Una nube de testigos

¿Cuáles fueron las motivaciones que llevaron a la fundación del Centro Memorial Martin Luther King?

Hubo algunos acontecimientos que me marcaron, que me empujaron a hacerlo. En primer lugar, mi experiencia en el Consejo Ecuménico de Cuba. Me explico: tanto Clarita como yo, al llegar aquí a Marianao con la firme determinación de iniciar una nueva etapa en nuestras vidas, más consecuente con la visión que íbamos adquiriendo de la realidad cubana, teníamos ya una formación bíblica y teológica, política y ciudadana. Sabíamos ya que el apoliticismo aprendido de los bautistas del Sur de los Estados Unidos no nos servía, y que debíamos responder desde nuestra vocación pastoral a los desafíos que la Revolución nos planteaba. Pero nos faltaba algo: llegamos aquí con muy buenas intenciones, muy buena voluntad, muy abiertos, con algunos elementos básicos de formación teológica pastoral, pero estaba ausente el factor ecumenismo.
En ese mismo año de 1971, a partir de algunos acercamientos, algunas actividades con el Consejo Ecuménico de Cuba, me invitaron a ir a la Unión Soviética como parte de una delegación de ocho personas. Escribí un artículo y me invitaron a una asamblea nacional del Consejo Ecuménico para que rindiera un informe del viaje. La experiencia fue buena para los miembros del Consejo en ese momento y para nosotros también. A partir de ahí, Clarita y yo nos acercamos más al Consejo Ecuménico de Cuba y animamos un proceso en la iglesia que entre mediados y finales de la década de los setenta implicó la decisión de que un nutrido grupo de jóvenes y líderes de nuestra iglesia se integrara al Movimiento Estudiantil Cristiano y a la Coordinación Obrero-Estudiantil Bautista de Cuba (COEBAC).
En 1984 ya estaba concebida la idea de fundar un centro ecuménico. Yo era el secretario ejecutivo del Consejo Ecuménico de Cuba y el secretario de relaciones internacionales de la COEBAC, y fue cuando ocupaba esos cargos que tuvimos la experiencia hermosa de recibir, para participar en un seminario dedicado al legado del pensamiento y la obra del Dr. Martin Luther King, Jr., a un significativo grupo de pastores, pastoras, activistas, teólogos, teólogas, científicos sociales, profesores de universidades, académicos de diferentes entidades de las iglesias, movimientos y universidades negras de los Estados Unidos. Ya en otras oportunidades he hablado del impacto de ese evento y en particular del culto en homenaje al Dr. King, que contó con la presencia del reverendo Jesse Jackson y de Fidel Castro. La predicación de Jackson fue de una significación tremenda: Fidel Castro en un templo protestante y hablando desde el púlpito de la Iglesia Metodista de K y 25, en el Vedado, con la Biblia abierta ante él y la cruz iluminada a sus espaldas.
Después de esa delegación, catorce líderes evangélicos sostuvimos un primer encuentro con Fidel. Estaba también en el ambiente el impacto nacional del libro Fidel y la religión. Y hubo un encuentro en Casa de las Américas con líderes negros norteamericanos al que me invitaron y en el que participé.
En ese ambiente de vivencia ecuménica se produjeron esos signos visibles, esas vivencias, que daban cuenta de lo que ya dije en cierta ocasión: las relaciones entre la Iglesia y Revolución venían en primera y de pronto pusimos la directa.
El otro dato significativo es la relación que logramos en muy poco tiempo con el movimiento negro norteamericano. Esa relación tiene una significación misiológica tremenda, porque nosotros fuimos colonizados por el protestantismo blanco del Sur de los Estados Unidos, y nuestras relaciones históricas habían sido con las juntas misioneras de las iglesias históricas del Sur de los Estados Unidos. Ignorábamos lo que eran las iglesias negras, sus predicadores, su espiritualidad. Pero los líderes negros pasaron por nuestra iglesia. Pasaron muchos, como Jeremiah Wrigt y Tee Walker, que escribió un libro titulado El alma de la religión de las iglesias negras de Estados Unidos. Nosotros oímos aquí a los mejores predicadores de esas iglesias. Ese fue el origen de que comenzáramos a celebrar cada dos años una Jornada Teológica Martin Luther King in Memoriam.

