Salud es Shalom, es salvación

Elizabeth Gomez

Hay muchas fuentes
de esperanza.
Si la esperanza
no tuviera agua de beber,
nos moriríamos de sed.
Eduardo Galeano

Llegar al Reino de Dios es el deseo y la meta de muchas personas. Para la generalidad, el Reino es un lugar lejano, que solo se conquista al final de nuestros días, y donde, obviamente, las personas que han tenido una vida larga llegan cansadas, aunque con la fe en que, al ser salvadas, serán transformadas.
Distinto es el modo de pensar de un grupo de vecinos mayores de sesenta años que viven en el primer barrio obrero de La Habana, Pogolotti, enclavado en el municipio de Marianao, los cuales se proponen construir cada día el Reino de Dios, y viven y trabajan para hacer de su entorno el paraíso prometido, un paraíso en el que quieren vivir y compartir en esta y la otra vida. No esperan paciente e inactivamente el encuentro con Dios: sienten en cada minuto la experiencia inigualable del shalom, al apreciar que van siendo distintos, distintas, en la medida en que construyen el mañana desde hoy con gozo, con bienestar, en armonía consigo mismos y con el mundo que los rodea.
Hablar de esta filosofía de vida y de la posibilidad real de su construcción cuando al menos tenemos la subsistencia asegurada es fácil. Pero unir tales actitudes a la convicción de que sin ellas no hay salvación en el año 1993 fue un reto a la esperanza, una prueba del espíritu que asegura que solo la espiritualidad y la cultura de los pueblos los resguarda de las mayores penurias.
Período especial: etapa muy difícil para todos los cubanos y las cubanas, en la que los niños y los ancianos eran los más susceptibles de sufrir los efectos de la crisis, al escasear los alimentos, el calzado, la vestimenta. Ese universo poblacional se volvía muy vulnerable en cuanto a los niveles de salud. En el caso de los ancianos y las ancianas, además, la falta de espejuelos, zapatos ortopédicos y aparatos para mejorar la audición provocó serias afectaciones en su validismo y autoestima.
No queríamos dejar morir de sed la esperanza, no podíamos ser espectadores pasivos ni creer en el fin del mundo. Cuando parecía que todo se oscurecía, que las viejitas y los viejitos solo tenían la posibilidad de esperar el último día al ritmo del tic tac del reloj y del sillón, el Ministerio de Salud Pública priorizó el programa de atención a la tercera edad, población comprendida, por demás, en el envejecimiento demográfico de Cuba, cuya proporción crece aceleradamente. Se perfeccionó el sistema integral de atención a esa edad y se crearon nuevas estructuras, aparecieron las casas y los círculos de abuelos, y progresivamente se fueron creando los equipos interdisciplinarios de atención geriátrica y los centros de alta especialización, entre múltiples acciones urgentes de detección temprana y atención oportuna a los estados de fragilidad y vulnerabilidad de los ancianos y las ancianas.
También desde la Iglesia Bautista Ebenezer y el Centro Memorial Martin Luther King nos propusimos mantener encendida la llama de vida de abuelas y abuelos miembros de la comunidad donde están enclavadas esas instituciones. A propuesta del reverendo Raúl Suárez Ramos y la reverenda Clara Rodés González, entonces pastores de la iglesia, se creó un espacio de encuentro, acompañamiento y atención a la problemática de esta edad.
Un equipo integrado por una psicóloga, una defectóloga y una maestra de ballet comenzó a espolear un corcel que, si bien galopaba desde el acoso, al tomar como bridas la imaginación, la creatividad, la alegría, la comunicación humana, irremediablemente llegaría al amanecer.
Teniendo claro el problema sobre el cual deseábamos influir, y contando con la vocación y la capacidad para resolverlo, por un lado, y el infinito amor y disposición desprejuiciada de los receptores que se beneficiaban, por el otro, se hizo posible que un agua clara y fresca comenzara a fluir de una fuente inagotable de esperanza.

¿QUE HICIMOS?
Por la necesidad de prevenir enfermedades orgánicas y del sistema nervioso, educar acerca de estilos de vida, alimentación, cuidados personales, etc.; orientar conductas que elevaran las motivaciones, la autoestima y la interrelación; corregir defectos motores, posturales y de rigidez corporal; crear un ambiente y propiciar una actividad tendientes a que los participantes relajaran tensiones, se conocieran a sí mismos (desde lo físico, lo psicológico y lo espiritual) y liberaran su creatividad para llegar a un estado de equilibrio armonioso que reportara alegría y felicidad.
Aplicamos para ello un método preventivo, psicoterapéutico y psicocorrectivo: el psicoballet.

¿QUE ES EL PSICOBALLET?
Es una terapia grupal que utiliza como herramientas de trabajo el ballet, la danza, la música, la pantomima, la representación escénica, el juego y algunas técnicas participativas de Educación popular. Fue creado en Cuba por la doctora Georgina Fariñas, y se aplica a pacientes con diferentes patologías dentro de las categorías retraso mental, retardo en el desarrollo psíquico, ciegos y débiles visuales, sordos e hipoacúsicos, limitados motores, trastornos de la personalidad y la conducta, enfermos mentales crónicos y ancianos “aparentemente sanos”.
La aplicación de este método terapéutico a grupos de ancianos de ambos sexos permite crear las condiciones necesarias para la atención directa y sistemática a la problemática de esta edad, atendiendo a su estabilidad psicológica y física, al mismo tiempo que ayuda a los familiares y a la sociedad en general a darle el reconocimiento debido a tanta experiencia acumulada y a conocer las características propias de la edad en aras de evitar conflictos y desaciertos. El psicoballet posibilita, además, un espacio de esparcimiento y encuentro generacional y un medio para encauzar inquietudes y habilidades artísticas a través de trabajos artesanales, música, bailes, cantos, literatura, etc.

