar, y sigue enfrentando, una larga lista de adversidades a lo largo de su historia. Aun hoy en día sus dos componentes étnicos –el africano y el amerindio– son despreciados por personas de mentalidad racista. Algunos siguen tildando de “demoníacos” los componentes religiosos de origen africano de su cultura, mientras que otros persisten en el error que ha durado más de cinco siglos y que asocia a los caribes a prácticas caníbales.

Entre otros estudiosos de la cultura garífuna, Coelho subraya la amplia evidencia de la “notable continuidad” de su modo de vida a lo largo de lo que califica de “tres siglos tempestuosos y repletos de acontecimientos.” También subraya “la gran flexibilidad y la capacidad de adaptación de la sociedad” garífuna,34 sin la cual esta no habría podido vencer los obstáculos y sobrevivir hasta nuestros días.

Un factor de la fortaleza de su cultura ha sido además, sin duda, su paradigmática coherencia. Puesto que el sitio donde se forjó, a partir de la fusión de elementos amerindios, africanos y europeos, fue la isla de San Vicente, esta sigue siendo el centro de sus tradiciones y de sus prácticas religiosas, como paraíso mítico donde radican los antepasados. Johnson observa que “es desde San Vicente que regresan los antepasados, a través de la posesión espiritual, para unirse a sus descendientes vivos en eventos rituales.”35 Paradójicamente, a partir de este foco cultural, la emigración no hace más que fortalecer la cultura, pues, como observa Johnson, “las aldeas centroamericanas dejadas atrás ahora adquirieron su propia aureola de fidelidad ancestral y poder religioso.”36 De otro lado, el migrante ya ha estado preparado por una cultura a la que no le resulta para nada ajena la migración, como no lo era para aquellos caribes de antaño que conservaban los restos de sus antepasados en cestas para llevarlos consigo en cualquier desplazamiento. Así mismo se llevan hoy en día los garínagu migrantes a su patria, su cultura y el ideal de su paraíso perdido en Yurúmain.

Se ha observado que, a menudo, los propios garínagu que emigran resultan ser los más firmes defensores de su cultura. A mediados del siglo pasado, Coelho detectó bastante reticencia entre muchos garínagu a admitir un origen africano. Es cierto que, desde que llegaron a San Vicente, los negros abandonaron muchos aspectos de sus culturas africanas para adoptar la de los caribes; ello se atribuyó a su deseo de confundirse con los indígenas, los cuales no eran usados como esclavos. En cualquier caso, la continuada insistencia en ignorar el lado africano de la cultura garífuna se atribuye a la equiparación de africano con esclavo, mientras los garínagu se precian justamente de nunca haberlo sido.37 Sin embargo, hay quienes observan en los últimos tiempos un renovado impulso al estudio y atención de los componentes africanos de sus orígenes, en especial por parte de los garínagu que han emigrado a sitios como Nueva York, donde han interactuado con otras culturas de origen africano.38

El orgullo de los garínagu por su historia está presente no sólo en las festividades más tradicionales, sino también en las conmemoraciones de los aniversarios de su arribo a nuevas tierras. Así ocurre no solo con las festividades del 12 de abril para marcar el primer arribo de los garínagu a Honduras en 1797, sino incluso con las fiestas del llamado Garífuna Settlement Day Celebration que desde 1941 celebran el arribo de los primeros garínagu a las costas de Belice en el siglo XIX.

Como cualquier otro elemento vivo, la cultura garífuna no es estática, sino que evoluciona constantemente en interacción con elementos ajenos. Como ocurre en la mayoría de las culturas, muchos ancianos se quejan de que son pocos los jóvenes que se preocupan por seguir impulsando la cultura, utilizando y enriqueciendo la lengua, etc. Sin embargo, teniendo en cuenta las circunstancias en las que ha debido evolucionar esa cultura en los últimos años, resultan sorprendente las cifras que dan cuenta de que más de los dos tercios de las personas de origen garífuna hablan el idioma nativo. Esa es una importante base para el trabajo en el futuro.

Cuando en el año 2001 la UNESCO les otorgó a la lengua y la cultura garínagu la condición de Patrimonio de la Humanidad, ello no fue producto de una valoración mecánica. Fue un merecido reconocimiento a un pueblo que nos honra con su naturaleza caribeña que lo hermana a nosotros y que constituye ejemplo imperecedero de resistencia y de victoria sobre la adversidad.

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Notas:
1 “Garífuna” (plural “garínagu”) es la forma en que se autodesignan, en su lengua, los integrantes de este pueblo que en otros tiempos fueron llamados “caribes negros”.
2 Ruy Coelho: Os Caraibas Negros de Honduras, Ed. Perspectiva, São Paulo, 2002, p. 32. Incluso, al parecer, estudios genéticos realizados entre los garínagu de Livingston, han arrojado que su origen es mayormente africano y en muy baja proporción amerindio.
3 Id.
4 Ibid., p. 37.
5 Ibid., p. 38.
6 Según Fred Ober: Camps in the Caribbees, Boston, 1880.
7 Susie Post Rust: “Garifuna History”, disponible en Nationalgeographic. com, http://ad.doubleclick.net/
8 Ruy Coelho: op. cit. p. 37.
9 Ibid., p. 38.
10 Id.
11 Ibid., p. 39.
12 Ibid., p. 38.
13 Ibid., p. 40.
14 Ibid., pp. 39-40.
15 Ruy Coelho: Dias em Trujillo: Um Antropólogo Brasileiro em Honduras, Ed. Perspectiva, São Paulo, 2000, p. 178
16 Tomás Alberto Avila: “De nuestra llegada a Honduras y Centro América 12 de Abril, 1797”, en http://garifunaworld.blogspot.com/
17 Ibid.
18 Izard, op. cit.
19 Ruy Coelho: Os Caraibas Negros…, p. 39.
20 Ibid., p. 40.
21 Izard, op. cit.
22 Ruy Coelho: Os Caraibas Negros…, p. 39
23 Paul Christopher Johnson: “On Leaving and Joining Africanness Through Religion: The ‘Black Caribs’ across Multiple Diasporic Horizons”, Journal of Religion in Africa 2007, vol. 37, no. 2, p. 166.
24 Ruy Coelho: Os Caraibas Negros…, p. 100.
25 Ibid., p. 38.
26 Ibid., p. 46.
27 Ibid., p. 44.
28 Ibid., p. 99.
29 Ibid., p. 46.
30 Ibid., p. 57.
31 Ibid., p. 89.
32 Ibid., p. 24.
33 Ibid., p. 160.
34 Ibid., p. 45.
35 Ibid., p. 18
36 Paul Christopher Johnson: op. cit., p. 166.
37 Id.
38 Ruy Coelho: Os Caraibas Negros…, p. 139.
39 Paul Christopher Johnson: op. cit., p. 166.

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