*La motivación fundamental, entonces, era fomentar el ecumenismo.
¿Cómo se fue concretando?
¿Qué otros desarrollos experimentó el CMMLK?*

Yo creo que hay que señalar la necesidad que existía, en el caso de las iglesias, de formación de su liderazgo, porque los misioneros norteamericanos de algunas de las iglesias se habían ido de Cuba, y al primero que habían visto con un poco de carisma le habían dicho: usted se queda aquí. Además, algunos pastores ya mayores habían muerto y muchos otros habían emigrado. Las principales de nuestras iglesias acá en Marianao son el Ejército de Salvación y varias iglesias pentecostales. Entonces, lo primero que hice, ya como acción del Centro, fue dirigirme al Seminario Evangélico de Teología de Matanzas y pedir asesoramiento para iniciar aquí un curso de Reflexión Bíblico-Teológica y Educación Cristiana. Mientras aquí se mejoraban y construían algunos espacios, funcionó en el Ejército de Salvación, en la calle 96 entre 55 y 53. Clarita y yo éramos los profesores, y vinieron también profesores de Matanzas. Clarita daba Educación Cristiana, porque ya habíamos hecho contacto con la Iglesia Menonita, habíamos traído algunos profesores de allá y nos habían dado libros. Uno de los libros que nos dieron fue Transformados para transformar, una nueva base para la educación cristiana, en el que inclusive se habla de valores socialistas con ese nombre. Yo daba Introducción a la Biblia e Historia de la Iglesia y el Pensamiento Cristianos. Ya teníamos Centro.
Andando el tiempo, y en ese mismo sentido, un hecho significativo fue la presencia entre nosotros durante un año de Mara Manzoni, que hizo posible vincular en la iglesia, por primera vez, la Educación popular con la Educación Cristiana. Y también la entrada de Esther Pérez al Centro, que nos permitió ponernos en contacto con organizaciones de Educación popular de la América Latina.
Ya para noviembre del año 92 fue significativa la primera Caravana de Pastores por la Paz, y en el trabajo de su organización, incluida la visita previa del reverendo Lucius Walker,Jr., hicimos contacto con instancias como el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos, la Oficina de Atención a los Asuntos Religiosos y el Ministerio de Relaciones Exteriores. Fue la primera ocasión en que Fidel visitó el CMMLK, para asistir a un acto con los caravanistas que celebramos en los locales de la iglesia. Fidel se metió de lleno con la caravana.
Al año siguiente se produjo el famoso ayuno de los caravanistas en Laredo. La Iglesia Episcopal del Vedado, la Iglesia Evangélica Libre de los Pocitos y la Iglesia Bautista de Marianao suspendieron sus cultos el domingo y dimos el culto en la calle, las tres iglesias, frente a la Sección de Intereses en La Habana, en solidaridad con los miembros de la caravana. Rafael Cepeda tuvo a su cargo la predicación. Con ello iniciamos en ese lugar un ayuno por la vida. Tuvimos la constante presencia de Fidel allí, y después en las próximas caravanas. En esa ocasión regresó por tercera vez aquí al CMMLK a un acto público relámpago de bienvenida a los huelguistas de Laredo que improvisamos en el portal del CMMLK hacia la calle.
Durante seis años, por la televisión y la prensa cubanas salieron los discursos de Sergio Corrieri, Fidel Castro y el director del Centro Martin Luther King. Es decir, no hay duda de que la presencia en Cuba de Lucius Walker y su proyecto de amistad Cuba-Estados Unidos nos dieron a conocer de una manera más amplia.
En 1994 nos fuimos una semana a Cárdenas a hacer nuestra primera evaluación general, y en ella produjimos una caracterización y una organización del Centro que, en líneas generales, se mantiene hasta el día de hoy. Mara Manzoni y Mario Garcés nos ayudaron a preparar esta primera evaluación.

Mirando hacia atrás, ¿cuáles crees que han sido los aportes fundamentales que ha hecho el Centro en estos veinticinco años?

