Siempre habrá piedras en el camino

Cira María Díaz

Después de escuchar a nuestros grandes leviatanes, recuerdo a Job 41: “¿Sacarás tú al leviatán…? ¿Pondrás tú…?”. Pero como oímos decir muchas veces en el aula, “Dios es nuestro gran problema”. Por eso estamos aquí. Cuando oí esta frase por primera vez, pensé que era algo ilógico, pues tenía a Dios situado en tiempo y espacio, con características bien definidas, nombre y cualidades: Dios es omnisciente, omnipotente y más “entes” que me sabía de memoria. ¿Cómo podía ser Él nuestro problema?
El andar cotidiano me ha hecho comprender que realmente Dios es nuestro gran problema. El es quien vela nuestro sueño y nos despierta intranquilos. Precisamente, fue El, el revoltoso que se le apareció a la Virgen para hacerle concebir un hijo sin padre, el que sorprendió a los pastores con una buena noticia y los sacó del campo a media noche. El que hizo andar a los magos hasta que lo encontraron. Quien hizo a una estrella alumbrar de manera especial, estrella que alumbró el lugar de salvación.
En pleno siglo xx, cuando Cristo, El Salvador, se anunciaba en el mercado; cuando lo buscábamos con brújula mirando un punto cardinal específico, nuestra patria cuba-na tuvo el privilegio de ser alumbrada por estrellas que han apuntado a lo largo del camino el lugar de la encarnación.
Estos leviatanes han sido estrellas; algunas veces, como los magos, nos hemos dejado guiar por su luz. Otras, he-mos sido Herodes, averiguando todo lo que tiene que ver con la aparición de las estrellas para destruir toda evidencia del Dios que viene a desestabilizar nuestro trono. Hayamos sido magos o Herodes, tenemos que reconocer nues- tras estrellas cubanas que en la noche oscura han guiado los pasos de este pueblo hasta el lugar de salvación.
Y uno de esos leviatanes, para mí la estrella de Belén, publicó en el año 2003 un artículo en la revista Cuba Socialista titulado “Entereza y libertad. Paradigmas y tareas de la teología cubana de hoy”, donde dice:
Los convencionalismos, reglamentaciones, dogmas y doctrinas que nos atan a lo ya realizado y no nos per-miten andar de manera creativa por nuevos caminos inéditos, son signos de muerte, puesto que la vida siempre ha de conjugarse en futuro, nunca en pasado. Por eso Jesús hubo de decir: “El que pone su ma-no en el arado y mira hacia atrás no es digno del Rei- nado de Dios.”

La teóloga Sallie McFague escribe:

Las construcciones teológicas son “casas” para vivir en ellas durante un tiempo, con ventanas parcialmente abiertas y puertas entornadas, pero se convier- ten en prisiones cuando ya no nos dejan entrar y salir, añadir una habitación o quitar otra, o, si es necesario, abandonarlas y construir otras nuevas […]

Si ser cristiano significa mirar hacia Dios a través de la historia de Jesús, estamos obligados a decir de qué manera es significativa hoy esa historia.

