El autor ha seleccionado para titular su obra un verso del Antiguo Testamento, del conocido como II Isaías (43,2), texto que se enmarca en el período en que el pueblo judío se encuentra en el exilio babilónico, y en el que los profetas realizan una función pastoral de animar al pueblo a pensar en un futuro retorno a la tierra prometida. “Cuando pasares por las aguas estas no te anegarán, si por el fuego este no te quemará, porque yo estaré contigo”, son palabras de confianza, de seguridad para aquellos que enfrentaban un nuevo éxodo hacia la tierra prometida, para aquellos que vivirían nuevamente en su historia el desierto, la incertidumbre y el desaliento.
El libro del reverendo Raúl Suárez es la historia de otro peregrinaje en el que también hay conmovedores relatos de desiertos y mares turbulentos. Es un testimonio biográfico que transcurre en diversos escenarios. Cual policromado mosaico, nos introduce en diferentes ambientes, desde el del típico hogar campesino pobre de los años cincuenta, colmado de vicisitudes, a los de las clases del seminario bautista, las aulas universitarias, las arenas de Playa Girón y, por último, el púlpito de una iglesia evangélica. Parecieran mundos diferentes, como son los que atraviesa un auténtico peregrino, de una vida intensa en la convulsa Cuba de la segunda mitad del siglo XX. Sin embargo, hay un hilo que atraviesa toda esa historia, anudando experiencias y creando un bello y único tapiz, hasta llegar a la culminación de una vida que ha logrado armonizar todos sus componentes sin dicotomías ni contradicciones: un hombre de una sola pieza. No puede negarse que Suárez es un pastor genuino, tanto cuando habla desde el púlpito como cuando levanta su voz en el parlamento o en una conferencia internacional. Su visión del mundo y la vida se ha agigantado, abarcando toda la realidad, y como los profetas de antaño, no rehúsa entrar en los terrenos de la política cuando la justicia lo demanda. Suárez es un cubano rellollo, amante de sus palmas y su cielo.
Ese cubano me ha hecho el honor de pedirme que presente esta tarde su libro, que es también la historia de nuestra generación, una generación de jóvenes cristianos llenos de puros ideales, deseosos de servir a la iglesia y a nuestro pueblo. Esos jóvenes nos vimos inmersos en la década heroica del sesenta, que para nosotros fue un tiempo complejo, de desencuentros e incomprensiones. Un mar de dudas y contradicciones nos envolvía, debido a los aires dogmáticos y sectarios introducidos por los manuales de adoctrinamiento de confección soviética, en que se ponían en inevitable contradicción al religioso y la ideología revolucionaria. Fueron los años de la UMAP, que dejó traumas insuperables en algunos, aunque para otros, como Raúl, fue una escuela más de experiencias humanas. ¿Quién iba a decir que un hombre que fue a Playa Girón voluntariamente para sacar heridos y que fue alcanzado por la metralla enemiga, pocos años después sería separado de su familia y llevado con otros considerados vagos y antisociales a supuestamente reformarse en los campos de caña de Camagüey?
Les aseguro que reí y llore leyendo sus historias, nuestras historias. No hay detalle que escape a su recuerdo, y pareciera que algunas partes del libro las hubiera escrito al calor de los acontecimientos.
Insisto, son un testimonio vivo, sin adornos ni artificios literarios.
Algunos de los escenarios pudieran ser extraños para el lector no familiarizado con el tema de las iglesias protestantes cubanas. A su arbitrio está dejar de lado las referencias a detalles específicos y particularidades de personas e instituciones que poco dicen al público en general. Hay, por cierto, un capítulo que pudiera parecer un tanto especializado, en el que se describe la influencia ideológica en las iglesias protestantes del llamado cinturón bíblico del Sur de los Estados Unidos, del conservadurismo a ultranza, con sus vetas de fundamentalismo, que fue trasplantada a nuestro suelo. Sin embargo, lo que pudiera considerarse un inocente provincialismo religioso tiene hoy un peso específico nada despreciable en el diseño de la ideología dominante del gobierno de ese país. No olvidemos que el fundamentalista Bush dijo que Dios le había mandado a bombardear Irak. Raúl expone las raíces de lo que es hoy la derecha religiosa de los Estados Unidos, lo que ha significado de apoyo a la política de agresividad imperial de la presente administración. Ello es digno de la mayor atención, porque en el fondo no hay apoliticismo, ni aun en aquellos que proclaman que la religión y la política han de ir por caminos separados y que no se tienen que tocar. Sí se tocan, sí se atraviesan, sí se influyen.
Si importante resultó para el autor el imán orientador que fueron sus raíces campesinas, sus vivencias de la alienación, el analfabetismo en que se vió inmerso hasta los diecisiete años, igualmente importante fue en su concientización la influencia de los ejemplos de la vida y la muerte del pastor Martin Luther King.
También en ese mismo sentido fue el encuentro con una reflexión teológica a partir de una lectura de la Biblia desde la realidad cubana –sin los espejuelos del conservadurismo– que se nutrió de la historia de la liberación de Israel, de los profetas del Antiguo Testamento y del ejemplo de Jesús de Nazareth, quien asumió la misión, como él mismo dijo, de “dar buenas nuevas a los pobres…. sanar a los quebrantados de corazón…, pregonar libertad a los cautivos y vista a los ciegos…., poner en libertad a los oprimidos” (Lucas 4,18).
Los finales de los años sesenta y principios de los setenta fueron los tiempos no menos heroicos de Camilo Torres y de la teología latinoamericana, que el autor estudió en un semestre de profundización en la Comunidad Teológica de México. Todo ello le ayudó a redescubrir su auténtica conciencia social, su vocación profética de talante progresista y comprometido. Sucedía lo anterior en el marco de un creciente despertar de movimientos y sectores ecuménicos y progresistas en el seno de las iglesias cubanas. Entre estos movimientos es digna de recordación la Coordinación Obrero Estudiantil Bautista de Cuba (COEBAC), que agrupaba a la nueva generación de jóvenes cristianos bautistas preocupados por un testimonio eficaz en la Cuba de su tiempo. Ese grupo se vio de pronto fuertemente respaldado por nuestro autor, que aun perdiendo sus posiciones de liderazgo en la institución a nivel nacional, no dudó en unirse a la minoría profética y visionaria.
Es pues con un basamento sólido en la experiencia de vida y en los estudios como se enraizaron en él convicciones que nada tienen que ver con el oportunismo politiquero. A un hombre que no se calla cuando su conciencia le impone hablar de su perspectiva cristiana ante problemas abordados desde otra óptica en el parlamento cubano hay que respetarlo aunque no se tenga el mismo criterio
Cuando pasares por las aguas es un desafío a la reflexión sobre una época, vista desde la subjetividad y la conflictividad de los protagonistas, perspectiva que todavía la historia no ha enfocado lo suficiente. Esta es la riqueza de una lectura de esa naturaleza. Este es un libro de inspiración, que bien merece un lugar en nuestras bibliotecas. Gracias, Raúl, por el testimonio reconfortante de tu vida. Muchas gracias a todos y todas.