Yo creo que uno de los logros que mayor impacto ha causado en nuestra sociedad es que hemos podido trabajar para atraer la solidaridad con el pueblo y las iglesias de Cuba. Yo creo que ese ha sido un logro significativo que hemos aportado al movimiento de solidaridad con Cuba. Además, el Centro ha hecho presente a Cuba en muchos espacios de la América Latina: entidades que trabajan con la Educación popular, teólogos y teólogas de la liberación, instituciones de las iglesias latinoamericanas y movimientos populares. Todos estos logros han ido creciendo. El Centro ha sido un movimiento que empezó con cosas muy sencillas, pero que ha ido aumentando su caudal.
Por otro lado, el Centro ha hecho una contribución evidente —junto a otros, porque no somos los únicos— en dar a conocer la Educación popular en Cuba, y en formar en sus principios. Hemos contribuido mediante la formación de educadores populares y el acompañamiento a experiencias locales de personas y también de organizaciones e instituciones de nuestro país. Creo que eso hay que destacarlo.
Y no hay duda de que también hemos sido un factor importante en la promoción de un ecumenismo renovado y renovador en la vida de nuestras iglesias: se han formado aquí muchas personas que han llegado a ocupar responsabilidades importantes en el movimiento ecuménico del país, con toda su diversidad. Hemos hecho también una contribución en la formación del liderazgo de nuestras iglesias evangélicas de Cuba, tanto de las iglesias históricas como de iglesias pentecostales. Hemos contribuido en la formación bíblica y teológica de estas iglesias y de su liderazgo.
En términos de comunicación, el Centro también ha puesto un grano de arena gracias a las relaciones que hemos establecido con una alternativa al poder mediático internacional. Somos parte de ese movimiento alternativo y hemos contribuido al mismo.
Y, además, hemos participado activamente en nuevos espacios, y promovido la presencia de Cuba en eventos nacionales e internacionales, y en proyectos como el Foro Social Mundial. Hemos logrado ahí que Cuba logre un espacio significativo para promover la solidaridad internacional con sus batallas históricas.
Yo creo que un aspecto que no debemos pasar por alto es la visión que tuvimos y que mantenemos de reconocer que el Centro no era la iglesia. Sin embargo, todos y todas estuvimos de acuerdo en que, aun cuando no éramos iglesia, la inspiración cristiana tenía que ser un factor indispensable e indivisible del Centro Martin Luther King. Por inspiración cristiana siempre hemos entendido el movimiento de Jesús de Nazaret y el proyecto del Reino de Dios y su justicia.
¿Por qué el movimiento de Jesús de Nazaret? Porque las iglesias, en sentido general, hemos eclesiologizado esa imagen, ese símbolo, y lo hemos ubicado en el micromundo religioso. Y el Reino de Dios —con la influencia del pietismo del siglo XVIII en Alemania, que ha trascendido hasta el puritanismo inglés y estadounidense— también se ha colocado en el interior de nuestra vida. Jesús dijo algo sumamente importante cuando afirmó: para entrar al Reino de Dios y su justicia hay que comprender el Reino y vivir el Reino. Entonces, la visión de un Reino de Dios reducido y agotado en la subjetividad de los creyentes elimina la proyección que Jesús le dio desde que inició su obra, su ministerio. Esa es por la parte nuestra, la protestante. Pero también hay que decir que en la educación religiosa tradicional anterior al Concilio Vaticano II había una idea generalizada en el catolicismo —con sus excepciones— de que la vida abundante que Jesús nos ofrece se daba única y exclusivamente después de la muerte.
Entonces, por el legado de la tradición anabaptista de la Reforma Radical del siglo XVI, también por la Teología de la Liberación y los aportes incuestionables del movimiento ecuménico cubano, y por otros factores más, no hay duda de que hemos contribuido a comprender y también a divulgar que el Reino de Dios, como dijo Cristo, está entre nosotros. Que tiene que ver con las relaciones humanas y con las estructuras de esas relaciones humanas, llámense Estado o proyectos políticos. ¿Y qué elementos de ese proyecto son los que nosotros hemos enfatizado? En primer lugar, la concepción del poder. Eso está claro en todos los evangelios: el poder no es solamente gobernar y dirigir. Jesús dijo que eso era lo que hacían las autoridades —en aquella época era el Imperio Romano—, y añadió: entre nosotros no puede ser así, entre nosotros el mayor es el que más sirve. Yo creo que ese ha sido un énfasis muy importante en lo que hacemos.
Lo otro ha sido entender lo que Jesús había señalado como lo esencial del Reino de Dios, la concepción de fe evangélica que dio Jesús de Nazaret a sus seguidores: amarás a tu Dios con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu corazón y con toda tu fuerza, y al prójimo como a ti mismo. Y Jesús dijo que estos dos mandamientos eran uno solo.
Yo creo que hemos insistido —y ha sido importante frente a algunos momentos secularistas que vivimos en el movimiento ecuménico, que priorizaban y enfatizaban casi exclusivamente la integración en la sociedad y el aporte social y político— en la comprensión de que el amor al prójimo está muy unido en el movimiento de Jesús al amor a Dios, y que esos dos mandamientos son uno solo.

La última pregunta: ¿qué sueños, qué deseos para el Centro no se han cumplido todavía en estos veinticinco años y quedan para los próximos veinticinco?