Las interpretaciones pueden y deben cambiar de una época a otra; no obstante, la teóloga y el teólogo están obligados a volver a la historia paradigmática de Jesús en busca de iluminación.
La vida de Jesús, su ministerio, ha sido fuente de inspiración. En ella encontramos desafíos a nuestra generación de teólogas y teólogos cubanos.
El primer desafío: después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, a Jesús se le apareció el tentador para cuestionar lo que El era. Jesús, a pesar de la necesidad, le dice: “No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt 4,4). Este pasaje es una cita del Antiguo Testamento (Dt 8,3), y lo que Jesús quería decir era que Dios sustentaba de manera especial a los seres humanos en los momentos en que esos no tenían otra alternativa. Jesús apela al pasaje para declarar a su enemigo que, aun teniendo la posibilidad, y siendo la vía más fácil, no va a entrar en tratos con él: Dios proveería una alternativa. No negocia la credibilidad de su misión con el enemigo de la misma. A veces somos llevados por el Espíritu, como Jesús, de manera misteriosa, al lugar donde está el enemigo en potencia.
También como nación lo hemos vivido. No hay por qué hacer lo que al diablo se le antoje, y el diablo no tiene tarros: tiene nombre. Las necesidades no nos pueden reducir a acatar la ley del más fuerte. El Dios encarnado no se dejó rendir por hambre, no se dejó cuestionar por quien tenía deseos de verle hundido en el pantano. Nunca la al-ternativa será obedecer al antojo de quien nos quiera destruir. Estamos llamados a alumbrar en nuestro suelo, con la alternativa que Dios en su misericordia nos provea, sin vender el alma al diablo. No bendecimos el hambre, Jesús tampoco lo hizo, pero no se dejó chantajear por su necesidad, pues estaba convencido de su tarea. Como teólogas y teólogos, tenemos una misión dondequiera que es- temos trabajando. En medio de tantos que nos cuestionan, es imprescindible estar convencidas, convencidos de nuestro llamado.
Segundo desafío (Mt 4,6): Le dijo el diablo a Jesús: “A ti que te gusta apelar a lo que está escrito, las piedras que no negociaste están aquí. Ahora échate a volar. No hay problemas, porque está escrito: Lánzate y los ángeles te sostendrán… no te vas a matar”.
Que los ángeles nos sostengan y nos lleven de la mano para que no tropecemos no significa exactamente que hay que andar volando, evadiendo o ignorando las piedras. Aprendamos a caminar entre las piedras, y no pretendamos estar volando todo el tiempo. No podemos evadir nuestra realidad. Tenemos que aprender a vivir en medio de las adversidades. La respuesta de Jesús en esta ocasión fue: “Escrito está: no tentarás al Señor tu Dios.” En esta ocasión, recordaba a Dt 6,16 y Ex 17,7, cuando el pueblo, en medio de su necesidad, comenzó a preguntar: ¿está Dios o no está Dios entre nosotros?
Podemos perder de vista la meta por huirles a las piedras. La presencia de piedras no es exactamente ausencia de Dios. Caminemos sobre las piedras y los ángeles nos sostendrán. No nos lancemos contra ellas ni levantemos el vuelo tan alto. Para hacer teología se necesita el camino, y siempre habrá piedras en él.
Tercer desafío (Mt 4, 9-10): Promesas, garantías: “hacerte muy especial” para que olvides toda la miseria que te rodea. Olvida tus compromisos, olvida tu misión, olvida para lo que te has preparado y te ha llevado a la miseria: eres un muerto de hambre. En el pasaje de Lc se aña- de que el diablo le dice: “A mi me dieron todo esto para que yo lo comparta con quien quiera. ¡Quiero compar-tirlo contigo! ¡Tú eres tan bueno, y lo necesitas!” Ya no cuestiona a Jesús; ahora sólo quiere que someta su sabiduría a la de él.
Jesús apela entonces al pasaje de Dt 6,10, cuando se le recordó al pueblo que el tener cosas no era motivo para olvidarse del lugar del cual Dios lo había sacado. Las oportunidades, dice Jesús, vienen de Dios; no hay tratos contigo que quieres silenciarme a cambio de cosas. Cuando Jesús no aceptó ser títere, el ofensor se marchó; por supuesto, dice Lucas, que lo dejó por un tiempo. Teólogas y teólogos podemos escoger ser títeres, pero Jesús dejó sentado, al recordar Deuteronomio, que podemos llegar a disfrutar de cosas que ni siquiera imaginamos, y que nos pueden llevar a la tentación de olvidar dónde estábamos cuando Dios nos llamó. Cuando no podemos recordar de dónde salimos, importan poco las personas que dejamos atrás. Y cuando dejamos atrás a la gente que necesitamos y nos necesita, nos encerramos en pequeños círculos teológicos en los que se habla de un mundo que no es nuestro mundo y nos mantenemos al margen de lo que se vive en nuestro suelo, incluso con lemas precisos: “que nadie toque nada” y “a que me mantengo, va” . Es necesario que el afán de glorias no embote nuestros cerebros. Cero enramadas. No olvidemos de dónde Dios nos llamó y para qué nos llamó.