¿COMO TRABAJAMOS?
Realizamos una sesión semanal por grupo, de dos horas y media de duración. El contenido de las sesiones incluye ejercicios físicos para desarrollar y encauzar la creatividad, la coordinación de movimientos, la memoria, la autoestima, la comunicación, la exploración y la improvisación corporales. Practicamos juegos que mantienen activos y dinámicos, alegres y liberados a los participantes.
Los observamos constantemente para brindar la atención adecuada a la situación individual que cada uno presenta. La proyección del cuerpo en movimiento y los gestos aportan datos sobre determinadas situaciones o conflictos que aún no han sido expresados verbalmente.
En cada reunión del grupo se reflexiona sobre un tema. Según su importancia y la necesidad del grupo, así será su duración. A veces se imparten conferencias, conversatorios o talleres. Las temáticas han sido las siguientes: familia, papel del anciano en la sociedad, roles del anciano, comunicación interpersonal, orientación sexual, nutrición en la tercera edad, cromoterapia, medio
ambiente, etc. Los temas han sido impartidos por el Centro Nacional de Educación Sexual, el CITED, el CINSA, la Academia de Ciencias, entre otras instituciones.
Se montan coreografías. Han quedado pequeñas obras como Mi abuela y yo, en la que los viejitos actuaron con niños de la Escuela de Ballet (hoy bailarines profesionales), o Ternura, con niños ciegos y débiles visuales. Desde el principio hemos creado danzas litúrgicas y se refuerzan varios temas a través de la danza. Participamos en eventos, encuentros y actividades artísticas. Además, se organizan talleres de trabajos manuales —muñequería, tejidos, costura, parches— y se brindan orientaciones básicas sobre el uso del color y el diseño. El montaje y los ensayos de coreografías, así como los talleres de manualidades, se realizan en un horario extra a la sesión, lo que implica reunirnos más de una vez por semana.
También realizamos terapias al aire libre, las cuales tienen un impacto en la comunidad donde las hacemos, por inesperadas y desconocidas. Nos vamos de excursión tres o cuatro veces al año y celebramos los cumpleaños colectivos cada trimestre.

UN POQUITO MAS DE NUESTRA HISTORIA
Nuestra primera reunión tuvo lugar el 17 de febrero de 1993. Al inicio éramos diecisiete personas, todas miembros de la iglesia —catorce mujeres y tres hombres— todos con sesenta o más años de edad.
Ante la notoriedad de los cambios ocurridos en los abuelos y gracias a la irradiación cada vez mayor del Centro en el barrio, decidimos ampliar nuestra propuesta comunitaria y aumentar el número de personas atendidas en las sesiones terapéuticas. La matrícula aumentó a treinta mujeres y cinco hombres.
Actualmente beneficiamos a sesentiún abuelos y abuelas de Pogolotti y otros barrios cercanos, aunque algunos viven en zonas más alejadas. La composición por sexo y edad es la siguiente: cincuentidós mujeres y nueve hombres; trece entre sesenta y sesentinueve años, veintidós entre setenta y setentinueve, veintiuno entre ochenta y ochentinueve, cinco entre noventa y noventinueve y un jovencito que en julio venidero cumple cien años. El total de miembros se divide en dos grupos de trabajo, uno mixto y otro exclusivo de mujeres.
Nacimos como grupo de una necesidad urgente, impuesta por una crisis económica que amenazaba con conducirnos al abismo. En muchos aspectos tocamos fon-
do, y las carencias o las inexistencias fueron muy grandes. Algo nos salvó y fue el deseo, la convicción irrenunciable, de aferrarnos a la vida. Quizás el origen social de estas personas, sus luchas y las de otros de las cuales fueron testigos, ayudaron a su utopía; quizás la fe los hizo caminar como Jesús desde la humildad en busca de la luz, sin rechazar, incluyendo, creciendo.
Aquí llegamos. Hoy somos un programa mucho más abarcador; nos hemos extendido, estrechamos más los lazos con las familias, intercambiamos con otras instituciones dentro y fuera de la comunidad, recibimos visitas de otros países, participamos en eventos nacionales e internacionales, el CMMLK garantiza el financiamiento de los almuerzos, el transporte, etc. Desde el primer día, el objetivo principal del equipo terapéutico fue mejorar la calidad de vida de ancianos y ancianas. Otros objetivos específicos han ido apareciendo, pues la experiencia cotidiana los demanda para ser cada vez mejores y más efectivos. Sin embargo, lo que nos ha movilizado por encima de los conocimientos y del dominio del trabajo es la ética misteriosa del amor. Hemos comprobado que solo se puede ver con el corazón y con todo lo que vibra y late dentro de nosotros mismos para acercarnos desnudos a la mayor sencillez. Sin eso, los ojos quedan ciegos. Estos “viejos” y “viejas” nos han domesticado (nosotros a ellos también) como pequeños y canosos príncipes y princesas, y nos han demostrado que la salud, la alegría, el compartir nos hacen sentir que el shalom, (in)creíblemente, nos salva.

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