Los verdaderos sueños son los que se socializan y se comparten. Ese es otro elemento muy importante de la inspiración cristiana del Centro en su seguimiento a Jesús de Nazaret. Hay que recordar que después de su bautismo y enfrentadas las tentaciones que lo podían desviar de su misión de realizar en el aquí y en el ahora de la humanidad el Reinado de Dios, sus valores y su justicia, Jesús salió inmediatamente a las orillas del Mar de Galilea a compartir sus sueños. Los sueños pueden surgir en la mente de una persona, pero inmediatamente reclaman la socialización, reclaman compartirse y formar comunidad. Entonces, yo creo que para el futuro, el Centro debe meditar mucho más en la comprensión bíblica y teológica del significado de la vida en comunidad, tanto al interior de la familia que formamos en el Centro como también en la vida de nuestro país. Concebirnos como miembros que somos de este pueblo, con el anhelo de formar, como dijo Martin Luther King, la “comunidad amada”. Puede parecer utópico, pero es una utopía que vale la pena tener delante, aunque se nos aleje.
Esta mañana pensé en lo que había significado para Fidel entregar su sueño, compartirlo como él lo ha compartido y ahora mantenerse, en cierto sentido, un poco al margen de la mediación humana de ese proyecto histórico que es la Revolución cubana. Y recordé que uno de los aportes más significativos del pensamiento de Fidel a la teoría revolucionaria nacional e internacional fue que, aun cuando en muchas ocasiones hablaba de las masas, yo creo que es el primer líder marxista en el poder que hizo del “pueblo” una categoría que no es solamente teórica, sino vivencial. Y esa concepción de pueblo de Fidel lo acerca mucho al pensamiento de Jesús. Compara la definición de pueblo de La historia me absolverá con lo que dice la Biblia: pueblo son las viudas, son los huérfanos, son los extranjeros… Diríamos hoy que son los excluidos, los desempleados, los hambrientos, las personas a las que pueden llegar las bendiciones del internacionalismo. Y ahí se me ocurrió la idea del pecado contra la comunidad: la concepción del pueblo como la comunidad amada y que el pecado contra el pueblo es el pecado contra el espíritu que alienta la vida, o para afirmarlo en términos evangélicos, el soplo del Espíritu Santo.
Entonces, yo creo que esa idealidad de que, como dice la Biblia, no haya desigualdades entre nosotros, que todos y todas seamos como una sola alma y un mismo corazón, esa es la visión que tengo de cómo pudiéramos promover con toda modestia y toda humildad esa idea de la comunidad amada. Y también contextualizar y tratar de comunicar hasta con pasión la idea de que el mundo moral, el universo moral, está de nuestra parte, porque eso nos ayudaría a pensar cuál es el universo moral de este pueblo, y nos llevaría, con Cintio Vitier, al hilo ético que atraviesa toda la historia revolucionaria cubana —desde el primer grito que se dio clamando por justicia y por igualdad en este pueblo, hasta el pensamiento y la obra de Fidel— para proclamar que ese universo moral está con nosotros, está de nuestra parte para realizar todo lo que tenemos que hacer.
Y muy unido a eso está el tema de cómo poner en palabras de secularidad, de la buena secularidad en el espíritu, la idea de una espiritualidad diversa que se une para sustentar la espiritualidad mayor: la espiritualidad de nuestro pueblo como comunidad.
Por último, quiero referirme a la nube de testigos de que habla la Biblia. Cuando el autor de la Carta a los Hebreos se dirige a sus hermanos y hermanas que estaban en la diáspora, dispersos por todo el mundo, sufriendo la persecución de los judíos ortodoxos y del Imperio Romano, les define la fe como sustento de lo que no se ve y evidencia de lo que esperamos. El sustento de la esperanza y el sustento de los sueños a realizar es la fe. Yo no creo que haya nadie que se atreva a decir que esa fe no es necesaria si la concebimos no de manera religiosa o ideológica pura, sino como cubanos y cubanas, como una necesidad de todos y todas. Pablo después comienza a definir todo lo que se hizo en la historia de Israel, todo lo que hicieron hombres y mujeres por la fe, y es asombroso, porque menciona hasta a Rahab, la ramera, quien acogió en su casa por la fe a los exploradores que mandó Josué para ver la tierra prometida y saber cómo poder entrar a ella. Pero el autor de la Carta a los Hebreos, en un momento, dice que esa nube de testigos no ha terminado y que continuará.
Yo creo que cada persona debe tener su pequeña nube de testigos y recordarla diariamente. Y creo que a veces nos falta el pensar y repensar más en la nube de testigos que rodea a este pueblo y que sopla a favor de lo que tenemos por delante.

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NOTAS

1. Clara Rodés (1940-1994), pastora bautista y compañera de Raúl Suárez.
2. Iglesia Bautista Ebenezer de Marianao, sita en 53 y 96.
3. Desde 1996, Consejo de Iglesias de Cuba.
4. Educadora popular brasileña. Antes de su estancia en Cuba (1993-1994) fue coordinadora del Centro de Educación Popular del Instituto Sedes Sapientiae (CEPIS) de Sao Paulo.
5. Rafael Cepeda (1918-2006), pastor presbiteriano. Figura entre los fundadores del ecumenismo cubano contemporáneo y es uno de los grandes estudiosos del pensamiento de José Martí.
6. Educador popular e historiador chileno. Fue coordinador en varias ocasiones de Educación y Comunicación (ECO) de Santiago.

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