Cuarto desafío (Mr 6,1-6): Jesús regresó a su tierra. Todos y todas sabemos cuánto se ama a la tierra, más cuando somos del campo. El comenzó a enseñar a su gente, y ellos le escucharon muy bien: “¡interesantísimo, el hombre es genial, qué manera de saber, cuánto bien puede hacer (hace milagros)!” De pronto, todo cambió: “a es-te lo conocemos nosotros, es el un don nadie, el hijo de María, no tiene padre, menos padrino, y el que no tiene padrino no se bautiza”. Jesús, asombrado de la incredulidad de la gente, se fue a enseñar a las aldeas vecinas. Lucas comenta que en la sinagoga todos se llenaron de ira y lo echaron fuera de la ciudad, hasta empujarlo a la cumbre del monte con el fin de lanzarlo al vacío. “¿Cómo este miserable carpintero, hijo sin padre, se va a creer cosas?” Jesús se fue.
No nos dejemos estancar por la ira de nuestras sinagogas, la ira de los que tenemos más cerca y se supone que “mejor nos conocen”. Hay cosas que a ellas y ellos les es-tá vedado saber. Sólo pueden pedir, como la madre de los hijos de Zebedeo: “Siéntame a Juancito a la derecha del trono y a Jacobito a la izquierda, a los demás que se los coma el león, que se las arreglen como puedan”. Luego se dice que los diez protestaron. En el mundo de la teología también se vive el “quítate tú para ponerme yo”, o el “sólo para ti y para mí, para los demás no, porque me ha-cen sombra, y entonces ni el sol me da”. Pasemos de lar-go por donde no nos valoren por no tener padre o padrino, sigamos el camino haciendo lo mejor. No nos detengamos.
Quinto desafío: (Lc 10, 38-42) Las trabas que el medio social y el vivir cotidiano nos imponen. Jesús en este pasaje le dice a Marta: “Marta, Marta, te preocupas y te agi-tas por muchas cosas.”
Si es cierto que no podemos encerrarnos y olvidarnos del mundo, porque no se hace teología fuera del mundo, tampoco podemos dejar que la rueda diaria nos pase por encima. Desconozco si María era menos trabajadora que Marta. Lo cierto es que María supo decir hasta aquí, y darse cuenta de que era el momento para reflexionar, conversar, dialogar y aprender. Muchas cosas nos pueden turbar y afanar, y no las podemos tirar a la basura. Las pas- toras y pastores, las teólogas y los teólogos, somos gentes ocupadísimas, a pesar de que la mayoría de las veces, cuan-do las personas nos ven en la calle, nos digan: “¡Está pa-seando!” Y si nos encuentran en la casa, entonces nos di- cen: “¡Estaba durmiendo!” Pero alerta: equilibro. Jesús fue muy celoso en eso, y de vez en cuando les decía a los dis-cípulos: confíen, que yo voy detrás de ustedes… y se les aparecía justo a tiempo.
Dondequiera que estés: en la cría de cerdos para sostener proyectos, en la tierra colorada, sin techo, alquilado, prestado, sin carro, cogiendo botella, empapándote hasta los huesos, no deseches la mejor parte; de seguro las Martas y los Martas cederán el paso. Cuidemos nuestro tiempo para que no se nos vuelva afán y turbación.
Sexto desafío (Lc 4,16-30): Usar los privilegios que tenemos: la lectura popular de la Biblia, las hermenéuticas. Como todo lo nuevo y proveedor de libertad, se hace mucha resistencia a estas formas de leer la Biblia. Somos nosotras y ustedes quienes tenemos el reto de llevarlo a nuestras comunidades. Jesús, nuestro paradigma, vivió de rollo en rollo. Cuando soltaba en la sinagoga el rollo de la ley, el rollo de gente le iba encima, lo atrapaba el rollo de la vida. Pero sembró verdad, a pesar de tantos sinsabores. Leyó el rollo, dijo que allí estaba él, que aquello hablaba de su vida, y la gente se disgustó. Abrir el libro de la vida, en la vida de nuestras comunidades, es nuestro reto, y tenemos formas privilegiadas de hacerlo.
Dice en Mt 6,22-23: “La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz; pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en ti-nieblas.” En realidad, el órgano que efectúa el proceso de la visión es el cerebro; la función del ojo es traducir las vibraciones electromagnéticas de la luz en un determinado tipo de impulsos nerviosos. La verdadera visión supone la formación de imágenes en el cerebro. La mirada atrás no nos permite recibir una buena imagen para trasmitir a nuestro cerebro, a fin de iluminarnos. Tenemos una historia de teología y teólogas y teólogos. No vamos a decir que son modelos a seguir, pero sí fortalezas y valores para continuar. “Puesto que la vida siempre ha de conjugarse en futuro, nunca en pasado…”, quiero recordar una frase de Karl Barth: “La tarea de la teología consiste en recordar a la Iglesia y en darle de nuevo, constantemente, su razón de ser: el contenido de su mensaje.”
Teólogas y teólogos, en los negocios del Padre nos con-viene estar.
Dijo Rafael Alberti:

_¡ Qué dulce el agua salada,
con su salitre cielo!
¡No quiero sandalias, no!
Quiero ir descalzo, barquero,
No quiero barca, corazón barquero,
Quiero ir andando por la mar al puerto._

Dios es nuestro gran problema, pero nunca será nuestro fantasma.

Tenemos esperanza.

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